viernes, 18 de marzo de 2016

Lecturas. Domingo de Ramos 20 de marzo de 2016



PROCESIÓN DE LAS PALMAS

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 19, 28, 40
En aquel tiempo Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles:
—Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: ¿por qué lo desatáis?, contestadle: el Señor lo necesita.
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban al borrico los dueños les preguntaron:
— ¿Por qué desatáis al borrico?
Ellos contestaron:
—El Señor lo necesita.
Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar. Según iba avanzando la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo:
— ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto.
Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:
—Maestro, reprende a tus discípulos.
Él replicó:
—Os digo, que si éstos callan, gritarán las piedras.
Palabra del Señor


MISA DE LA PASIÓN
PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 50, 4-7
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL
SALMO 21
R.- DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere. R.-
 
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.-
 
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.-
 
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
tenedlo, linaje de Israel. R.-



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble --en el cielo, en la tierra, en el abismo--, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios


ACLAMACIÓN Fil 2, 8,9
Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el “Nombre-sobre-todo nombre.


EVANGELIO
Nota importante.- El presente texto del Evangelio de Lucas puede ser  leído por varios lectores, siguiendo la tradición litúrgica de la escenificación solemne. Así los párrafos iniciados con la cruz (+) corresponden a las palabras pronunciadas por Jesucristo y las lee el sacerdote. Con la ese (S) son otros personajes, también llamados “sinagoga”, y con la ce (C) el cronista.
 
 
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS (22, 14-23, 56)
C. Llegada la hora se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
+ He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios.
C. Y tomando una copa, pronunció la acción gracias y dijo:
+ Tomad esto, repartidlo entre vosotros, porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.
C. Y tomando pan, dio gracias, lo partió y lo dio diciendo:
+ Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.
C. Después de cenar hizo lo mismo con la copa diciendo:
+ Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre que se derrama por vosotros.
Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del Hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de ése que lo entrega!
C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía de ser tenido como el primero. Jesús les dijo:
+ Los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi Reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.
C. Y añadió:
+ Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.
C. Él le contestó:
S. Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.
C. Jesús le replicó:
+ Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.
C. Y dijo a todos:
+ Cuando os envié sin bolsa y sin alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?
C. Contestaron:
S. Nada.
C. Él añadió:
+ Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada, que venda su manto y se compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: “fue contado con los malhechores. Lo que se refiere a mí toca a su fin.
C. Ellos dijeron:
S. Señor, aquí hay dos espadas.
C. Él les contestó:
+ Basta.
C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron sus discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:
+ Orad, para no caer en la tentación.
C. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y arrodillado, oraba diciendo:
+ Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
C. Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como gotas de sangre, Y, levantándose de la oración, fue hasta sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
+ ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.
C. Todavía estaba hablando, cuando aparece la gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los doce. Y se acercó a besar a Jesús, Jesús le dijo:
+ Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:
S. Señor, ¿herimos con la espada?
C. Y uno de ellos hirió al criado del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino diciendo:
+ Dejadlo, basta.
C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:
+ ¿Habéis salido con espadas y palos como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.
C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó entre ellos. Al verlo una criada junto a la lumbre se le quedó mirando y les dijo:
S. También éste estaba con él.
C. Pero él lo negó diciendo:
S. No lo conozco, mujer.
C. Poco después lo vio otro y les dijo:
S. Tú también eres uno de ellos.
C. Pedro replicó:
S. Hombre, no lo soy.
C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:
S. Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.
C. Pedro contestó:
S. Hombre, no sé de qué hablas.
C. Y estaba todavía hablando cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: “Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces”. Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban:
S. Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?
C. Y proferían contra él otros muchos insultos.
Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:
S. Si tú eres el Mesías, dínoslo.
C. Él les contestó:
+ Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto no me vais a responder. Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha de Dios Todopoderoso.
C. Dijeron todos:
S. Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?
C. Él les contestó:
+ Vosotros lo decís, yo lo soy.
C. Ellos dijeron:
S. ¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
C. Se levantó toda la asamblea y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
Y se pusieron a acusarlo diciendo:
S. Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al Cesar, y diciendo que él es el Mesías Rey.
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. ¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Él le contestó:
+ Tú lo dices.
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. No encuentro ninguna culpa en este hombre.
C. Ellos insistían con más fuerza diciendo:
S. Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.
C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verlo hacer un milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. Me habéis traído a este hombre, alegando que alborotaba al pueblo; y resulta que yo le he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaban en masa diciendo:
S. ¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.
C. (A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio). Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. ¡Crucifícale, crucifícale!
C. Él les dijo por tercera vez:
S. Pues ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.
C. Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo conducía, echaron manos de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “desplomaos sobre nosotros” y a las colinas: “sepultadnos”; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Y cuando llegaron al lugar llamado “La Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía:
+ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
C. Y se repartieron sus ropas echándolas a suerte.
El pueblo estaba mirando, las autoridades le hacían muecas diciendo:
S. A otros ha salvado, que se salve a sí mismo; si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
C. Se burlaban también de él los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S. Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
C. Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
C. Y dicho esto, expiró.
El centurión al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo:
S. Realmente, este hombre era justo.
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea y que aguardaba el Reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.
 
