martes, 4 de agosto de 2015

Comentarios a las Lecturas del XIX Domingo del Tiempo Ordinario 9 de agosto de 2015.

En la primera lectura se nos sitúa ante un profeta Elías sediento y hambriento (1 Reyes 19, 4-8).Después de un día de camino huyendo por un desierto inhóspito y seco, Elías se encuentra hambriento, desfallecido y desconsolado, hasta el punto que le pide a Dios que le quite la vida. Pero el ángel del Señor viene en su ayuda, dándole pan y agua. Elías, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días hasta el monte Horeb, el monte del Señor.¡Levántate, come! Elías se levantó, comió y bebió y, con la fuerza de aquel

alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios.
Después de haber demostrado la falsedad de los sacerdotes de Baal, Elías huye por temor a la reacción de la reina extranjera Jezabel. Elías está al borde de la desesperación. No vale la pena seguir luchando. El poder del rey, manejado por una mujer ambiciosa y desaprensiva, es más fuerte que él: su vida está en peligro. Pero en la lucha entre su fe en Dios y el miedo al rey, vence la fe. Dios sostiene a su profeta. Parece que Elías huye, pero esta huida es algo más, es también una peregrinación, un éxodo. Este hombre, que representa lo mejor de Israel, abandona la nueva esclavitud de los baales y sale en busca del Dios que en otro tiempo liberó a su pueblo de la esclavitud de los faraones. Ahora, como entonces, se repetirán las maravillas del éxodo: el pan que sustentará a Elías en su peregrinación, "de cuarenta días, hasta el monte santo...", recuerda el maná, aunque sólo es el anticipo del "verdadero pan bajado del cielo".

Tanto en las lecturas de este domingo 19 del Tiempo Ordinario, como en del próximo, el vigésimo, se incluye la lectura del referido Salmo 33 (Sl 33, 2-3, 4-5, 6-7, 8-9)
GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR.
La segunda parte del Salmo 33 la tendremos en la misa del domingo siguiente. El salmo 33 es un texto prodigioso, de máxima actualidad y que puede servir como receta para nuestra oración diaria. El Salmo 33 debe ser leído con mucha atención.
Dice. "Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias". Los versos del Salmo son como una narración personal. La angustia está siempre muy presente en los humanos. Y ese mal nos hace vivir peor.
El Salmo 33 parece una obra moderna, como si hubiera sido escrito a la medida de nuestra época plena de estrés y sobrado de angustias.
No cabe la menor duda que los Salmos son las piezas oracionales de gran importancia, dentro de lo que nos ofrecen las Sagradas Escrituras. Su lectura nos inicia en un tiempo de plegaria de enorme fuerza. No es pues casualidad que la Liturgia de las Horas –la fórmula de la Iglesia para rezar a Dios cinco veces al día—utilice los salmos como ingredientes principales. Por otro lado, los salmos son de una perspicacia social y psicológica muy notables. Se adaptan a nuestros problemas concretos, en un momento dado nos parece que alguien nos lo ha escrito a la medida, a pesar de han sido redactados hacia varios miles de años.


En la segunda lectura de Efesios (Ef 4, 30-5,2) sorprenden las palabras del Apóstol. "Hermanos: no pongáis tristes el Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final" (Ef 4, 30).
Hoy San Pablo nos dice que no pongamos triste al Espíritu Santo, que no pongamos triste a Dios... Misterio hondo este de que el hombre pueda entristecer a Dios. Pero ahí están esas palabras que contienen la verdad. Por otro lado no es difícil imaginar que, si Dios nos ama ilimitadamente, su corazón se llene de pena al ver lo mal que correspondemos a su amor. Dios triste, Dios llorando. He visto llorar a Dios, decía una canción. Lágrimas de Dios porque sus hijos no correspondemos a sus desvelos, lágrimas de Padre que ve cómo sus hijos le vuelven la espalda y se pelean entre sí. Misterio y realidad, tristeza de Dios.
Se utiliza un lenguaje antropomórfico, ya que sólo aplicándole nuestras categorías mentales podemos entender algo. Es verdad que ese lenguaje aplicado a Dios será siempre analógico, aproximado. Y es que Dios no es sólo aquello que nos dice la Biblia, es eso y muchísimo más, infinitamente más.

