sábado, 13 de diciembre de 2014

Comentario a las lecturas del III Domingo de Advierto. 14 de diciembre de 2014

Este tercer domingo de adviento desde tiempos antiguos es llamado domingo “gaudete”, domingo de la alegría. La lecturas nos hablan de ello y la alegría se hace patente porque ya está muy cercana la Navidad, ese gran acontecimiento que llevamos preparando durante todo el mes. Además de la alegría,
la figura de Juan el Bautista, que vuelve a aparecer en el evangelio, nos recuerda la llamada a la conversión propia también de este tiempo. Es una manera de preparar el corazón, limpiando todo lo que pueda ser obstáculo para que Dios nazca en él. Es un tiempo de gracia para acercarnos a la celebración de la penitencia, dejándonos reconciliar por el Dios de la misericordia.

La primera lectura del profeta isaias ( 61, 1-2a. 10-1)
"Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren... "(Is 61, 1).
"Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios" (Is 61, 10).
En medio del clima de oración y penitencia, tan propio del Adviento, la Palabra de Dios nos exhorta por boca del profeta Isaías a que nos llenemos, hasta desbordar, con el gozo del Señor.
El profeta Isaías pone en boca del Ungido, del Mesías, un cántico de alegría y de alabanza a Dios porque le ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para proclamar el año de gracia del Señor.
Aunque parezca una paradoja, así ha de ser: gracias a la oración y a la penitencia el alma se purifica y se acerca más a Dios, hasta sentir el gozo inefable de estar junto a él, de rozarle y abrir el corazón a su amor entrañable.
Repitamos y meditemos en la intimidad de nuestro corazón las palabras del profeta de la alegría mesiánica: "Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hará brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos".

Hoy el lugar del salmo lo ocupa el texto del Magníficat. "Proclama mi alma la grandeza del Señor…" (Lc 1, 46).
"...su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación " (Lc 1, 49-50).
El "Magnificat", es el cántico que recitara la Virgen María al recibir la felicitación de su prima Santa Isabel. El gozo de Maria es tan grande que no puede menos que romper en un himno de alegría y de alabanza a ese Dios que late en su seno virginal, y que se ha fijado en la pequeñez de su esclava, que ha elegido su poquedad ínfima.
Ella entrevé la grandeza a la que el Señor la ha elevado, se da cuenta de lo que ha hecho con ella el Todopoderoso . Desde ese momento la llamarán bienaventurada todas las gentes. Y, efectivamente, así ha sido. A lo largo y lo ancho de los siglos, María ha sido alabada con los más bellos decires, con expresiones artísticas de todo tipo: los escultores más renombrados, los poetas más inspirados, los juglares de todos los tiempos, los pintores más famosos. Es tanto lo que Dios ha hecho en María Santísima que no podemos quedar impasibles ante tanta bondad y belleza. María contempla la bondad infinita de Dios, comprende que esa misericordia que la ha elevado, se prodiga también con todos los creyentes. Sí, su misericordia pasa de padres a hijos, su bondad y su piedad son perennes, eternas. A los hambrientos los colma de bienes, sigue diciendo María inspirada por el Espíritu Santo, y a los ricos los despide vacíos.
A los poderosos los derriba de sus tronos y ensalza a los humildes. Esa realidad maravillosa llenará también de júbilo a Jesús, que agradecerá al Padre eterno ocultarse a los sabios de este mundo y revelarse a los sencillos y los humildes...
Ojalá comprendamos las enseñanzas del "Magníficat". Al menos que entendamos, por una parte, la grandeza de María y agradezcamos tenerla por Madre. Por otro lado que nos esforcemos para ser sencillos y humildes, pobres de espíritu. Sólo así podremos ser amados de Dios.

En la segunda lectura (primera carta de San Pablo a los Tesalonicenses, 5,16-24),
San Pablo habla, a una comunidad cristiana (Tesalónica) que estaba experimentando dificultades porque la sociedad en la que vivían no comprendía ni aceptaba su estilo de vida. Quizás a nosotros hoy no nos comprendan, ni nos acepten, porque nuestro “estilo de vida” deja mucho que desear. Quizás este rechazo es una LLAMADA A LA CONVERSIÓN, a mirarnos como comunidad cristiana y ver qué podemos mejorar, qué podemos cambiar, para hacer más cercano y atractivo esa Buena Noticia que hoy (y siempre) nos llena de alegría.
Esplendidas las palabras de San Pablo y necesarias en este tiempo de preparación a la venida del Seño :Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasión tened la Acción de Gracias: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.