 
Palabra del Señor
 
 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Comentario a las lecturas en la Solemnidad de San José esposo de la Virgen María 19 de Marzo de 2016.

El culto a San José se intensificó extraordinariamente, entre los siglos XIV y XV. Y parece que es una consecuencia del enorme peso que tuvo la devoción a la Sagrada Familia en la Edad Media. En siglo XVII se convirtió en fiesta de precepto. En 1870, Pío IX, recientemente beatificado, proclamó a San José patrono de la Iglesia universal. Y fue el Papa Juan XXIII –también beatificado junto a Pío Nono—quien introdujo el nombre de San José en el canon romano.
Estamos, pues, celebrando una fiesta alegre y familiar, auténtico paréntesis, dentro de la sobriedad de la Cuaresma.
San José persona importante en la historia de la Salvación. La iniciativa partió de Dios-Padre, aceptó colaborando, María y se realizó en el tiempo y lugar, gracias y bajo la protección de José, de la tribu de Judá. Grande y anónimo en la Galilea de aquel tiempo. Desconocido también para muchos de hoy. José se convirtió en envoltura protectora, gracias a su ascendiente, el rey David, a quien había escogido Dios.
En nuestra Iglesia hoy san José es:
a).- Patrono de la Iglesia. El Papa Juan XXIII nombró a San José, patrono de la Iglesia. La Iglesia no vive para sí misma, nos han dicho los Papas reiteradamente; la Iglesia vive para el evangelio, para el Reino. Una Iglesia que se preocupara principalmente de servirse a sí misma no sería la Iglesia de Cristo. Por eso, San José es un buen patrono de la Iglesia. Porque el patrono no sólo es custodio y protector, sino que es, sobre todo, modelo de vida y santidad. Todos nosotros somos Iglesia, todos nosotros formamos la Iglesia; por eso, San José es también patrono, es decir, custodio, protector y modelo de cada uno de nosotros. Honremos hoy el patrocinio de San José, haciendo el propósito de vivir para el evangelio, para el Reino, como hizo San José.
b).- Patrono de los seminarios. Es patrono de los seminaristas que, en el seminario, se preparan para el sacerdocio. Hoy queremos que a los seminaristas se les eduque más de servir que de mandar; para que sean como padres y servidores,. En esto, nos ayudara mucho el patrocinio de San José. En este día de su fiesta se lo agradecemos sinceramente.
Las lecturas hoy tienen un carácter mesiánico. En el fragmento del Capítulo Séptimo del Samuel se habla de la profecía de Natán sobre la herencia de David, será el origen del Mesías y el Señor Dios cumplirá su promesa. Los judíos esperaban esa promesa y en tiempos de Jesús presidía los mejores anhelos del pueblo justo. San Pablo, en su Carta a los Romanos, narra a los paganos ya convertidos otra promesa fundamental: la hecha por Dios a Abrahán y que paso de ser un anciano estéril a padre de todos los pueblos.
 