Seguimos contemplando el pasaje evangélico que San Juan recoge en el capítulo sexto de su Evangelio (Jn 6,41-51). Fue un acontecimiento que suscitó polémica, y también una ocasión para que Jesús expusiera una doctrina tan importante como la referente a la Sagrada Eucaristía. Sus vecinos de Nazaret veían a Jesús como un vecino más del pueblo. Habían oído que había hecho milagros en Cafarnaúm, pero eso de que había bajado del cielo y de que era un pan vivo que el que lo coma vivirá para siempre, eso ya les parecía demasiado. ¿No es este el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
Sus palabras son claras, expresión meridiana de la realidad inefable que constituye el sacramento de la Eucaristía. Su carne es verdadera comida, alimento espiritual que transmite la vida eterna y alienta en cierto modo la vida terrena del hombre. Pan vivo bajado del Cielo que, más aún que el maná, fortalecerá a quienes caminamos por este desierto que es la vida misma. Pero aquellos hombres, lo mismo que ocurre hoy con tantos otros, no entendieron a Jesús; o, mejor dicho, no quisieron comprenderle. Le criticaron abiertamente y le abandonaron. Este momento, después de los discursos de Cafarnaún, fue uno de los más decisivos en la vida de Jesús. A punto estuvo de quedarse solo, abandonado incluso de los más íntimos. Sólo Pedro, siendo el portavoz de los demás apóstoles, hizo un acto de fe al exclamar: ¿a quién vamos a ir, si tú tienes palabras de vida eterna?

