martes, 16 de septiembre de 2014

¿Por qué lloro Jesús al llegar cerca de Jerusalén?


¿Por qué lloro Jesús al llegar cerca de Jerusalén?
Iglesia Dominus Flevit, Jerusalén
Según el capítulo 19 del Evangelio de Lucas, cuando Jesús se acercaba a Jerusalén, estaba mirando al Templo desde el Monte de los Olivos y lloraba por la futura destrucción de la ciudad. El predicaba que los enemigos derribarán el templo, y no dejaran "en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación" (Lucas 19:44)
Iglesia Dominus Flevit, Jerusalén
La mayoría de las personas asume que la frase "tu visita" significa la visita de Dios a la ciudad en la persona de Jesús. Esta no es la única explicación  posible. La palabra "visita" en Griego es episkopē, que significa "vigilar, proteger". Es la raíz de la palabra “episcopal” que significa “tener que ver con el obispo”, el cual supervisa la iglesia. Así que Jesús dice también que Jerusalén caerá porque sus habitantes no reconocieron su propia obligación de "cuidarla". La clase dirigente estaba demasiado ocupada con sus propios asuntos privados para atender adecuadamente a los marginados y demasiado corrupta para cuidar adecuadamente el carácter público de la ciudad. Tal como se pronosticó, esta falta de “supervisión” resulto en la destrucción de la ciudad solamente cuarenta años después de la visita de Jesús.

La debilidad de Jesús.


La debilidad de Jesús

" Él en persona, débil, nutre a los débiles, como la gallina a sus pollos, pues a ésta se hizo similar: ¡Cuántas veces quise, dice a Jerusalén, congregar a tus hijos bajo las alas, como gallina a sus pollos, y no quisiste! Por vuestra parte, hermanos, veis cómo la gallina se enferma con sus pollos. No se conoce ave ninguna que sea madre. Vemos a varios pájaros hacer el nido ante nuestros ojos; cada día vemos que golondrinas, cigüeñas, palomas hacen su nido, pero sólo al verlos en el nido reconocemos que son padres. La gallina, en cambio, enferma por sus polluelos de tal modo que, aunque ellos mismos no la sigan y no veas a los hijos, sin embargo, reconoces a la madre. Así sucede
por las caídas, las plumas erizadas, la voz ronca, todos sus miembros caídos y bajos, de manera que, como he dicho, aunque no veas a los hijos, entiendes que es madre. Así, pues, es Jesús enfermo, fatigado del viaje. Su viaje es la carne asumida por nosotros. Por cierto, ¿cómo está de viaje quien está en todas partes, quien nunca está ausente? ¿A dónde va o por qué va, sino porque no vendría a nosotros si no asumiera la forma de la carne visible? Porque, pues, se ha dignado venir a nosotros, apareciendo, asumida la carne, en forma de esclavo, esa asunción de la carne es su viaje. Por eso, «fatigado del viaje» ¿qué otra cosa significa sino fatigado en la carne? Jesús es débil en su carne; pero tú no te debilites; tú sé fuerte por su debilidad, porque lo que es débil de Dios es más fuerte que los hombres". (TRATADO 15 Comentario a Jn 4,1-42, predicado en Hipona en junio de 407).

sábado, 13 de septiembre de 2014

Comentario a las lecturas del domingo 14 de Septiembre. Domingo XXIV del Tiempo Ordinario La Exaltación de la Santa Cruz

Comentario a las lecturas del domingo 14 de Septiembre.

La fiesta de la exaltación de la cruz no significa que el cristianismo proclame una exaltación del sufrimiento, del dolor o del sacrificio por el sacrificio. Si así fuera, el Dios que pide esto de nosotros sería un Dios sádico que no merecería nuestro amor. Lo que exaltamos en esta fiesta no es la cruz (un instrumento más de tortura y ejecución como el cadalso o la silla eléctrica). Lo que exaltamos es el amor incondicional de un Dios que compartió nuestra condición humana y se comprometió con la realización del Reino hasta el final. Exaltamos al Crucificado que, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Y exaltamos a Dios que, como Abrahán, entregó a su Hijo Único, a su amado, para que todos tengamos vida en su nombre.
Es la fiesta de la entrega del AMOR.