El relato del Evangelio proclamado hoy (Evangelio de San Juan 1, 6-8. 19-28 ), nos sitúa ante los enviados a Juabn Bautista y las respuestas del bautista. "Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: Tú ¿quién eres? Él confesó sin reservas: Yo no soy el Mesías".
"No era él la luz, sino testigo de la luz" (Jn 1, 8).
Como en el domingo anterior se nos sitúa ante la figura austera de Juan Bautista, el hombre enviado por Dios para preparar a los que esperan al Mesías, "para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz". Testigo que declara ante el tribunal del mundo que Jesús de Nazaret es el Rey salvador anunciado desde siglos por los profetas de Israel. Sus palabras son recias y claras, avaladas además por su conducta intachable. Su vida es convincente, ratifica con el propio ejemplo las palabras que proclama. Y como él, también nosotros los cristianos hemos de vivir con todas sus consecuencias lo que nuestras palabras, como testigos de Cristo, han de proclamar.
Los enviados de Jerusalén siguieron preguntando, deseosos de averiguar quién era Juan en definitiva. Las respuestas del Bautista están llenas de sinceridad y de sencillez. Él no es un profeta, ni tampoco Elías como ellos se pensaban. Él es simplemente la voz que clama en el desierto, el heraldo del Rey mesiánico que se aproxima, el adelantado que prepara los caminos de un retorno, un nuevo éxodo hacia la Tierra prometida, bajo la guía de otro Moisés, el mismo Dios hecho hombre.

No debemos olvidar en este tiempo de Adviento, de esperanzada espera de la llegada del Señor, la esperanza cierta de que el Señor llega hasta nosotros y que esta llegada es un motivo sólido y profundo de alegría, de paz y felicidad anticipada, unas primicias del júbilo de la Navidad que se acerca. Más aún: un anticipo de la dicha infinita que Dios reserva para quienes le sean fieles hasta el final.
Quedan ante nuestra conciencia unas preguntas para reflexionar . ¿Manifiesta nuestra vida de que Dios está con nosotros? ¿Dicen nuestras obras que Jesús nació entre nosotros y vino para quedarse y hacernos la vida más feliz? ¿Nos hace nuestra fe vivir más alegres?

Lecturas del III Domingo de Adviento 14 de diciembre de 2014



PRIMERA LECTURA

LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 61, 1-2a. 10-11
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.
Palabra de Dios.



SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
R.- ME ALEGRO CON MI DIOS.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R.-

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R.-

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R.-



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 5,16-24
Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasión tened la Acción de Gracias: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.
Palabra de Dios.



ALELUYA Is 61, 1
El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 6-8. 19-28
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:
-- ¿Tú quién eres?
El confesó sin reservas:
-- Yo no soy el Mesías.
Le preguntaron:
-- Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?
El dijo:
-- No lo soy.
--¿Eres tú el Profeta?
Respondió:
-- No.
Y le dijeron:
-- ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?
Contestó:
-- Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor" (como dijo el Profeta Isaías).
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
-- Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?
Juan les respondió:
-- Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Palabra del Señor

sábado, 6 de diciembre de 2014

Comentario a las lecturas en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen 8 de diciembre de 2014

