sábado, 28 de febrero de 2015

Comentarios a las lecturas del II Domingo de Cuaresma. 1 de marzo de 2015

Hoy podríamos decir que el hilo conductor tiene un tema reiterativo: la montaña y el ascenso. de la primera lectura el monte Moria. Años después David escogió el monte Moria para edificar su palacio y Salomón allí elevó el templo que lleva su nombre. Si se trata del mismo sitio, estaríamos refiriéndonos al espacio que ocupaba el santuario y que hoy lo hace la “domo de la roca” mal llamada mezquita de Omar. Para conseguir una gran explanada donde acotar el templo central de la Fe hebrea, fue necesario levantar unos grandes muros que abarcaban la superficie necesaria para albergar todo el complejo de culto judío.
El otro monte el Tabor, hoy luce con todo su esplendor.
Del ascenso cada uno de nosotros vivimos el ascenso al calvario con nuestras cruces. Revivimos las promesas del tabor a través de la vida litúrgica de la iglesia, que nos permite tener la Fe de Abraham y la vida plena de Cristo: el muerto-resucitado.

La primera lectura (Génesis, 22, 1-2.9-13.15-18), nos presenta el sacrificio de Isaac.
Las horas que pasarían Abraham y Sara serían realmente terribles. Eso no lo puede pedir ni Dios. Ni necesita pruebas de este tipo… Pero la historia que cuenta el Génesis es no sólo hermosa, sino profunda y paradigmática. Se inspira en la costumbre de ciertas religiones primitivas. Abraham pudo llegar a sentir esa exigencia. El patriarca, camino del monte, es un modelo de obediencia y de fe. Abraham con el cuchillo alzado es un paradigma de la fe.
La escena de Abrahán dispuesto a sacrificar a su propio hijo Isaac, en el monte Moria, la hemos interpretado siempre como una muestra suprema de la fe de Abrahán y de su fidelidad y confianza en Dios. Y, junto a esta actitud está la actuación de Dios que le prometió una larga descendencia por su heroica fidelidad.  "Juro por mí mismo --oráculo del Señor--: Por haber hecho eso, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistaran las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido."
Aquí se ganó de verdad esa paternidad de todos los creyentes. Si hubiese retenido al hijo, su semilla hubiera terminado agotándose. Al desprenderse de él, se lo devuelven con una bendición que traspasa los siglos, con una promesa de infinitud.

El Salmo de hoy (115). es una expresión de la voluntad de cómo queremos caminar:
"CAMINARÉ EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR, EN EL PAÍS DE LA VIDA".
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo;
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti Jerusalén.

En la segunda lectura (Romanos, 8, 31b-34), San Pablo nos fortalece con sus palabras testimoniales. Ningún misterio, ningún desconcierto, ni el dolor ni la muerte, deben hacernos dudar del amor incondicional de Dios. Quien es capaz de morir literalmente por nosotros tiene derecho a nuestra confianza. "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?". Nuestra ley, nuestra ciencia y nuestra fuerza, son una persona: Cristo Crucificado. Él es el contenido de nuestra espiritualidad, de toda nuestra vida.
"Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?". Estas palabras son como un desafío, un reto audaz que San Pablo lanza a la cara de sus enemigos. Un grito  de victoria. "¿Quién nos separará del amor de Cristo? -se pregunta-. ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada...?".
Y sin embargo, se siente seguro, tranquilo, sereno, decidido, audaz, y feliz. Él sabe que vive entregado a la muerte cada día, todo el día. Pero él dice: "En todas estas cosas vencemos por aquél que nos amó. Porque persuadido estoy de que ni la muerte, ni la vida, ni poder alguno por grande que sea, podrá separarnos del amor que Dios nos tiene y que nos ha manifestado en Cristo Jesús".
Toda esta esperanza se fundamenta en el amor incondicional de Dios, que no perdono ni a su propio Hijo. "Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por el amado". Y Dios entregó su vida por los hombres. El Padre Eterno no escuchó la súplica del Hijo que pedía, con lágrimas y sudor de sangre, que pasara su cáliz y dolorosa pasión.