La primera lectura, del libro de los Números, nos sitúa junto al pueblo de Israel en el camino hacia la tierra prometida. El pueblo, que tiene hambre y sed en el desierto, murmura contra Dios y contra Moisés. La murmuración es su gran pecado, pues expresa la desconfianza en el amor y el poder de Dios para cumplir lo que ha prometido: sacarles de la esclavitud y llevarles a una tierra fecunda, que mana leche y miel. Entonces le sobreviene al pueblo un castigo: serpientes venenosas provocan la muerte de muchos. El pueblo reconoce su pecado y pide a Moisés que interceda ante Dios por ellos. Dios les da la curación a través de un signo: una serpiente de bronce elevada sobre un mástil, a la que todos los mordidos debían mirar para vivir.
San Pablo explica este amor con  el himno  proclamado de la Carta a los Filipenses  en la segunda lectura.
Lo explica con un doble movimiento de Jesús: descenso y ascenso.
El primer momento ocurre en la Encarnación. Dios se hace hombre y se abaja, se vacía, “se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. Y ese fue el estilo de toda su vida. Así lo continúa diciendo San Pablo: “Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz”. El primer movimiento es un abajamiento, una entrega. Jesús entrega toda su vida por amor a la humanidad, a cada persona, a ti y a mí. La vida de Jesús, desde el principio, hasta el final, es una entrega por amor.
El segundo movimiento es de ascenso. Dios abraza y acoge a su Hijo Jesús, que ha hecho de su vida una entrega sin límites. Y viene el segundo movimiento: el ascenso, la exaltación. “Por eso (por ese amor tan grande) Dios lo levantó sobre todo… de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble…”. Dios no deja a su hijo en la muerte, sino que lo resucita, lo ensalza, lo eleva sobre todo. La exaltación de la Santa Cruz es la exaltación del amor más grande, la elevación del que se había abajado y anonadado (“todo el que se humilla será ensalzado”).
Y cuando Jesús se lo está explicando a Nicodemo (texto del evangelio), se lo dice usando dos palabras: “tanto amó…”. Tanto…
Hoy exaltamos el símbolo de nuestra fe cristiana porque, entre otras cosas, detrás de la puerta de la muerte, se encuentra la antesala de la vida. 
Hoy exaltamos la cruz porque, ella, sostiene un cuerpo que nos trae libertad, afán de superación, fe, esperanza y ganas de resucitar. La cruz nos recupera, nos rescata… ¡nos redime!
Hoy exaltamos la cruz porque, cuando las cosas se nos presentan en contra, sabemos que –cumplir la voluntad de Dios y ver a Dios en todo- nos hace esperar un mañana más feliz, una mañana de resurrección, un amanecer con respuestas.
Hoy exaltamos la cruz porque, entre otras cosas, los cristianos sabemos que, el amor de Dios, ha sido roturado, sacrificado, molido por el hombre en beneficio del propio hombre. Tal vez nunca lleguemos a entender en toda su profundidad el Misterio que ello abarca.

Para nuestra vida cotidiana no olvidemos que " LAS CRUCES CON AMOR SALVAN, SIN AMOR DESTRUYEN".

Lecturas. 14 de septiembre de 2014. XXIV Domingo del Tiempo Ordinario La Exaltación de la Santa Cruz


PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS NÚMEROS 21,4b-9
En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
--¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
--Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
--Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Palabra de Dios



SALMO RESPONSORIAL
SALMO 77
R.- NO OLVIDÉIS LAS ACCIONES DEL SEÑOR.
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclinad el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R.

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES 2,6-11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios
ALELUYA 2 Cor 5, 19
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
--Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen el él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Palabra del Señor

viernes, 12 de septiembre de 2014

La cruz por sí misma no salva.

"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera".
La cruz por sí misma no salva; lo que nos salvó fue el amor con el que y por el que Cristo aceptó morir en la Cruz.
Contemplamos la cruz en la que murió Cristo porque Cristo, muriendo en la cruz, nos dio la más grande prueba de su amor: nadie ama tanto a sus amigos como el que da la vida por ellos.
En el famoso soneto a Cristo crucificado se dice que lo que mueve realmente al que contempla a Cristo en la cruz es el amor: muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera que aunque no hubiera cielo yo te amara, aunque no hubiera infierno te temiera.
La religión cristiana no es una religión del sufrimiento: no amamos el dolor por el dolor, no nos gusta sufrir; amamos el dolor que salva, no porque duele, sino porque salva.
Dios es amor y sólo por amor nos ha salvado: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Cuando pedimos a Dios, todos los días, que por la señal de la santa cruz nos libre del mal, lo que realmente le pedimos es que sea su amor misericordioso el que nos guarde del mal. Dios quiere nuestro bien y que seamos felices, porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Cruces no nos van a faltar a lo largo de nuestra vida y nosotros, con amor y por amor, debemos hacer de estas cruces instrumentos de salvación, porque las cruces, llevadas con amor nos salvan, pero, si nos falta el amor nos destruyen.
Contemplando la cruz, ensalcemos el amor de Dios que, para salvarnos, aceptó, con amor y por amor, morir en una cruz. La cruz cristiana es una cruz redentora porque es la expresión máxima del amor redentor y misericordioso de Dios, nuestro Padre.

sábado, 6 de septiembre de 2014

"Si tu hermano peca, repréndelo a solas..." XXIII Domingo del Tiempo Ordinario 7 de septiembre de 2014

"Si tu hermano peca, repréndelo a solas..."