La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen
8 de diciembre de 2014
El proyecto de salvación de Dios es posible en cada uno de nosotros.
En medio del Adviento irrumpe con alegría la fiesta de María Inmaculada para recordarnos que nuestra esperanza no es vana, que es posible vivir el proyecto de Dios, que María, una de los nuestros, lo hizo realidad en su vida, desde el principio hasta el final, no sin dificultades, pero lo hizo. El proyecto de Dios es posible en cada uno de nosotros. Para ello es importante que nos fijemos en las virtudes que hicieron posible que María fuera el “espacio” donde la Palabra pudiera encarnarse. Esas virtudes se convierten en una invitación en este tiempo de adviento a seguir allanando los caminos para dejar que Dios venga a nuestras vidas de manera total y plena.
Celebramos una fiesta muy especial, hoy. Surgida del pueblo, pero que tardó mucho tiempo en llegar a considerada como “oficial”. Y es que la veneración de la Virgen María siempre ha estado muy unida al sentir popular, mucho. La fiesta de la Inmaculada Concepción de María Virgen fue “oficializada” por Beato Pío Nono (Pío IX) en 1854 con la declaración como dogma de fe de que María, por especial privilegio divino, fue preservada de toda mancha de pecado original. Es una reacción lógica esa circunstancia: si María iba ser el sagrario que llevara el desarrollo corporal de Jesús, el Salvador, durante nueve meses, no podía haber pecado en ella y por eso su concepción fue sin mancha. Los demás humanos, víctimas del pecado original –de la deuda contraída por nuestros primeros padres, Adán y Eva—recibimos pues esa herencia sin excepción. La historia nos dice que los orígenes de esta fiesta aparecen en los siglos VI y VIII es las Iglesias de Oriente. Y que poco a poco fue calando en la Iglesia latina. España tuvo especial relevancia en el movimiento popular para reconocer la inmaculada concepción de María y estuvo presente desde los siglos XV y XVI o, incluso antes. El responsorio de “Ave María Purísima: Sin Pecado Concebida” es propio de la península ibérica y sirvió como acicate y bandera para extender la fiesta de la Inmaculada Concepción.
En la primera lectura (Gn. 3, 9-15. 20), nos sitúa en los orígenes de la humanidad.
Relato lleno de simbología. Nos fijamos en la figura de Eva. Los nombres en la Biblia siempre tienen un valor simbólico, siempre aluden a la condición o el destino de la persona nombrada. En el caso de la primera mujer es llamada también con el nombre hebreo de “ishah”, que se podría traducir por hembra. Es en un relato anterior, cuando se refiere que Dios creó al hombre (adam) y que varón (ish) y hembra (ishah) lo creó el Señor. Con ello se pone de manifiesto la igualdad del hombre y la mujer.
Pero con este otro nombre, el de Eva, se alude a otro aspecto fundamental en la mujer y en el papel que desempeña en la Historia de la salvación: Ella es la madre de la vida. Todos los seres humanos provienen de la primera mujer... Por ello, Eva es figura de la Virgen María, la Madre de todos los redimidos que, presentes en San Juan, reciben de Cristo como Madre a Maria, que como Eva es la Madre de cuantos reciben, a través del Bautismo el poder pertenecer y vivir la salvación de Jesucristo.
En la reflexión propuesta en el salmo responsorial (Salmo97), reconocemos las obras de Dios y lo alabamos
R.- CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO, PORQUE HA HECHO MARAVILLAS.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.-

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.-

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.-

San Pablo en la segunda lectura (Carta a los Efesios, 1, 3-6. 11-12),. Nos recuerda a lo que estamos llamados: "nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria..." (Ef 1,12).
El apóstol escribe en presencia de Dios. Se le nota. En efecto, de vez en cuando interrumpe su diálogo para hablar con el Señor. Casi siempre para alabarlo con una doxología o alabanza tomada de la liturgia...También la piedad cristiana refleja ese vivir en la presencia divina, y exclama "bendito sea Dios", o dice "ave María Purísima", etc. Es cierto que a veces son frases rutinarias, pero también pueden y de-ben ser palabras sentidas que expresen una fe y una esperanza sinceras.
Habla el Apóstol ser "alabanza de su gloria". Recuerda lo que dijo Jesús cuando hablaba de que era preciso que los hombres vieran nuestras buenas obras y así alabaran a nuestro Padre. Es todo un programa de vida. Hacer siempre el bien, sin mirar a quien, sin buscar correspondencia alguna, felices de agradar en todo y por todo a nuestro Padre. Entonces se producirá ese formidable prodigio, dar motivo para que alaben al Señor, ser alabanza de Dios.
En el evangelio de hoy, tomado de San Lucas, la virgen acaba su conversación con el Arcángel Gabriel, diciendo: "Aquí está la esclava del Señor..." (Lc 1,38)
La palabra original griega del texto de S. Lucas (“doule”) la traduce la versión latina por "ancilla". En castellano se puede traducir por esclava y también por sierva, e incluso por criada. En definitiva siempre late la misma realidad de una persona que se entrega al servicio de otra, sin reserva ni condición alguna.
María recibe el anuncio del ángel de que va a ser la Madre de Dios, como hemos escuchado en el Evangelio. Y María reacciona desde la humildad. No busca grandes honores por el “encargo” que Dios le ha hecho, sino que se sabe pequeña y sencilla y lo continuará siendo hasta el final. La respuesta de María al proyecto de Dios para ella es la disponibilidad. Aquí estoy, para lo que haga falta, para lo que Dios necesite de mí, “que se haga en mí según su Palabra”. Una disponibilidad que va más allá de lo que ella es incapaz de entender, pero que nace de saber que para ella todo lo que venga de Dios es, con mucho, lo mejor.
María dice SÍ a Dios porque tiene una gran confianza en Él y se abandona en sus manos. Confía en que ese proyecto que Dios tiene para ella la va a hacer más dichosa, más feliz, va a realizar su vida por completo. Ella va a tener que poner mucho de su parte, no es un “camino de rosas”, pero María confía en Dios como en su Padre del Cielo, y esa confianza le hace ser valiente y aceptar todo lo que venga de Él. El SÍ de María se va a prolongar en su día a día.
Al contemplar la figura de María nos impresiona, sobre todo, que en este itinerario hacia la Navidad, Ella, se nos presenta como la mujer fiel y humilde. Ella reza, espera, vive y sirve como nadie. Sin ser Dios, porque sabe que no lo es, disfruta entrando de lleno en su Palabra y se deja llenar por la palabra, en ella se encarna la palabra de Dios. Sin muchas seguridades, agarrándose a la fe, espera aguardando a que se cumpla el mensaje del Ángel.
¡Cuánta humildad en María! Su belleza fue precisamente su alma interior. No tuvo más orgullo que satisfacer siempre los proyectos del Creador. Lejos de subirse en el pódium del poder o del engreimiento se sintió, ya desde el principio, agasajada por los humildes y desconcertando a los poderosos. Lejos de dejarse seducir por el pecado (ser como Dios) se entregó en plena confianza y humildad para vivir con intensidad, sin fisura alguna y con regocijo el amor de Dios: amada de Dios, discípula perfecta del Señor. ¡Dichosa Tú, María, por tu limpia morada para Dios!