La primera lectura es del segundo Libro de Samuel. (II Sam. 7, 4-5a.12a.16)En ella se nos narra como el  rey David recibe la promesa más preciada que un monarca puede soñar, que su dinastía permanezca para siempre. De ordinario, por no decir siempre, las casa reales sufren los avatares de la Historia y terminan desapareciendo. En cambio la casa de David dura por siempre pues un hijo suyo es el Mesías, el salvador del mundo, Jesús el hijo de María, esposa de San José. El es  el que figura como Padre legal del Jesús, que recibe su condición de hijo de David, según era costumbre entonces, por la vía legal de su padre adoptivo. Por eso en las genealogías de Cristo aparece siempre la figura de San José.
Profundicemos un poco en el texto.
Habiendo narrado el autor el episodio del traslado del arca desde Quiriat Jearim a Jerusalén, añade una noticia muy distante, cronológicamente, de la anterior, pero unida por razón del tema. Lo que en esta sección se refiere tuvo lugar hacia los últimos años de David, cuando la paz interior habíase consolidado y en las fronteras del reino imperaba la paz. Israel había dejado de ser un pueblo seminómada. El rey tenía su palacio; sólo el arca ocupaba un edificio provisional y endeble. Este estado precario del arca no podía prolongarse. De sus preocupaciones hizo confidente al profeta Natán.
Es la primera vez que se menciona este profeta, que tanta influencia ejerció sobre David y que decidió a favor de Salomón su sucesión en el trono. Fue consejero de David, de cuya compañía no se apartó nunca. Pero, aunque amigo del rey, defendía ante todo los derechos de Dios, no vacilando en reprocharle su adulterio con Betsabé. Tan pronto como David manifestó su preocupación a Natán, éste inmediatamente por su cuenta, obrando como hombre privado, los aprobó en conjunto y de manera provisional, difiriendo su confirmación definitiva hasta saber la voluntad divina.
Aquella misma noche tuvo Natán una revelación profética, en la que Dios le manifestaba que no sería David quien le levantara una casa, sino él se la edificaría a David. Como a Abraham (Gen 12:2), le hará famoso en toda la tierra. No rechaza Dios definitivamente el proyecto de la construcción de un templo" pero no será David quien lo edifique, sino su sucesor.
A la generosidad del rey responde Dios con una generosidad divina eficaz, con promesas trascendentales para David. Yahvé hará que su pueblo no lleve en adelante vida seminómada, sino que lo afincará definitivamente en Palestina, donde echará raíces y vivirá en paz y prosperidad, no molestándole, como hicieron antes, los hijos de la iniquidad.
Dios promete a David la continuidad del reino entre sus descendientes. Porque acontecerá que, al cumplirse los años de su peregrinación sobre la tierra y baje al sepulcro para descansar allí junto a sus padres, suscitará Dios de él su posteridad (zera: simiente), que saldrá de sus entrañas y afirmará su reino. "El edificará la casa a mi nombre y yo, añade Dios, estableceré por siempre el trono de su reino."
La perspectiva profética, pues, rebasa la persona concreta de Salomón. Entre líneas cabe vislumbrar en el texto un descendiente de David en el que se realizarán todos los matices y pormenores contenidos en el oráculo. De ahí que gran número de exegetas admitan el carácter mesiánico de la profecía, discrepando en señalar la manera como se refiere a la persona del Mesías. Este oráculo constituye el primer anillo de la cadena de profecías que anuncian un Mesías hijo de David. A este texto alude Isaías (9:6) al hablar del nacimiento de un niño "para dilatar el imperio y para asegurar una paz ilimitada sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y la justicia desde ahora para siempre jamás. El Mesías será hijo de David y su reino será eterno: he aquí el sentido pleno que late bajo el sentido obvio de las palabras
 
El responsorial  es el SALMO 88 (Sal 88,2-5.27.29) en la estrofa repetida afirmamos que el linaje de Dios es eterno ” SU LINAJE SERÁ PERPETUO”
 El Salmo 88 canta las misericordias del Señor eternamente y repite la promesa bajo juramento hecha a David de fundarle una dinastía perpetua y edificarle un trono que dure por todas las edades.
El Señor nunca olvida sus promesas. Lo que Dios promete lo mantiene con su ayuda tal como nos lo describen las estrofas del salmo.
 