Cada domingo nos reunimos en el nombre del Señor. Somos su Pueblo. Somos los hermanos convocados por Él. Y Él está en medio de nosotros, sirve a la Mesa y nos reparte el Pan, que es su Cuerpo. Su amor le lleva a entregarse completamente por todos y cada uno de nosotros, sus hijos. Y eso lo vemos aquí, en la Eucaristía. Somos la comunidad de los hermanos que se reúnen y reconocen la presencia de Dios en esta asamblea. Pero también somos los hermanos necesitados de perdón y conversión, porque no estamos exentos del pecado. Y sobre esto, leía dos definiciones sobre conversión y pecado que van muy unidas al sentir de la Palabra de Dios de hoy.
La Palabra de Dios de este domingo nos propone hasta cinco temas de reflexión: la corrección fraterna, el amor al prójimo como resumen de todos los mandamientos, la facultad de perdonar los pecados, la eficacia de la oración en común y la presencia del Señor en medio de la comunidad.
El Evangelio nos invita a la corrección fraterna. Hoy no está de moda la corrección fraterna; en otros tiempos sí. Antiguamente los padres corregían a sus hijos, los maestros a sus discípulos, los curas a sus feligreses y, en general, los considerados socialmente superiores tenían derecho a corregir a sus inferiores. Hoy, en parte, ya no es así. ¿Por qué? Seguramente, que por muchas razones que yo ahora no sabría enumerar. Quizá porque todos hemos crecido mucho en autonomía personal y, en parte también, porque hoy día la gente no quiere complicarse la vida corrigiendo a los demás.
Simplificando mucho, la corrección fraterna es hoy tan importante como antes. Lo que debe cambiar, para bien, es la forma y maneras de hacer la corrección fraterna. Lo de “tienes que hacer esto porque lo digo yo que soy tu padre, o tu maestro, o tu superior” ya no vale. Hoy, más que nunca, la corrección fraterna sólo será valiosa si la persona corregida ve la corrección como expresión del amor de la persona que corrige. No te corrijo porque soy tu padre, o tu maestro, o tu superior, sino porque te amo y vivo preocupado por ti y de ti. También el talante y el clima de la corrección deben cambiar: la corrección debe estar acompañada y envuelta en un clima de sencillez, de cariño y, sobre todo, de humildad. En cualquier caso, debemos reconocer que muchas veces la corrección fraterna es difícil de realizar y algunas veces hasta im
Quedémonos  con estas palabras del evangelio de hoy. "Si tu hermano peca, repréndelo a solas...", estas palabras reflejan el mensaje salvador de Cristo que nos recuerda que el hombre no puede desentenderse de su prójimo. Considera que todos somos hermanos y que nadie puede pensar tan sólo en sí mismo. Los pecados ajenos no pueden dejarnos tranquilos, lo mismo que no podemos eludir las necesidades ajenas, si está en nuestras manos el aliviarlas. Por eso cuando alguien obra mal, tenemos la obligación de corregirle, de advertirle de su error. Y eso hecho por amor y con amor, buscando el bien del prójimo y no nuestra propia satisfacción o vanagloria. Ha de ser una corrección de hermano a hermano, a solas y con prudencia, sin humillar en lo más mínimo. Con el deseo sincero de levantar a quien ha caído, persuadidos de que también nosotros podemos caer.



XXIII Domingo del Tiempo Ordinario 7 de septiembre de 2014

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
7 de septiembre de 2014

Lecturas

PRIMERA LECTURA
LECTURA DE LA PROFECÍA DE EZEQUIEL 33, 7-9
Así dice el Señor:
--A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "Malvado, eres reo de muerte", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.
Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 94
R.- OJALÁ ESCUCHÉIS HOY LA VOZ DEL SEÑOR: "NO ENDUREZCÁIS VUESTRO CORAZÓN"

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.-

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.-

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 13, 8-10
Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el "no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás" y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.
Palabra de Dios.