Lecturas en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen 8 de diciembre de 2014.


Lecturas en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen
8 de diciembre de 2014




PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS 3, 9-15. 20.
Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:
-- ¿Dónde estás?
El contestó:
-- Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
El Señor le replicó:
-- ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol que te
prohibí comer?
Adán respondió:
-- La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.
El Señor dijo a la mujer:
-- ¿Qué es lo que has hecho?
Ella respondió:
-- La serpiente me engañó, y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
-- Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 97
R.- CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO, PORQUE HA HECHO MARAVILLAS.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.-

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.-

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 1, 3-6. 11-12.
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.
Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
Palabra de Dios



ALELUYA Lc 1, 28
Alégrate, Maria, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres


EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 26- 38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-- Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
-- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
-- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?
El ángel le contestó:
-- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
-- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.
Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor

Comentario a las lecturas del II Domingo de Adviento. 7 de diciembre de 2014.

Comentario a las lecturas del II Domingo de Adviento. 7 de diciembre de 2014.
El domingo pasado se nos pedía una esperanza activa. El Señor viene, pero nosotros tenemos que ir hacia Él. Esto exige un cambio de mente y de corazón. Es decir, requiere volvernos a Dios. El mensaje de este segundo domingo de Adviento es la conversión. El bautismo de Juan es una preparación para la llegada de aquél que viene detrás "y yo no merezco agacharme para desatarles las sandalias". El bautismo de agua es sólo de penitencia. Hay que empezar por ahí, es decir cambiando de rumbo y de actitud. Pero la auténtica transformación viene del Bautismo con el Espíritu Santo que proclama y ofrece Jesús. Como el fuego purifica y transforma, así también seremos trasformados por el Espíritu y podremos vivir según el Evangelio.