Hoy el evangelio (Marcos, 9, 2, 10), nos proclama el relato de la  TRANSFIGURACIÓN.-
Jesús se retira con los más íntimos a la montaña, al Tabor, alta colina que destaca en las planicies de Galilea, atalaya desde la que se divisa a lo lejos el reflejo azul del lago de
Genesaret y el valle de Yiztreel. El lugar, invita a los visitantes a la contemplación: Allí el espíritu se eleva y Dios parece estar más cerca. Es lugar propicio para la oración, para comunicarse con el Creador, esplendido en la altura, visible casi en la grandeza majestuosa de los hondos abismos y de las escarpadas rocas.
La grandiosidad de la cima del Tabor se llenó con la luz que Cristo irradiaba. Toda la gloria que se ocultaba tras los velos de la humanidad se dejó ver por unos instantes. Fue tanto el resplandor de aquella transformación que los apóstoles quedaron extasiados, como fuera de sí, sin saber con certeza lo que pasaba. Un gozo inefable les colmaba por dentro, y a Pedro sólo se le ocurre decir que allí se estaba muy bien, y que lo mejor era hacer tres tiendas. Y no moverse de aquel lugar. Estaban en la antesala del Cielo, recibían una primicia de la visión beatífica. El recuerdo de aquello es siempre un estímulo para los momentos oscuros, cuando la esperanza haya muerto y necesitemos que florezca de nuevo.
Moisés y Elías acompañaban a Jesús glorioso y hablaban acerca de su pasión, muerte y resurrección. La escena narrada, con sus luces y sombras hace entrever el duro combate que había de librar Jesús , y también su gran victoria sobre la muerte y el dolor, su definitivo triunfo que alcanzaría a quienes siguieran sus pisos... La voz del Padre resuena desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escuchadle. El Amado, el Unigénito", la impronta radiante del Padre Eterno. Con razón se admiraba San Juan del gran amor que Dios tiene al mundo, cuando por él entregó a su mismo Hijo, aun sabiendo que lo clavarían en la Cruz. Pero aquella fue la inmolación que nos trajo la salvación y remisión de nuestros pecados.

¡Hermosas y sugerentes las enseñanzas  de las lecturas de hoy para nuestra vida!.
En la primera lectura nos encontramos con la fe ejemplar de Abraham: a Dios no se le discute ni regatea nada. Es verdad que le pide todo su amor y su esperanza; pero Isaac, el hijo de la promesa es más de Dios que suyo; y si Dios le ha dado un hijo en su vejez, puede seguir multiplicando su semilla.  
¡Cuantas veces Dios nos pide bastante menos que a Abraham y nosotros le damos la callada por respuesta, preferimos nuestras efímeras seguridades terrenales!.
La lección que queda para nosotros, es clara. debemos ser fieles a Dios, en medio de las mayores dificultades, pero Dios no quiere que nuestra fidelidad a él vaya en contra de la vida de ninguna persona inocente. Matar a una persona en nombre de Dios es una ofensa gravísima a Dios. Esta voluntad del Dios de Abraham, es plenamente válida, cuando hoy  grupos islámicos apelan a Ala (el mismo Dios de Abraham), para infringir la muerte.
El testimonio de San Pablo, nos es de gran valor para nosotros cristianos en el siglo XXI. Él es consciente de las dificultades que hay en su vida (también en muchos cristianos, contemporáneos nuestros), de las persecuciones que sufre, de las calumnias que han propagado contra él, de la incomprensión de los que podían y debían haberle comprendido. Él sabe que hay muchos que desean su muerte, está seguro de que terminará sus días en la cárcel, condenado injustamente a muerte, a una muerte violenta, al martirio.
Ante los constatados hechos del amor de Dios, constatados por San Pablo, ¿cómo podemos permanecer insensibles, cómo podemos caminar de espaldas a Dios, cómo podemos vivir una vida tan mediocre y aburguesada, cómo podemos olvidar a quien tanto nos ama?.
Del relato del Evangelio, ¿cómo no escuchar la voz de quien tanto nos amó?, ¿cómo no atender las palabras de quien murió por salvarnos?. Oír su doctrina luminosa, escenificada en el Tabor, hacerla vida de nuestra vida. Subir a la montaña escarpada de nuestros deberes de cada día, grandes o pequeños; escalar con ilusión los caminos tortuosos de cada día de nuestra vida, con la esperanza cierta de llegar a la cumbre y contemplar extasiados la gloria del Señor.
La Transfiguración del Señor fue un momento esplendido, de felicidad plena, pero ¡que pronto llegó la nube!, y los  apóstoles tuvieron que bajar a la áspera y complicada vida de cada día. ¿Es que la visión del Cristo transfigurado no les sirvió para nada a los apóstoles? Sí, y mucho, pero en clave de esperanza. Jesús acababa de anunciarles la inminencia de su muerte y del duro camino que les aguardaba en la subida hacia Jerusalén. Pedro –siempre tan espontáneo y hasta temerario- le criticó entonces a Jesús duramente. Jesús le dijo entonces a Pedro que hablaba como Satanás, porque pretendía suprimir el dolor del camino de su vida. El Tabor definitivo, la resurrección gloriosa, llegaría a su tiempo, paro antes tendrían aún que subir al monte del Calvario. Y en esa historia estamos nosotros, creyentes del siglo XXI.
Hoy, con el evangelio en la mano, podríamos preguntarnos si en algún momento (ante los amigos, enemigos, cercanos o lejanos) hemos dado firme testimonio de nuestra fe. O si, tal vez, por miedo al rechazo preferimos esconder la fe.