Para nuestra vida

San Pablo exhorta a unas actitudes muy concretas y practicas. "Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como oblación y víctima de suave olor". Así Dios cambiará las lágrimas por una sonrisa. Sí, sonreirá al vernos sin amargura en el alma, sin ira en el corazón, sin enfado en los gestos, sin insultos en la boca, sin malicia en los ojos...Todos sonreiremos entonces, y todos dejaremos de llorar. Imitadores de Dios, hijos queridos, hermanos bienaventurados que se ayudan y se quieren mutuamente. Una vida hecha de espíritu de entrega y de servicio, un paraíso en la tierra...No pongáis triste al Espíritu Santo, y tampoco vosotros estaréis tristes. Alegrad con vuestra vida el corazón de Dios y también vosotros os llenaréis de paz y de gozo. No tenemos hambre
La oferta de ayuda del Señor que hoy hemos recordado en el Salmo 33 queda muy clara en el ofrecimiento del Señor Jesús de su Carne y de su Cuerpo. La Iglesia tiene muchos testimonios –a lo largo de los siglos—de que la Eucaristía influye indeleblemente en hombres y mujeres para ayudarlos y sacarlos de sus dolencias. “Cuando uno grita, el Señor les escucha y lo libra de sus angustias” Esa es mi juicio la invocación más segura. Uno, en el seno de su desesperación grita en ayuda del Señor y este acude de inmediato. El grito ha de ser sincero, no plañidero. Fuerte, inequívoco. Hay en el Salmo algunos versículos de parecida intención y contenido. “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias”. Se trata de una frase muy parecida, que aparece casi al principio. Y también: “El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos”. Y es que en la tribulación el único consuelo verdadero y eficaz es Dios. “Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella”. Cambia de “argumento” el salmo y nos enseña el mal camino de la mentira. ¿Nos damos cuenta que en estos tiempos muchas conductas están basadas solo en la mentira y en la simulación? Pues así es. Y esas mentiras no solo son ofrecidas a los demás. Lo peor es mentirse a uno mismo y falsear nuestra propia conciencia. También es muy llamativo lo siguiente: “¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?”. Todos deseamos eso, pues también podemos pedírselo al Señor.
La lectura atenta del fragmento de la Carta de San Pablo a los Efesios es un parte y un todo de los mensajes que hoy nos trae la liturgia de esta eucaristia del domingo 19 del Tiempo Ordinario. Y es que, sin duda, los sentimientos de Elías serían parecidos a los que describe Pablo de Tarso: amargura, ira, enfados, insultos y todos los ejemplos de la maldad. Hemos de reflexionar con calma en ese camino de curación –de consuelo—que nos ofrece siempre esta mesa del Pan y de la Palabra que es la Eucaristía. No dejemos pasar la ocasión de ser más felices. Hoy y siempre Jesús nos ayuda con su amor.
El Evangelio de Juan que hemos escuchado hoy contiene esa revelación sorprendente de Jesús de Nazaret. Él es pan bajado del cielo y el que come ese pan vivirá para siempre. Ciertamente, el pan del cielo es vehículo y viático para el mundo futuro, para la eternidad, pero, igualmente, es remedio seguro para las azarosas jornadas de nuestra vida presente.
Si nos fijamos en el evangelio también para nosotros, a los que leemos diariamente el evangelio, puede pasarnos algo parecido que les ocurrió a los contemporáneos de Jesús, aunque en distinto sentido, claro. Podemos quedarnos en el Jesús histórico, el que hizo milagros, el que ayudó a los pobres, el que criticó duramente a las autoridades de su tiempo, el que perdonó a la mujer pecadora, y todo lo demás. Pero si nos quedamos en el Jesús histórico y no damos el paso al Jesús teológico no habremos comprendido en toda su riqueza al verdadero Jesús de Nazaret, tal como nos lo propone san Juan en su evangelio. Porque comprender al Jesús teológico y creer en él con todas las consecuencias es vivir en comunión con él. Y sólo si vivimos en comunión espiritual con Jesús podrá convertirse para nosotros en pan de vida. Cuando comemos físicamente el cuerpo sacramentado de Cristo en la eucaristía debemos comulgar mística y espiritualmente con él. Porque si no vivimos mística y espiritualmente con Cristo, realmente no acabamos de comulgar con él con todas las consecuencias. Más de una vez, deberemos dejar a un lado la vida histórica de Cristo para verle exclusivamente como pan de vida para nosotros. Si creemos en él como pan de vida y vivimos en comunión con el Cristo teológico, realmente podremos decir de alguna manera que participamos de la vida divina de Cristo.
Las mismas críticas de entonces, de una u otra forma, se repiten en cierto modo a lo largo de los tiempos. Hoy también surge la incomprensión y la incredulidad, la actitud crítica ante las exigencias de la fe que tratan de obstaculizar la marcha del Reino de Dios. Sin embargo, el daño que causen será siempre periférico, por muy hondo que pueda parecer. Siempre quedará un pequeño resto tan encendido y vibrante, que consiga mantener el fuego sagrado y hacerlo prender una y otra vez en el mundo entero. Dios está empeñado en que la salvación se lleve a cabo. Él sigue tocando el corazón de los hombres, atrayéndolos de forma irresistible. La gracia divina actúa de forma dinámica y moviliza de mil maneras el corazón humano. Podrá parecer en ocasiones que Dios está ausente, pero no es verdad. Él está cerca de nosotros, atento a nuestras necesidades, pronto a socorrernos a pesar de no merecerlo. Dios Padre nos habla a cada uno, y de cada uno espera una respuesta que nos lleve a vivir siempre muy próximo a Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna.
Jesús únicamente pide fe en Él.
La fe llega a su perfección cuando es fe en Dios, que se revela en su enviado Jesucristo. El que cree alcanza vida; pues, aunque todos puedan escuchar a Dios, solamente lo ha visto aquel que viene de Dios. Y éste es Jesús, el testigo y la misma Palabra de Dios hecha carne: la plenitud de la revelación, que hace posible la plenitud de la fe. Los que creen así alcanzan vida eterna. Jesús, El mismo y no otra cosa, se presenta como "el pan de la vida". En cada una de sus palabras y de sus obras Jesús se da y se comunica a todos los que creen en él, y éstos reciben a Jesús y no sólo las palabras de Jesús. El "pan de vida", el que "ha bajado del cielo", es la misma realidad de Jesús, su propia carne y una carne que se entrega para la vida del mundo. Si escuchar a Jesús es ya recibir a Jesús y no sólo sus palabras, recibir el cuerpo de Jesús ha de ser también escucharle con fe.
El sacramento es una palabra visible, un signo. Comulgar es recibir el cuerpo de Cristo "que se entrega por la vida del mundo"; por lo tanto, es incorporarse personalmente a Cristo y enrolarse en su misión salvadora y en su sacrificio. La Eucaristía fue instituida "la noche antes de padecer" para que los discípulos quedaran comprometidos en la misma entrega que Jesucristo, que se iba a realizar definitivamente al día siguiente. El que comulga debe saber que siempre se halla en esta situación: "antes de padecer" y que recibe "el cuerpo que se entrega para la vida del mundo". Comulgar no es sólo comer, es creer, y esto significa comprometerse.
Sólo desde una convicción, nuestra fe profunda en Jesús, podremos llevar adelante nuestra misión de bautizados. Romper nuestros vínculos con Él, alejarnos de los sacramentos (que son gracia) no hace sino ahondar nuestro desconocimiento de su persona y convertir nuestros actos en simples momentos de altruismo sin relevancia divina alguna y con un alto riesgo de cansancio. No olvidemos que, el pan de la eucaristía, nos fortalece y nos empuja. Es el sucedáneo que nos ofrecen otros dioses lo que nos paraliza y nos hastía. Por eso, que mucha gente encuentre en el sano altruismo, en la entrega generosa hacia los
Ser cristiano, más en los tiempos en los que nos encontramos, conlleva una lucha sin cuartel Un estar constantemente planteándonos si merece la pena o no ir de la mano de Jesús. ¿Lo más fácil? Soltarla. ¿Lo más meritorio? Perseverar en esa amistad. Jesús no nos da “gato por liebre”.