La Iglesia, al llegar el Adviento, actualiza la siempre presente llamada a la conversión, con el mismo vigor y energía, con la misma urgencia y claridad que lo hacían los profetas y el mismo Juan Bautista, oímos proclamadas sus mismas palabras, recogidas en los textos sagrados: "Convertíos porque está cerca el Reino de los Cielos... Preparad el camino del Señor, allanad su sendero". Sí, también hoy es preciso que cambiemos de conducta, también hoy es necesaria una profunda conversión: Arrepentirnos sinceramente de nuestras faltas y pecados, confesarnos humildemente ante el ministro del perdón de Dios, reparar el daño que hicimos y emprender una nueva vida de santidad y justicia.
En la primera lectura del Libro de Isaías (40, 1-5. 9-11) se recuerda y aparece la llamada del Señor y al mismo tiempo su obrar en nuestras vidas
"Consolad, consolad a mi pueblo..." (Es 40, 1). El pueblo elegido estaba desterrado y gemía a las orillas de los ríos de Babilonia, colgadas las cítaras en los sauces de la orilla, mudas las viejas y alegres canciones patrias. Años de exilio después de una terrible derrota e invasión que asoló la tierra, el venerado templo de la Ciudad Santa convertida en un montón de escombros y cenizas. El rey y los nobles fueron torturados y ejecutados en su mayoría, mientras que la gente sencilla era conducida, como animales en manadas, hacia nuevas tierras que labrar en provecho de los vencedores.
Pero Dios no se había olvidado de su pueblo, a pesar de aquel tremendo castigo infligido a sus maldades. En medio del doloroso destierro resonaría otra vez un canto de la consolación, cuya melodía y con el que se vislumbra y promete un nuevo éxodo hacia la tierra prometida, un retorno gozoso en el que el Señor, más directamente aún que antes, se pondría al frente de su pueblo para guiarlo lo mismo que el buen pastor guía a su rebaño, para conducirlo seguro y alegre a la tierra soñada de la leche v la miel.
"Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor..." (Is 40, 3). "Súbete a lo alto de un monte –proclama la palabra del Señor-, levanta la voz, heraldo de Sión, grita sin miedo a las ciudades de Judá que Dios se acerca". Que preparen los caminos, que enderecen lo torcido, que allanen lo abrupto, que cada uno limpie su alma con un arrepentimiento sincero y una penitencia purificadora. Llega el gran Rey con ánimo de morar en nuestros corazones, de entablar nuevamente una amistad profunda con cada uno de nosotros. Por eso es preciso prepararse, despertar en el alma el dolor de amor herido por ofenderle, el ansia de reparar nuestras culpas y el deseo de hacer una buena confesión para recomenzar una vida limpia y alegre. Dios quiere actuar en nuestra vida nos pide colaboración
El Señor llega cargado de bienes, él mismo es ya el Bien supremo. Viene con el deseo de perdonar y de olvidar, de prodigar su generosidad divina para con nuestra pobreza humana. Viene con poder y gloria, con promesas y realidades que colmen la permanente insatisfacción de nuestra vida. Este pensamiento de la venida inminente de Jesús, niño inerme en brazos de Santa María, ha de llenarnos de ternura y gozo, ha de movernos a rectificar nuestros malos pasos y enderezarlos hacia Dios.
En el salmo de hoy (Salmo 84) vemos la cercanía del Señor en sus obras. El nos invita, nos acompaña y obra ya en nuestras vidas-
 MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA Y DANOS TU SALVACIÓN.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
"Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos."
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.-