Lecturas del II Domingo de Cuaresma 1 de marzo de 2015


 Oremos por los martires de este siglo XXI-


PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS 22, 1-2.9-13.15-18
En aquellos días Dios puso a prueba a Abrahán llamándole:
-- ¡Abrahán!
Él respondió:
-- Aquí me tienes.
Dios le dijo:
-- Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo en sacrificio, sobre uno de los montes que yo te indicaré.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí un altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor gritó desde el cielo:
-- ¡Abrahán, Abrahán!
Él contestó:
-- Aquí me tienes.
Dios le ordenó:
-- No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
-- Juro por mí mismo --oráculo del Señor--: Por haber hecho eso, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistaran las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.
Palabra de Dios



SALMO RESPONSORIAL
SALMO 115
R.- CAMINARÉ EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR, EN EL PAÍS DE LA VIDA

Tenía fe, aun cuando dije:
“Qué desgraciado soy."
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de tus fieles. R.-

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. R.-

Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo;
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti Jerusalén. R.-



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8, 31b-34
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica, ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
Palabra de Dios



ACLAMACIÓN Mt 17,5
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre: “Ese es mi Hijo, el Amado, escuchadle”

EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 2, 10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
-- Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
-- Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:
-- No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor

sábado, 21 de febrero de 2015

Comentarios a las lecturas del I Domingo de Cuaresma 22 de febrero de 2015

"Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados  sobre vuestras fuerzas, antes dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla  (1 Cor 10, 15)
Hoy hay  una relación muy bien entretejida, entre los textos litúrgicos para enseñarnos la ayuda de Dios en nuestro caminar terrenal.
En la primera lectura (Génesis, 9, 8-15) aparece la voluntad de Dios de hacer un pacto con la humanidad en la persona de Noé: este pacto no está condicionado a la respuesta del hombre, sino que se basa única y exclusivamente en el amor y la misericordia de Dios. "Dijo Dios a Noé y a sus hijos: yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes".
Después del diluvio, Dios promete a Noé un pacto, una Alianza: no volverá a haber otro diluvio que devaste la tierra. En esta voluntad divina de la Alianza, vemos como la misericordia de Dios es más grande que el pecado del hombre. Esto debe de llenarnos de agradecimiento a Dios y debe animarnos a serle fieles, movidos más por su amor, que por el miedo a sus castigos. Lo mismo que la misericordia de Dios para con nosotros se basa únicamente en su amor incondicional a nosotros, así nosotros debemos responder con fidelidad al amor de Dios. Las normas morales que se basan únicamente en el miedo al castigo, aunque sea pedagógicamente, no son, teológicamente, las más fieles a la realidad narrada en los textos bíblicos.