Rafael Pla Calatayud
rafael@sacravirginitas.org

Comentarios a las lecturas del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario 2 de agosto de 2015

En la primera lectura del libro del Éxodo ( Ex 16, 2-4,12-15), vemos que el pueblo que salió de la esclavitud de Egipto empieza ahora a cansarse de la libertad, ahora que tropieza con las primeras dificultades. Este pueblo tiene hambre y el hambre es mala consejera.
Las narraciones épicas el Éxodo no esconden la realidad de que el camino hacia la conquista de la libertad y la entrada en la tierra prometida es largo y dificultoso. Forma parte de la historia de la salvación. La aceptación del plan de Dios conllevó mucha oposición. En realidad no era fácil la tarea. Pero la libertad tiene siempre un precio.

En medio del pueblo se levanta la sospecha, la crítica y la murmuración contra Moisés y Aarón: "Nos habéis sacado a este desierto para matarnos de hambre...". La murmuración de este pueblo hambriento alcanza también al mismo Dios y no sólo a sus representantes. Es Dios el que responde a las quejas de Israel; el mismo que lo sacó de
Egipto es ahora el que sacará de apuros en el desierto, enviando el "pan del cielo" o "maná". Se trata de una especie de gotitas, como el rocío, que se forman en las hojas del tamarisco, producidas por la secreción de unas cochinillas, y caen después y se endurecen a causa del frío de la noche. Pero los israelitas, que no conocían el maná, se llenaron de asombro al encontrarlo, y vieron en él un alimento providencial. Se preguntaron: "¿Qué es esto?". Lo llamaron, en consecuencia, "maná", esto, según la etimología popular que recoge la Biblia. El carácter milagroso de este fenómeno, de suyo natural, depende sobre todo de las circunstancias en que se hallaban los israelitas. No cabe duda que para ellos se trató de un alimento providencial. La providencia de Dios actúa valiéndose de las cosas naturales.
Dios sabe muy bien a donde quiere conducir a su pueblo y para qué. Por eso su proyecto se realizará en contra de todas las oposiciones. Aunque el relato recuerda cómo Dios condesciende una y otra vez ante la rudeza de su pueblo. Dios no impone, sino más bien exhorta, amonesta, solicita. Quiere y espera del hombre una respuesta libre y amorosa. Más tarde se hizo del desierto un lugar preferido porque en él se experimentó la cercanía de Dios y en él se estipuló la Alianza. Por eso el signo del maná es presentado por el autor del Libro del Éxodo como una prueba. Dios quiere de su pueblo algo mucho más importante, como es el establecer con él una alianza definitiva (tema de los capítulos 19 y siguientes). Pero todo esto lleva un riesgo que el pueblo no está dispuesto a aceptar. Tiene una visión demasiado concreta y materialista de la vida. Entender la fe como encuentro personal con el Dios providente y solícito no era tarea fácil. El camino de la fe está sembrado de pruebas y debates. Es necesario abrirse totalmente al Dios que sólo busca, en su encuentro con el hombre, humanizar y abrir caminos de esperanza para el hombre mismo.

Hoy en el Salmo ( Sl 27, 3-4,23-24,25.54 ), recordamos y actualizamos la obra portentosa de Dios, que nos recuerdan las lecturas.
El Señor les dio pan del cielo.
Cuanto hemos escuchado y conocemos del poder del Señor y de su gloria, cuanto nos han narrado nuestros padres, nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto que abrieran las compuertas de los cielos; hizo llover maná sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento.
El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles; Dios le dio de comer en abundancia y luego los condujo hasta la tierra y el monte que su diestra conquistara.
El Señor les dio pan del cielo.