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.-

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.-
En la segunda lectura la exortación de Pedro (Segunda carta del apóstol San Pedro, 3, 8-14), nos sitúa en nuestro presente donde se armoniza fe y esperanza: “Nosotros, confiados en la misericordia del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”. “Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables. Para poder vivir en un cielo nuevo y en una tierra nueva en la que habite la justicia”, el apóstol san Pedro nos dice que deberemos vivir en este mundo llevando una vida santa e inmaculada, estando siempre en paz con Dios. A esto debemos aspirar también hoy todos los cristianos del siglo XXI: a hacer de nuestro mundo una tierra nueva, donde no reine la corrupción y la injusticia, sino la misericordia y la justicia de nuestro Dios. Así debemos vivir nuestro Adviento: purificándonos de todos nuestros defectos y pecados, para que, cuando llegue el Señor, nos encuentre puros y santos. Así estaremos apresurando la venida del Señor, es decir, estaremos haciendo posible la llegada de Nuestro Dios hasta nosotros.
En el Evangelio de hoy de San Marcos resuena con fuerza la invitación: CONVERTÍOS.- "Una voz grita en el desierto... “(Mc 1, 3).
Cuando Juan Bautista comenzaba su predicación había en Israel un clima de gran tensión político-religiosa. El Pueblo elegido estaba bajo el yugo de Roma que ejercía su poder con la fuerza de sus legiones y la rapaz astucia de sus procuradores. Para colmo de males quienes gobernaban en la Galilea y en la región nordeste eran dos hijos de Herodes el Grande, Herodes Antipas y Herodes Filipo. Todos descendientes de los idumeos y pertenecientes, por tanto, a la gentilidad, a los malditos "goyím", considerados impuros por los judíos. Esa situación era para Israel un insulto permanente. Esto, unido a las profecías sobre la venida ya inminente del Mesías, provocaba en el pueblo fiel, el anhelo y la esperanza.
La voz de Juan resuena en el desierto, lo mismo que resonó la voz de Moisés. El nuevo éxodo que anunciara Isaías comenzaba a realizarse. Pero en este nuevo tránsito por el desierto no será otro hombre quien los guíe: será el mismo Yahvé, el mismo Dios que se hace hombre en el seno de una Virgen, Jesucristo. Ante esa realidad próxima a cumplirse, el mensajero del nuevo Rey clama a voz en grito que se allanen los caminos del alma, que se preparen los espíritus para salir al encuentro de Cristo.
La palabra de Dios nos deja hoy rodeados de un halo de esperanza. La esperanza a la que estamos llamados, la actitud de conversión, el trabajo serio por allanar los caminos de nuestra vida y de nuestras comunidades, tienen una meta concreta: “nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”. A pesar de todo, en el desierto mantenemos la utopía. No nos resignamos a que las cosas se queden como están, a que perdamos nuestros valores, nuestras creencias, nuestra fe y nuestra esperanza. Somos conscientes de la realidad, pisamos tierra, pero en ella descubrimos a un Dios que nos sigue llamando a trabajar, a allanar, a convertirnos, a enderezar, a esperar contra toda esperanza, a dar segundas oportunidades (como Él lo hace), a buscarle no mirando hacia arriba, sino mirando hacia abajo, en cada persona y en cada acontecimiento de la vida, en lo sencillo, entre los pobres, en un pesebre humilde y maloliente, hecho niño en Belén. Ese día empezó el cielo nuevo y la tierra nueva, porque la Justicia vino a habitar entre nosotros. Desde ese día, la tarea es allanar senderos, para facilitar el camino al Señor, para que venga, para que siga viniendo a nuestras vidas, a nuestras familias, a nuestros grupos, a nuestras comunidades. Por eso nuestro grito: ¡Ven, Señor Jesús!
Desde las lecturas proclamadas y nuestro caminar hacia la Navidad nos hacemos algunas preguntas:
Hemos contemplado a Juan el Bautista. Juan, en este segundo domingo de adviento, nos pone contra las cuerdas. ¿Qué camino estamos construyendo para la llegada del Salvador? ¿Nos preocupamos de despejar la calzada de nuestra vida de aquellos escollos (envidias, orgullo, soberbia, malos modos, egoísmo….) que convierten nuestra fe en algo irrelevante o simbólico?
¿Cómo vestimos nosotros? ¿Con la piel de la oración o con el oropel de la frialdad hacia Dios? ¿Con qué nos alimentamos? ¿Con la Palabra y la Eucaristía o, por el contrario, con todo aquello que es agradable al paladar del ojo, de la boca, del tener o del placer? ¿En qué dirección avanzamos? ¿Hacia la Navidad, Misterio de Amor, o hacia la vanidad del disfrutar, gastar y derrochar?
Ante la cercanía de la Navidad,en estos próximos días (aunque en algunos lugares ya lo han llevado a cabo semanas atrás por intereses meramente comerciales) se adornan las calles y plazas como antesala de la Navidad. ¿Cómo vamos adornar nuestra vida? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a iluminar el interior de cada uno de nosotros para que, el Señor, cuando nazca pueda entrar con todas las de la ley al fondo de nuestras vidas y nacer de verdad? ¿De qué nos vamos a rodear? ¿De regalos que ya ni nos llaman la atención o del gran regalo que es Cristo humillado en Belén?

Lecturas del II Domingo de Adviento. 7 de diciembre de 2014

Lecturas del II Domingo de Adviento. 7 de diciembre de 2014



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 40, 1-5. 9-11
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido, su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.
Una voz grita: "En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos" --ha hablado la boca del Señor—
Súbete a lo alto de un monte, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está vuestro Dios. Mirad, Dios, el Señor, llega con fuerza, su brazo domina. Mirad, le acompaña el salario, la recompensa lo precede. Como un pastor apacienta el rebaño, su mano lo reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida a las madres."
Palabra de Dios.



SALMO RESPONSORIAL
SALMO 84
R.- MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA Y DANOS TU SALVACIÓN.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
"Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos."
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.-

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.-

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.-



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 3, 8-14
Queridos hermanos:
No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.
El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!
Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,4.6
Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Todos verán la salvación de Dios.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: "Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo."
Palabra del Señor