ALELUYA 2 Cor 5, 19
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.


EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
--Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Palabra del Señor.

domingo, 31 de agosto de 2014

Comentario del EVANGELIO DEL DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

Hoy nos fijamos especialmente en estos tres verbos que aparecen en el evangelio en boca de Jesús: salvar, perder y encontrar.
Así los une Jesús:
“si uno quiere SALVAR su vida, la PERDERÁ; pero el que la PIERDA por mí, la ENCONTRARÁ”.
Y creo que esta dinámica es de esas paradojas que tiene el evangelio, pero que me parecen encantadoras, porque nos invitan a “darle la vuelta” a la manera de entender a Dios que muchas veces tenemos y que es demasiado “cuadriculada”.

Fijémonos en Pedro. Acaba de hacer la confesión de fe más importante de su vida y ya la ha estropeado.
Cuando Jesús anuncia su destino de pasión, muerte y resurrección, Pedro le dice que “ni hablar”, que “¡no lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte”. No ha entendido aún como actúa Dios.
No sabe que Dios es capaz de sacar Vida Eterna de un madero escandaloso como fue la Cruz.
Por eso nos invita a “transformarnos por la renovación de la mente”, es decir, a tener los ojos bien abiertos, y todos los sentidos, para descubrir a este Dios tan paradójico al que le encanta sorprendernos por donde menos lo esperamos.
Y casi siempre, aunque andamos buscándole por fuera, está más dentro de nosotros de lo que nos podemos imaginar.

Jesús, en el evangelio de este domingo veraniego, nos advierte que para que destelle Dios con toda su magnitud en nosotros, no hemos de ser obstáculo. El sufrimiento y la cruz, o dicho de otra manera, las contrariedades, oposición, zancadillas, sinsabores, incomprensiones, etc., lejos de rehusarlas hemos de aprender a valorarlas y encajarlas desde ese apostar por Jesús de Nazaret en un contexto social donde, a veces, se oyen más las voces de los enemigos de Dios que la labor transformadora de aquellos que creemos en El.
¿A quién le apetece un camino con espinas? Jesús nos lo adelanta. Y los primeros testigos del evangelio (apóstoles y mártires) lo vivieron en propia carne: ser de Cristo implica estar abierto a lo que pueda venir. Incluso dar la vida por El.

EVANGELIO DEL DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
31 de agosto de 2014

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16- 21- 27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

-- ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

-- Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

-- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Palabra del Señor

Cada semana el comentario del Evangelio.

Nuestro Movimiento de Jerusalen a Betania os ofrece cada semana el comenatrio del Evangelio.

Oración preparatoria
Invocación del Espíritu Santo.
Es importante orar al Espíritu Santo para que descienda sobre el grupo de orantes.. Cuando uno se deja llevar por el Espíirtu lo tiene todo. La gente se equivoca al invocar solamente a los Santos cuando piden algo.
El Espíritu Santo es quien nos guía siempre en el camino de la Santidad. San Pablo nos explica que no puede haber autentica oración sin la presencia del Espíritu en nosotros. En efecto, escribe: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables…” (Rm 8, 26-27)
 Texto base para entablar el diálogo con Dios.

Del santo Evangelio según san Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trato de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es del de Dios, sino el de los hombres!”.
Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras”.
Palabra del señor.
Meditación (profundización propuesta, si bien se sugiere sea algo personal)
«El relato del evangelista Mateo nos dice en primer lugar que el reconocimiento de la identidad de Jesús pronunciado por Simón en nombre de los Doce no proviene “de la carne y de la sangre”, es decir, de su capacidad humana, sino de una particular revelación de Dios Padre. En cambio, inmediatamente después, cuando Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección, Simón Pedro reacciona precisamente a partir de la “carne y sangre”: Él “se puso a increparlo: … [Señor] eso no puede pasarte”. Y Jesús, a su vez, le replicó: “Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo…”. El discípulo que, por un don de Dios, puede llegar a ser roca firme, se manifiesta en su debilidad humana como lo que es: una piedra en el camino, una piedra con la que se puede tropezar» (Benedicto XVI, 29 de junio de 2012).
Diálogo con Cristo
Dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, a partir de lo que haya llegado al propio interior, de lo que te haya dicho wl Señor con su Palabra.
Propósito (es mejor que surja del diálogo íntimo que se ha tenido con el Señor)
Procurar ir a la celebración de la misa dominical con la familia, invitándola a quedarse unos minutos ante el Sagrario para pedir la gracia de saber ser fieles al gran regalo de la Fe.