En la segunda lectura ( Ef 4, 17,20-24 ) el Apóstol nos invita a reconsiderar nuestra conducta
"Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos de placer, a renovaros en la mente y el espíritu" (Ef 4, 21).. Comencemos por recordar que Jesús nos ha enseñado el camino que hemos de recorrer los cristianos, nos ha mostrado cuál ha de ser la manera de vivir honestamente. Sus palabras han perdurado a través de los siglos, han atravesado el espacio y el tiempo hasta llegar a cada uno de nosotros. Hoy, difícilmente hay un cristiano que no sepa qué es eso de vivir según el mensaje y la doctrina de Cristo.
Sin embargo, puede ocurrir que no lo pongamos en práctica, o que expresemos con claridad y en cada momento lo que supone ser cristiano. Pero, en el fondo, hay un sentimiento que mueve a comportarse correctamente, quizá de forma casi imperceptible... Lo malo es que muchas veces ese sentimiento, esa intuición, esa voz de nuestra conciencia la ahogamos con otros sentimientos e inclinaciones. Y en lugar de dar paso al hombre nuevo hecho según Dios, dejamos que se manifieste el hombre viejo y corrompido por las pasiones y el egoísmo.
"Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas" (Ef 4, 24). Nos sigue diciendo el Apóstol y nos habla de una y estaba recién creado por el divino artífice. De alguna forma esa imagen nueva es infinitamente más perfecta que aquella imagen de la primera pareja, hecha por Dios. Nueva condición más próxima, en el parecido, al modelo inmensamente perfecto que es Dios; condición nueva del hombre justo y santo de verdad... Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, dejad que su poder os trascienda, dejad que Dios actúe en vuestras vidas, dejad que su bondad os inunde, dejad las manos libres a Dios. Él sólo pide, para actuar en nosotros, que le secundemos con nuestro sí incondicional, con nuestro pobre esfuerzo, con la pequeña renuncia de cada momento. Y si dejamos el paso libre a Dios, el hombre viejo y podrido se oscurecerá, para que resurja el hombre nuevo, creado a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas.

Hoy en el Evangelio tomado de San Juan ( 6:24-35
) seguimos leyendo el capítulo 6 cuyo tema general insiste en Jesús como el verdadero Pan vivificante. El trasfondo de la discusión que se entabla entre Jesús y los judíos es el maná de que habla la primera lectura. Esta primera parte del discurso entiende y desarrolla el tema de que Jesús es el Pan vivificante como Sabiduría y Palabra de Dios que se recibe mediante una adhesión personal.
Jesús no esconde la importancia que tiene la comida y quien la da. Dice, no exento de dureza argumental, que le han buscado porque asistieron a la entrega de pan, delicioso y gratis, y con él quedaron saciados. Sin duda, es como un adelanto de una vida feliz. Recostada la multitud sobre la hierba, en tiempo fresco, en el que el sol ardiente de Palestina no molestaba, comiendo sin parar y escuchando la Palabra de Jesús. ¿No es, casi, legítimo que intentaran repetir la escena muchas veces y así construir una vida de tranquilidad, ocio y paz? Sí, claro, pero Jesús les dio de comer el día de la multiplicación por un hecho real y contingente. No es que pretendiera embaucar con su poder, simplemente quiso alimentarles porque después de mucho tiempo de seguirle podrían caer de hambre y de cansancio.

El diálogo de Jesús con los que quieren otra vez el pan prodigioso demuestra una gran desconfianza ante el propio milagro de la multiplicación. No le encuentran sentido espiritual alguno, y sólo lo ven como un subsidio, como un seguro de desempleo, que permite vivir sin trabajar, aunque esté justificado. Y de ahí que se inicie ese otro planteamiento en el que el Rabí de Galilea les promete una vida completa. “El que viene a mí –dice el Señor—no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed”. Pero ellos muy pegados a lo material no saben ver ese otro mensaje de altura.

¿Quién es el autentico artífice de las obras de salvación?.

“Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo”,

Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Acaban de recordar los interlocutores que los padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. La respuesta de Jesús es presentada por el evangelista Juan en la forma de un midrás. es decir, una interpretación actualizante de la Escritura con aplicación al momento actual. Es conveniente transcribir el midrás completo para saborear su sentido, ya que en el texto actual está partido por un nuevo redactor que revisó el evangelio joánico. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús les replicó: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo... Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivificante que ha bajado del cielo (vv. 31-33.48-51) Observemos la fuerza de la argumentación de Jesús: Moisés no os dio pan del cielo, es el Padre el que da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que da la vida al mundo. Obsérvese el tiempo de los verbos: cuando habla de Moisés se afirma “no dio” y cuando se habla del Padre “da” (ahora) en Jesús el “verdadero” pan del cielo. La continuación lógica de este texto está en los versículos 49-51 (continuación lógica del midrás): los padres comieron el maná pero murieron; el que come del pan ofrecido por Jesús, que es él mismo, vivirá para siempre. Está en juego el don más preciado del hombre que es la vida. El signo distintivo es la vida para siempre. Del cielo no puede bajar la muerte, porque en el cielo no hay muerte. Del cielo sólo baja la vida, porque en el cielo solo hay vida. Por tanto, sólo Jesús ha bajado del cielo porque El aporta la vida al mundo. El maná era sólo una imagen, una prefiguración, pero no procedía del cielo. Jesús-maná sí aporta la vida. Y lo hace en virtud de su cualidad de Sabiduría del Padre tal como aparece en la expresión genuinamente sapiencial “el que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed”. Jesús-Sabiduría del Padre es la respuesta a los anhelos más profundos del hombre en su proyecto de vida.


Para nuestra vida
En el libro del Éxodo se nos dice que los judíos, cuando estaban en el desierto, murmuraban contra Moisés y Aarón porque pasaban hambre y sed. Se acordaban de las ollas de carne que comían cuando eran esclavos en Egipto. Algo parecido puede pasarnos también a nosotros ante las dificultades que tenemos que sufrir muchas veces en el presente. Fácilmente tendemos a pensar, con el poeta, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero esto muchas veces no es verdad; lo que debemos hacer es afrontar con valentía y resolución las dificultades del momento, porque cada tiempo tiene su afán propio y con quejarnos no arreglamos los problemas.

Durante la peregrinación por el desierto, Dios Padre les socorre con un alimento prodigioso, desconocido, que nunca ha vuelto a repetirse, y sobre el cual los estudiosos han hecho muchas conjeturas sobre su origen y composición. Tanto da. La cuestión es que el poder de Dios Padre da comer a su pueblo hambriento. Y ello es, igualmente, parecido, cuando Moisés, apaleando una roca, obtiene agua. Ya podemos nosotros “hinchar” a palos a un pedrusco de esos de granito que abundan en la sierra de Madrid que no sacaremos nada, salva romper el palo y hasta nuestra muñeca. Lo del maná es un bello antecedente para el discurso de Cristo de hoy, pero realmente el prodigio, total y enorme, es que el mismo Dios se quede en el pan para acompañarnos durante toda nuestra vida.

Jesús habló para nosotros. Porque, obviamente, nosotros sí sabemos de qué habla Jesús, aunque, aun entendiéndole, no le hagamos caso. Hemos de reflexionar, con toda el alma, sobre la Eucaristía, sobre la Comunión, sobre el alimento de altura que todos los días está a nuestra disposición en la Santa Misa. No podemos buscar a Jesús para ser importantes dentro de la Iglesia, o para que nos vean. Hemos de buscar el alimento que nos transforma y nos mantiene. Sería una gran práctica de oración y de piedad que copiáramos las frases que Jesús dice a sus interlocutores de hace más de dos mil años y las repitiéramos como antecedente y consecuente de nuestro momento de Comunión.

Y Pablo de Tarso acierta del todo cuando dice en su Carta a los Efesios que nos renovemos por el Espíritu de Jesús y que nos transformemos dentro de una nueva condición humana, a imagen de Dios. La Eucaristía nos ayuda a ello. Es una primicia de eternidad. Es la Comunión –la común unión—con Cristo. Es camino seguro de vida eterna. Por eso os decía que debemos meditar hoy sobre el Sacramento del Altar, dedicarle todo el tiempo que hayamos previsto para nuestra oración cotidiana. Sinceramente, merece la pena, porque es el Pan de nuestra Libertad.

Para nosotros el presente es muy importante. Toda la vida es paso, tránsito, desierto, y debemos pensar que el momento presente es siempre el más importante para nosotros. La vida es una sucesión ininterrumpida de momentos presentes. Debemos confiar en que Dios nos va a dar en cada momento lo que más nos conviene. Hoy las lecturas nos presentan la vida como una realidad global, donde se conjuga la importancia de lo material y lo espiritual.