viernes, 5 de diciembre de 2014

NAVIDAD-EPIFANÍA 2014-15. Ciclo B,

NAVIDAD

Día 26 Diciembre "No se preocupen". Mateo 10,17-22.
Día 27 Diciembre Pedro y Juan en el sepulcro. Juan 20, 2-8.
Día 28 Diciembre Los Santos Inocentes. Mateo 2, 13-18.
Día 29 Diciembre Presentación en el templo. Lucas 2, 22-35.
Día 30 Diciembre En el Templo con la profetisa Ana. Lucas 2, 36-40.
Día 31 Diciembre La Palabra se hizo carne. Juan 1, 1-18.
Día 2 Enero Primer testimonio de Juan. Juan 1, 19-28.
Día 3 Enero Segundo testimonio de Juan. Juan 1, 29-34.
Día 4 Enero Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Día 5 Enero Vocación de Felipe y Natanael. Juan 1, 43-51.
Segundo Domingo después Navidad Epifanía Mateo 2, 1-12.
Día 7 Enero (o Lunes después Epifanía) Jesús predica en Galilea. Mateo 4, 12-17. 23-25.
Día 8 Enero (o Martes después de Epifanía) Multiplicación de los panes. Marcos 6, 34-44.
Día 9 Enero (o Miércoles después de Epifanía) Jesús camina por el mar. Marcos 6, 45-52.
Día 10 Enero (o Jueves después de Epifanía) Jesús en la sinagoga. Lucas 4, 14-22.
Día 11 Enero (o Viernes después de Epifanía) Curación de un leproso. Lucas 5, 12-16.
Día 12 Enero (o Sábado después de Epifanía) Tercer testimonio de Juan. Juan 3, 22-30.

ADVIENTO 2014. Ciclo B.

ADVIENTO


Primera Semana

Domingo Y tú, ¿Abrirías tu casa al rey?. Marcos 13,33-37.
Lunes El siervo del centurión. Mateo 8, 5-11
Martes Revelación del Padre. Lucas 10, 21-24.
Miércoles Segunda multiplicación. Mateo 15, 29-37.
Jueves La verdadera sabiduría. Mateo 7, 21. 24-27.
Viernes Curación de dos ciegos. Mateo 9, 27-31.
Sábado Misión de los discípulos. Mateo 9, 35. 10, 1. 6-8.

Segunda Semana
Domingo La más bella de todas las mujeres. Marcos 1, 1-8.
Lunes Curación de un paralítico. Lucas 5, 17-26.
Martes La oveja perdida. Mateo 18, 12-14.
Miércoles Jesús manso y humilde. Mateo 11, 28-30.
Jueves Misión de ser precursor. Mateo 11, 11-15.
Viernes Indiferencia de los judíos. Mateo 11, 16-19.
Sábado Después de la Transfiguración. Mateo 17, 10-13.

Tercera Semana
Domingo ¡Preparad los caminos del Señor!. Juan 1, 6-8. 19-28.
Lunes Poderes de Jesús. Mateo 21, 23-27.
Martes Parábola de los dos hijos. Mateo 21, 28-32.
Miércoles Anuncien a todos lo que han visto y oido. Lucas 7, 19-23.
Jueves Parábola de los dos hijos. Testimonio de Jesús sobre el Bautista. Lucas 7, 24-30.
Viernes. Juan 5, 33-36.


Día 17 Diciembre Genealogía del Salvador. Mateo 1, 1-17.
Día 18 Diciembre Anuncio del ángel a José. Mateo 1, 18-24.
Día 19 Diciembre Anunciación del Precursor. Lucas 1, 5-25.
Día 20 Diciembre La Anunciación de Jesús. Lucas 1, 26-38.
Día 21 Diciembre Visita de la Virgen a Isabel. Lucas 1, 39-45.
Cuarto Domingo de Adviento "He aquí la esclava de Señor". Lucas 1, 26-38.
Día 22 Diciembre El Magníficat. Lucas 1, 46-56.
Día 23 Diciembre Nacimiento Juan Bautista. Lucas 1, 57-66.
Día 24 Diciembre Dios redime a su pueblo. Lucas 1, 67-79.



sábado, 29 de noviembre de 2014

Comentarios a las lecturas del primer Domingo, Ciclo B: 30 de noviembre 2014.