La segunda lectura es de la Carta a los romanos ( Rom 4,13.16-18.22) En ella San Pablo recuerda la figura del Patriarca Abrahán y evoca el Antiguo Testamento para comprobar que en la vida de Jesús se realizan por transposición y elevación muchas de las realidades narradas por los viejos hagiógrafos.
También a Abrahán se le promete un hijo. Más aún, se le dice que será padre de muchos pueblos. Pablo reflexiona sobre la figura de Abrahán y alaba su fe, porque creyó en Dios contra toda esperanza: padre de Isaac, el hijo de la promesa, estuvo sin embargo dispuesto a sacrificarlo.
 En nuestro caso se refiere a la fe de Abrahán y a la promesa recibida respecto a su descendencia futura, numerosa como las estrellas de cielo, a pesar de la incredulidad y esterilidad de Sara. Su fe le justificó a los ojos de Dios. Esa fe le llevó a esperar contra toda esperanza, a estar seguro de que sería posible lo anunciado por el Señor, a pesar de la risa lógica de Sara, vieja ya y estéril desde su juventud. Es cierto que Abrahán sólo pudo tener un hijo de Sara, Isaac, y otro de la esclava Agar, Ismael. Pero de ellos nacerían dos pueblos numerosos. Y, sobre todo, estamos lo que por la fe en Cristo somos hijos de Abrahán, cuantos como él hemos creído en la promesa de Dios.
 
El evangelio de San Mateo (Mt 1,16.18-21.24) De entre los innumerables descendientes de Abrahán, de la copiosa estirpe de David, José fue el elegido por Dios para la más alta misión en la historia de la salvación, desposar a la madre de Jesús y hacer en la tierra las veces de padre del Hijo de Dios. No ambicionaba José tal dignidad. Así nos lo confirma el relato evangélico, que hemos  escuchado este día. Sus recelos en recibir a María, que se hallaba encinta por obra del  Espíritu Santo, no tienen nada que ver con sospechas respecto de la fidelidad de María, sino con su amor a la justicia, que le hacía considerarse indigno de acceder al misterio de la gracia de Dios. Quiso retirarse discretamente, pensando que aquello era cosa de Dios y no  asunto suyo.
Pero el Señor le había elegido. Y José, tan pronto como el ángel le aclaró la situación y le invitó a participar en el designio de Dios, obedeció incondicionalmente. Desde ese instante José asumirá su misión de esposo de María, la madre, y padre del hijo de María e Hijo de Dios. Al servicio de María, a entera disposición de Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, dedicará toda su vida. Y nada más sabemos de la vida de José, sino esta absoluta consagración al niño y a la madre. Por ellos trabajará en Nazaret hasta el nacimiento del hijo. Por ellos y con ellos peregrinará a Belén, para que se cumpla la promesa de Dios. Por ellos se desplazará a Egipto, para ponerlos a salvo de la persecución. Por ellos regresará, obediente a la voz de Dios, a Nazaret. Y con ellos vivirá, compartiendo sus penas y alegrías, hasta que le llegue la hora de rendir cuentas como padre al Padre.
 