Las gentes y los discípulos buscan a Jesús. El Señor se dirige en el fragmento de hoy a estos que le buscan. Me buscáis porque os he dado comida, les comenta. Y no se corrige. Añade: lo importante no es digerir alimentos, que satisfacen un rato, se expulsan subproductos posteriormente. Comida que con seguridad se acabarán. Lo primordial es encontrar nutrición que perdura, que conduce a la vida eterna.

Los discípulos comprenden que el Maestro se ha situado en otra dimensión y sinceramente le preguntan ¿Cómo debemos obrar para conseguirlo? Lo primero es confiar en Él. ¿Y qué prueba les da, para que en Él confíen? Acude a una razón que, como judíos, tienen presente en su mente. Sus ancestros recibieron el maná, bajado del cielo, eso creían ellos. Del Cielo viene el verdadero pan, les dice, el que más que alimentar el estómago da vida eterna.

Aunque algunas veces nos resulte difícil entenderlo.

Concluimos con estas preguntas personales.

- ¿Es capaz nuestra fe de descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra existencia?.

- Nuestro corazón busca la felicidad pero ¿dónde solemos hacerlo: en las migajas pasajeras que ofrece el mundo o en el pan de vida eterna?.

- ¿Soy de los que buscan más el pan material que el pan que lleva a la eternidad?


Rafael Pla Calatayud

rafael@sacravirginitas.org


lunes, 3 de agosto de 2015

Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario 30 de agosto de 2015



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO 4, 1-2.6-8
Moisés habló al pueblo diciendo:
-- Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entrareis a tomar posesión de la tierra que el Señor Dios de vuestros padres os va a dar. Estos mandatos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente." Y, en efecto, ¿hay
alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta Ley que hoy os doy?
Palabra de Dios




SALMO RESPONSORIAL
SALMO 14
R.- SEÑOR, ¿QUIÉN PUEDE HOSPEDARSE EN TU TIENDA?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones legales
y no calumnia con su lengua. R.-

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R.-

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SANTIAGO 1, 17-18.21b.22-27
Mis queridos hermanos:
Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa, con la Palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la Palabra que ha sido planteada y es capaz de salvarnos. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.
Palabra de Dios

ALELUYA Sant. 1, 17-18
El Padre por propia iniciativa, nos engendró con la Palabra de la verdad, para que seamos como las primicias de sus criaturas.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 7,1-8,14-15.21-23
En aquel tiempo se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos). (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen si lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús:
-- ¿Por qué comen tus discípulos con mano impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó:
-- Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
En otra ocasión llamó Jesús a la gente y les dijo:
-- Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.
Palabra del Señor

Lecturas del XXI Domingo del Tiempo Ordinario 23 de agosto de 2015

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE JOSUÉ 24, 1-2a.15-17.18b
En aquellos días, Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y llamó a los ancianos, a los jefes, a los jueces, a los magistrados para que se presentasen ante Dios. Josué dijo a todo el pueblo:
-- Si no os parece bien servir al Señor escoged a quien servir: a los dioses de los amorreos, en cuyo
país habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor.
El pueblo respondió:

--¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; él hizo a vuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡Es nuestro Dios!
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 33
R.- GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR.
Bendigo al Señor en todo momento,
tu alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.-

Los ojos del Señor miran a los justos;
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R.-

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y los libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R.-

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
el cuida de todos los huesos,
y ni uno solo se quebrará. R.-

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 5, 21-32
Hermanos:
Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus mandos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí, gloriosa, La Iglesia sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne." Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6, 64b.69b
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 60- 69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
-- Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
-- ¿Esto os hace vacilar, y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.
Añadir leyenda
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
-- Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:
-- ¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó:
-- Señor, ¿a quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que eres el Santo consagrado por Dios.
Palabra del Señor

Lecturas del XX Domingo del Tiempo Ordinario 16 de agosto de 2015



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS PROVERBIOS 9, 1-6
La sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas; ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criados para que lo anuncien en los puntos
que dominan la ciudad: "Los inexpertos que vengan aquí, voy a hablar a los faltos de juicio: Venid a comer mi pan y a beber mi vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia”.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 33
R.- GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR.
Bendigo al Señor en todo momento;
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
Que los humildes lo escuchen y se alegren. R.-

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.-

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.-

Guarda tu lengua del mal,
tus labios, de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 5, 15-20
Hermanos:
Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Celebrad constantemente la Acción de Gracias a Dios Padre, por todo, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios


ALELUYA Jn. 6, 57
El que come mi carne y bebe mi sangre –dice el Señor--, habita en mi y yo en él.