El salmo responsorial (Salmo 24), de hoy resume esta realidad de la misericordia divina anunciada ya en la primera lectura.
TUS SENDAS, SEÑOR, SON MISERICORDIA Y LEALTAD PARA LOS QUE GUARDAN TU ALIANZA.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y con tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
San Pedro en su Primera Carta (3, 18-22), nos recuerda que llegada la plenitud de los tiempos, se obró un gran prodigio en favor de los humanos. La salvación no fue pura quimera, fue una realidad al alcance de todos y cualquiera, gracias a la obra de Jesús.  Él Hijo de Dios , trae la salvación universal  a todos. Muchos esperaban la salvación desde los tiempos de Noé y hasta antes. La Palabra de Dios sigue viva y eficaz. En este inicio del tiempo de Cuaresma, la Palabra ha de llevarnos a una conversión más profunda, a un sentirse impregnados, por el mensaje, de salvación que nos anuncia y proclama la Palabra.
 En Evangelio de hoy (Marcos, 1, 12- 15 ) nos presenta las tentaciones de Jesús en el desierto. "El Espíritu empujó a Jesús al desierto". El desierto, en la vida de cualquier persona, es un camino inherente a la condición y naturaleza humana. Hablar de desierto en el camino de la vida cristiana es hablar de momentos difíciles por los que tendremos que pasar. Pueden ser dificultades físicas, en forma de enfermedad, o dificultades psicológicas y espirituales, en forma de crisis interiores y tentaciones, o problemas sociales, en forma de dificultades económicas, relaciones laborales o familiares. Todos los santos y todas las grandes personas tuvieron que pasar por desiertos interiores o exteriores, antes de llegar a ser lo que fueron.
También Cristo, como hemos visto  hoy en este relato de san Marcos, tuvo que pasar por el desierto, antes de comenzar su vida pública. Y no lo hizo empujado por sus deseos más naturales, sino empujado por el Espíritu. El desierto fue para Jesús un lugar de privaciones materiales y de tentaciones espirituales, el desierto es lugar de prueba y de fortalecimiento. También todos nosotros deberemos aceptar los momentos de desierto interior y exterior, si queremos caminar fuertes en nuestra vida.
En la Liturgia de las Horas hay un himno que nos habla del desierto de nuestro corazón. Nos puede servir de meditación.


Hoy sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar la mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén
( Lunes II semana, laudes)  (Anónimo)


 Jesús, el protagonista, llevado al desierto por el Espíritu, es tentado por el maligno, en esos los míticos cuarenta días. Se dejó tentar, permitió que fuera atacado por los enemigos peores que el hombre tiene, aquellos que surgen de su mismo interior. El hambre que procede del estómago, era expresión de otras muchas tentaciones, más difíciles de superar. Vivía entre alimañas, servido por ángeles. Exactamente como nosotros nos sentimos rodeados, atacados, pero protegidos por el  favor de Dios que nos ayudara a superar las tentaciones. En los caminos de la vida Dios nos ofrece su ayuda, su colaboración