Primer Domingo, Ciclo B: 30 de noviembre 2014.
Presentamos este poema de Pedro Casaldàliga, que nos puede ayudar a caminar en este tiempo de Adviento.
"Hay que nacer de nuevo, hermanos Nicodemos"
"De esperanza en esperanza, de pesebre en pesebre, todavía hay Navidad"
Sube a nacer conmigo,
dice el poeta Neruda.
Baja a nacer conmigo,
dice el Dios de Jesús.
Hay que nacer de nuevo,
hermanos Nicodemos
y hay que nacer subiendo desde abajo.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
todavía hay Navidad.
Desconcertados por el viento del desierto
que no sabemos de donde viene
ni adonde va.
Encharcados en sangre y en codicia,
prohibidos de vivir
con dignidad,
sólo este Niño puede salvarnos.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
de Navidad en Navidad.
Siempre de noche
naciendo de nuevo,
Nicodemos.
“Desde las periferias existenciales;”
con la fe de Maria
y los silencios de José
y todo el Misterio del Niño,
hay Navidad.
Con los pobres de la tierra,
confesamos
que Él nos ha amado hasta el extremo
de entregarnos su propio Hijo,
hecho Dios venido a menos,
en una Kenosis total.
Y es Navidad.
Y es Tiempo Nuevo.
Y la consigna es
que todo es Gracia,
todo es Pascua,
todo es Reino.
Pedro Casaldàliga
Comenzamos un nuevo ciclo litúrgico (Ciclo B), en este tiempo de Adviento. La vigilancia en espera de la venida del Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velad y estád preparados, porque no sabeis cuándo llegará el momento". Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad. Como resultado de nuestras reflexiones deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor creyente. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la familia, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
La necesidad que tenemos de la venida del Señor a nuestro encuentro, para poder ser salvos.
Lo cantamos todos los años al comenzar el Adviento: rorate, Coeli, desuper et nubes pluant justum: destilad, cielos, el rocío y lloved, nubes, al justo.
.En la primera lectura de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7, se nos proclama “Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos, obra de tu mano”. En este bello texto del tercer Isaías el profeta pone en boca del pueblo un grito de auxilio al Señor Yahvé, su padre y redentor, para que no les deje desamparados y solos. El pueblo reconoce que su pecado es la causa de sus males y, por eso, pide al Señor que, como padre que es, olvide las culpas de sus hijos y les salve: no te excedas en la ira, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa; mira que somos tu pueblo. ¿Qué relación puede tener este texto con el tiempo de Adviento que hoy comenzamos?. Desde las palabras de esta primera lectura se anuncia la espera del Adviento¡ “Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en el. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos.
Salmo responsorial (Salmo 79) imploramos la necesidad de la ayuda del Señor, sin esa ayuda,caeremos como las hojas del árbol en otoño y nuestras maldades nos arrastrarán como el viento. Por eso, nosotros rezamos hoy en el salmo responsorial: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. Es el grito que dirigimos a Dios desde la desesperanza, el desánimo o la impotencia. Es posible que incluso le pidamos que venga sobre el mundo su castigo para que reaccione, que baje desde el cielo y derrita los montes para imponer la auténtica justicia, como dice el profeta Isaías.

¿Qué oímos en la segunda lectura de la primera carta San Pablo a los Corintios (1,3-9).
“La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo, estén siempre con vosotros”. Esto es lo que san Pablo pedía siempre al Señor para los fieles de Corinto, al comienzo de sus eucaristías. Esto mismo es lo que hemos pedido hoy nosotros al Señor cuando comenzamos nuestra eucaristía: la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Esto mismo es lo que necesitamos pedir cada uno de nosotros, y toda la sociedad en general, en este primer domingo del Adviento: la gracia y la paz de Dios. Constatando nuestras debilidades,necesitamos la gracia de Dios, para que el Señor, con su fuerza, restaure nuestra naturaleza caída y menesterosa, y podamos así recibirle con dignidad cristiana, en esta Navidad y siempre. Necesitamos la paz de Dios, una paz que es a su vez gracia y don, no cálculo interesado de nuestros egoísmos y conveniencias particulares. Sí, la paz de los hombres necesita estar siempre defendida con armas y dinero; la paz de Dios, en cambio, brota del corazón y busca siempre el bien del prójimo tanto como el de uno mismo. Al comenzar la liturgia de este primer domingo del Adviento deseémonos mutuamente la gracia y la paz de Dios nuestro padre y de Jesucristo, el Señor.

En el Evangelio de Marcos (13, 33-37), evangelista correspondiente a este ciclo B que hoy iniciamos, leemos
 Mirad, vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento”.
Esta invitación a vivir vigilantes, será el hilo conductor del tiempo de Adviento. La vigilancia es un imperativo ético en todas las edades y situaciones de la vida de un ser humano. Cuando desaparece la vigilancia aumenta el riesgo y la posibilidad de corrupción y decadencia, tanto en la vida corporal, como en la vida social y en la vida religiosa. Un creyente serio y responsable es siempre una persona vigilante, con una vigilancia activa y esperanzada. Se nos pide que vivamos siempre vigilantes y preparados, para que cuando el Señor llegue nos encuentre bien preparados para poder recibirle con dignidad cristiana. No se trata sólo de preparar con dignidad cristiana las fiestas de la Navidad, sino de vivir siempre bien preparados y dispuestos para que cuando venga el Señor a nuestras vidas nos encuentre bien preparados. En este primer domingo del Adviento hagamos el propósito firme de ser siempre personas espiritualmente activas, para que cuando el Señor venga a nuestro encuentro, no nos encuentre dormidos.