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
-- Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí:
--¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
-- Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.
Palabra del Señor

Lecturas de Solemnidad de La Asunción de la Virgen María. 15 de agosto de 2015


PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS 11,19a; 12, 1.3-6a.10ab
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y
doce cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón esta enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:
-- Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.
Palabra de Dios



SALMO RESPONSORIAL
SALMO 44
R.- DE PIE A TU DERECHA ESTÁ LA REINA, ENJOYADA CON ORO DE OFIR.
Hijas de reyes salen a tu encuentro
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.- R.-

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.- R.-

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. - R

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS
CORINTIOS 15, 20-27a
Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.
Palabra de Dios

ALELUYA
María ha sido llevada al cielo, se alegra el ejército de los ángeles.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39, 56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su
vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
--¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
--Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor

Lecturas del XIX Domingo del Tiempo Ordinario 9 de agosto de 2015

XIX Domingo del Tiempo Ordinario
9 de agosto de 2015

Lecturas

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS REYES 19, 4-8
En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo:
-- Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres.
Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:
-- Levántate, come.
Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en los brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo:
-- Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.
Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte del Señor.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 33
R.- GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.-

Proclamad conmigo la grandeza del señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.-

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.-

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el se acoge a él. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 4, 30-5, 2
Hermanos:
No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonados unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.
Palabra de Dios


ALELUYA Jn 6, 51-52
Yo soy el pan vivo bajado del cielo –dice el Señor--, el que coma de este pan vivirá para siempre.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 41- 51
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", y decían:
-- ¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
Jesús tomó la palabra y les dijo:
-- No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado." Y yo le
resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el escucha que lo dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: este ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que viaja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.
Palabra del Señor

Lecturas del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario 2 de agosto de 2015

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 16, 2-4.12-15
En aquellos días. Toda la comunidad de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo: “¡Ojalá hubiéramos muerto por mano del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos! Vosotros, en cambio, nos habéis traído a este desierto para hacer morir de hambre a toda esta muchedumbre”.
El Señor dijo a Moisés: «Mira, voy a hacer llover pan del cielo para vosotros. El pueblo saldrá todos los días a recoger la ración diaria, a fin de probarle si camina según mi ley o no. «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: a la tarde comeréis carne, y a la mañana os saciaréis de pan; así conoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios». Por la tarde salieron tantas codornices que

cubrieron el campamento, y por la mañana había en torno a él una capa de rocío. Cuando se evaporó el rocío, apareció sobre la superficie del desierto una cosa menuda, granulada, fina, como escarcha sobre la tierra. Los israelitas, al verla, se dijeron unos a otros: “man hu'= ¿qué es esto?”, pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Éste es el pan que os da el Señor para comer”.
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 77
R.- EL SEÑOR LES DIO UN TRIGO CELESTE
Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nuestros padres nos contaron,
no se lo ocultaremos a sus hijos;
contaremos a la generación futura
los títulos de gloria del Señor,
su poder y las maravillas que él ha hecho. R.-

Pero a las nubes mandó desde lo alto
y abrió las compuertas de los cielos:
hizo llover maná para saciarlos,
les regaló el trigo de los cielos. R.-

Cada uno comió el pan de los fuertes,
les mandó comida hasta la saciedad.
los llevó a la tierra santa,
al monte que su diestra conquistó. R.-




SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 4, 17.20-24
Hermanos: os digo y os pido en nombre del Señor que no viváis como viven los paganos, con sus vanos pensamientos. No es eso lo que vosotros habéis aprendido de Cristo; pues si verdaderamente habéis oído hablar de él y os han instruido en la verdad de Jesús, debéis despojaros de vuestra vida pasada, del hombre viejo, corrompido por las concupiscencias engañosas, renovaos en vuestro espíritu y en vuestra mente y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios, en justicia y santidad verdadera.
Palabra de Dios



ALELUYA Mt, 4, 4b
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 24- 35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron:
--Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
Jesús les contestó:
--Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello
Le preguntaron:
--¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?
Jesús les respondió:
--Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado.
Le replicaron:
--¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les dijo:
--Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo
Ellos le dijeron:
--Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les dijo:
--Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.
Palabra del Señor-