Resumiendo  el contenido de las lecturas, nos percatamos de que estamos llamados a  iniciar este tiempo de Cuaresma , percatándonos de que el mal y la tentación están cerca de nosotros. En este domingo se nos sitúa ante nuestra responsabilidad en las tentaciones de la vida. La tentación está ahí, acecha a todo ser humano. Lo malo no es ser tentado, Jesús también lo fue, lo malo es caer en la tentación. Está nuestra capacidad de elegir: de consentir o de vencer. El evangelio de Marcos en este primer domingo de Cuaresma nos presenta este lado profundo y real  del mal. Pero también presenta a otras realidades que nos ayudaran a buscar y vivir en el bien: El Espíritu, Jesús, Dios y su proyecto. Toda vida humana pasará la prueba de la tentación. La tentación es la posibilidad, siempre presente, de abrirle las puertas a fuerzas que se oponen al proyecto fraterno de Dios. El seductor es el que me aparta de mí mismo. Una gran tentación es eludir nuestras responsabilidades y así vernos libres del trabajo que comporta una vida entregada a la misión que Jesús nos encomienda. Sin embargo, en nosotros hay una llamada a dejarnos guiar por el Espíritu, a optar por Dios como compañero de camino, nunca para manipularlo y servirnos de Él, sino para que se realice el destino de vivir en libertad, pese al “poder de las tinieblas”. No olvidemos que el actor principal de la tentación es ya un ser vencido por la muerte y resurrección de Cristo. tendrá sus artimañas pero es ya un derrotado.
La Cuaresma es un tiempo de conversión y por ello es un tiempo privilegiado para la oración. La oración es esencial para entender y comprender la voluntad de Dios. Y si no la entendemos ni la comprendemos es porque, muchas veces, no valoramos los desiertos de la oración, el silencio, la reflexión o la lectura asidua de la Palabra de Dios.
Que el Señor nos ilumine en este tiempo de camino a la Pascua:
a) Ante la tentación del materialismo, el saber defender el “ser” antes que el “tener”. Cuántos hermanos nuestros viven en situaciones de dificultades y de desencanto porque no han sabido medir ni controlar su avaricia
b) Ante el incentivo de la vanidad hay que adorar al Único que se lo merece: a Dios. La vanagloria, los aplausos y el engreimiento son fiebres que se pasan en cuatro días ¿Qué queda luego? Las secuelas de las grandes soledades.
c) Ante la incitación del poder, el dominio de uno mismo. El poder en la vida de un cristiano es el servir con generosidad y el ofrecer sin esperar nada a cambio.
En esta cuaresma se nos invita a dedicar tiempo a analizar nuestras tentaciones más frecuentes y nuestra actuación en  ellas.  Si vivimos en intimidad con el Señor Dios, Él  no permitiría que la tentación supere nuestras fuerzas, ni nuestra capacidad de evitarla. Y, sin embargo, caemos una y otra vez. La realidad es que cuando se analiza nuestra caída y la naturaleza del pecado cometido  vemos que a veces, demasiadas veces ha sido por imprudencia . Vamos directamente al engaño por falta de cuidado o reflexión.. La  realidad es que la tentación existe, que es persistente, si le dejamos sitio. Y la mejor forma de salir de ella es no dar pábulo a sus argumentos. Ahí lo de huir no es de cobardes, sino de perspicaces e inteligentes.
"Quien quiera servir a Dios  puede contar con tentaciones,  preparase contra ellas;   el mejor preparativo es armarse de fortaleza, para hacerles frente cuando vengan   (San Francisco de Sales)
El ocio y la pereza es origen de muchas tentaciones.la tentación nunca nos coge tan flacos como cuando estamos tan ociosos"...“No dejéis que se entretenga vuestro espíritu en pensamientos varios e inútiles; si se acostumbra a  éstos, luego pasará más allá, deteniéndose en los malos y nocivos”.(San Francisco de Sales).
“Combates tendréis y no pequeños, porque nuestros enemigos son muchos y muy crueles, por tanto no os descuidéis; si no, luego sois perdidos. Si los que velan aún tienen trabajo en guardarse, qué pensáis será de los descuidados, sino ser todo vencidos”  (San Juan de Ávila)
Las tentaciones actúan en el hombre de tres maneras:
 engañando el entendimiento con falsas ilusiones, por ejemplo: me salvaré aunque siga pecando, con esto seré feliz...
 Debilitando nuestra voluntad, debilitándolo a base de caer continuamente en la comodidad, la negligencia, la fantasía, dejándome llevar por la pereza, etc.
 instigando a los sentidos internos, principalmente la imaginación, ofreciendo imágenes sensuales, soberbias, odios, envidias etc.
La tentación sólo puede incitar a pecar, pero nunca nos puede obligar a pecar, porque la voluntad permanece dueña de la libertad. También contamos con la ayuda de Dios, su presencia, su Palabra, la gracia divina. La tentación es pecado, no cuando la sentimos, sino cuando voluntariamente la consentimos.
Pero estamos ya inmersos en la historia de Salvación divina.
San Juan de Ávila nos advierte: "el hombre que se cree a sí mismo no ha menester demonio que lo tiente, que él es demonio para sí."
 Esto es verdad, , pero también es verdad que detrás de cada tentación, directa o indirectamente, está el demonio. 
El oficio del demonio es tentar, llevar a los hombres a pecar. 
El demonio empieza con una sugestión o mera representación del mal y después sigue con  complacencia deliberada  y consentimiento de la libertad.
Las tentaciones se vencen con la frecuencia de los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, la oración, la mortificación de los sentidos, la abnegación del entendimiento y de la voluntad, la huida de las ocasiones de pecado y, sobre todo, con la oración. 
Santa Teresa nos advierte:"Son tantas veces las que estos malditos demonios me atormentan,
y tan poco el miedo que ya los he,
con ver que no pueden menear si el Señor no les da licencia…
Sepan que cada vez se nos da poco de ellos quedan con menos fuerza y el alma muy más señora…
Porque no son nada sus fuerzas si no ven almas rendidas a ellos y cobardes que aquí muestran ellos su poder” (Santa Teresa de Jesús)