Para nuestra vida.
San José, a tono con la Cuaresma, nos transmite sobriedad y profundidad, sencillez y silencio, oración y austeridad.
El Papa Benedicto XVI, un 18 de diciembre de 2005, llegó a decir “dejémonos invadir por el silencio de San José”. Estamos tan acostumbrados a vivir asediados por el ruido que, aunque nos parezca mentira, nos resultaría imposible ya vivir sin él. Pero ¿qué ocurre? El ruido nos impide escuchar o percibir las grandes verdades de la vida; el paso de Dios por las calles en las que caminamos; el soplo del Espíritu que habla suavemente en toda persona que desee vivir como Dios manda. Al festejar a San José, y junto con Él su silencio, llegamos a la conclusión de que su disponibilidad y obediencia o la ausencia de sus palabras en el Evangelio es, todo ello, un gran tesoro para nuestra Iglesia.
-Nos enseña San José a ser grandes desde la pequeñez (como María).
-Nos invita San José a confiar en el Creador aunque aparentemente las cosas nos vayan en contra.
-Nos induce San José a ponernos en camino apoyados en el cayado de la esperanza.
Es un modelo de sencillez y de humildad, porque "sabe estar". Supo estar en su lugar, aunque no le resultara nada fácil. Sabe ser el prometido de María; sabe ser el padre nutricio del Hijo de Dios; sabe estar de manera callada y sencilla; esto algo que más admiramos de san José. Él vivió al lado de María, la Virgen y con Ella supo afrontar las pruebas, los sufrimientos y las dificultades de la vida. Dios le confía los primeros misterios de la salvación, los misterios de la nueva alianza. San José es el único patriarca del nuevo testamento; a este gran patriarca Dios le confía los primeros misterios; le confía la custodia de su Hijo.
 
En el libro de Samuel otorga a David un puesto de privilegio, dado que en su descendencia estaba vaticinado que surgiría el Salvador de Israel.
En el acontecimiento que narra el texto sagrado, el rey David, conquistador de la ciudad santa, Jerusalén, y señor de los reinos del Norte y del Sur, Israel-Judá, quiere agradecer a Yhavé sus dones dedicándole con especial amor un templo digno y noble en el corazón de la ciudad santa.
Su deseo era bueno, pero no conseguirá dar alcance a tamaña obra, construir el templo. Será su hijo Salomón quien logrará realizarla.
¡Pero qué bien valoró Dios los nobles propósitos de David!
Nosotros, a su imagen, en nuestra más profunda intimidad hoy, ¿qué lugar dejamos a los planes de Dios?.
 
El salmo nos recuerda que lo que Dios nos da jamás nos lo retira. Nosotros podemos disminuir el don de Dios o perderlo a causa de nuestras rebeldías a Él. Sin embargo Dios se manifestará con nosotros siempre como un Dios lleno de misericordia. Por eso procuremos no sólo llamarnos hijos de Dios, sino serlo en verdad. Que Él nos fortalezca con la presencia de su Espíritu Santo, de tal forma que, aceptando en nosotros el amor de Dios, seamos en verdad un signo de Él en el mundo hasta que, consolidados en la Verdad alcancemos en nosotros el cumplimiento de las promesas divinas: ser, en Cristo, hijos de Dios eternamente.
 
El evangelio de hoy  nos invita a contemplar a San José practicando algo  que es fácil es decir y  difícil vivir: la vida anónima, discreta y silenciosa. . Tendemos a constituirnos en el centro de cuanto nos rodea, nos molesta el más mínimo menosprecio, somos hipersensibles a los agravios comparativos. El evangelio hoy nos invita a descubrir el valor manifiesto de vivir oculto.
 
Sólo desde el silencio, con el silencio y en el silencio podremos llegar a comprender, vivir y sentir la presencia del Señor tal y cómo José la abrigó en propias carnes. Su silencio, el silencio de San José, es para nosotros  modelo, de nuestra  respuesta de fe.
 
Rafael Pla Calatayud.
rafael@sacravirginitas.org
 

Lecturas. Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María . 19 de Marzo de 2016



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL 7, 4-5a.12a.16
En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
--Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Él construirá una casa para mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mi hijo. Tu casa y tu reino durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre”.
 
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL
SALMO 88
R.- SU LINAJE SERÁ PERPETUO
 
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.-
 
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades." R.-
 
Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora."
Le mantendré eternamente a mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 4,13.16-18.22
Hermanos:
No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos
nosotros. Así, dice la Escritura:
-- Te hago padre de muchos pueblos.
Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se había dicho:
-- Así será tu descendencia.
Por lo cual le valió la justificación.
 
Palabra de Dios
 
 
ACLAMACIÓN Sal 83, 5
Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándose siempre

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 1, 16.18-21.24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo, José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mando el ángel del Señor.
 
 
Palabra del Señor