Textos del Catecismo de la iglesia Católica para el Primer domingo de Cuaresma
CEC 394, 538-540, 2119: la tentación de Jesús
CEC 2846-2949: "No nos dejes caer en la tentación"
CEC 56-58, 71: la Alianza con Noé
CEC 845, 1094, 1219: el Arca de Noé prefigura la Iglesia y el Bautismo
 CEC 1116, 1129, 1222: Alianza y sacramentos (especialmente el Bautismo)
CEC 1257, 1811: Dios nos salva por medio del Bautismo

Lecturas. I Domingo de Cuaresma 22 de febrero de 2015


PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS 9, 8-15
Dios dijo a Noé y a sus hijos:
-- Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganados y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra.
Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.
Y Dios añadió:
-- Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive en vosotros, para todas las edades: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 24
R.- TUS SENDAS, SEÑOR, SON MISERICORDIA Y LEALTAD PARA LOS QUE GUARDAN TU ALIANZA.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.-

Recuerda, Señor, que tu ternura
y con tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.-

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.


SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 3, 18-22
Queridos hermanos:
Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Con este Espíritu, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en la que unos pocos --ocho personas-- se salvaron cruzando las aguas. Aquello fue un símbolo de bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro, que llegó al cielo, se le sometieron los ángeles, autoridades y poderes, y está a ala derecha de Dios.
Palabra de Dios


ACLAMACIÓN
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 12- 15
En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás, vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creer en el Evangelio.
Palabra del Señor

sábado, 14 de febrero de 2015

Comentarios Lecturas del VI Domingo del T O 15 de febrero de 2015 .

Comentarios Lecturas del VI Domingo del T O 15 de febrero de 2015


Hoy 14 de febrero se celebra ya en todo el mundo el “día de San Valentín”, pero en realidad en el nuevo calendario litúrgico, ese día se celebra a los santos Cirilo y Metodio, los hermanos monjes originarios de Tesalónica (actual Salónica, Grecia), que a principios del siglo IX, evangelizaron a los pueblos eslavos, y a quienes Juan Pablo II proclamó patronos de Europa.
El recordar a los patronos de Europa es un buen  inicio de las reflexiones de hoy desde la palabra proclamada.

La primera lectura ( Levítico,13, 1-2.44-46), nos enmarca en el tema del evangelio que la realidad de la lepra y su entorno social y religioso.

El salmo de hoy (Salmo 31), es expresión de la confianza en la obra sanadora y salvadora, realidad puente entre la primera lectura y la segunda y el evangelio. Sanación que rompe las barreras que separan a las personas, devolviendo la realidad inicial de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios.
TÚ ERES MI REFUGIO; ME RODEAS DE CANTOS DE LIBERACIÓN".
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor,
no le apunta el delito. R.-

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: "Confesaré al Señor mi culpa",
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.-

Alegraos, justos, con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R.-

En la segunda lectura (1 carta de los corintios, 10, 31;-11, 1), San Pablo responde a las cuestiones planteadas por los nuevos cristianos en Corinto, "Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para gloria de Dios". Los cristianos de Corinto le habían preguntado a san Pablo si se podían comer carnes previamente sacrificadas a los ídolos, así como otras cuestiones relativas a la liturgia de la comunidad, como el uso del velo de las mujeres, o la celebración de la cena del Señor de una forma determinada. San Pablo les pone delante su propio ejemplo y les dice que la ley suprema del cristiano es la caridad, no poniendo por encima de todo el bien propio, sino el de la mayoría, para que todos se salven. Todo deben hacerlo a la mayor gloria de Dios, sacrificando, cuando lo crean conveniente, su propio interés y sus preferencias particulares al bien común de la Iglesia. Se trata de construir la Iglesia de Cristo según la ley de Cristo, que no fue otra que la del amor a Dios y al prójimo. Pablo escribe que, sea lo que fuere, ya comamos o bebamos o hagamos cualquier cosa, la suprema norma de conducta cristiana es dar gloria a Dios. Pablo les ofrece su propio ejemplo y les invita a que le sigan en la medida en que él mismo sigue a Jesucristo.

El evangelio de hoy (Marcos, 1, 40-45), nos sitúa ante la realidad de la lepra  y el tratamiento que tenía en el pueblo judío. Las medidas tomadas por los sacerdotes respecto a la pureza tenían una finalidad en primer lugar de tipo higiénico: evitar el contagio; pero la finalidad más importante era de tipo cultico, ya que las afecciones descritas deforman la presencia externa del hombre. La no integridad física los hacía incompetentes para el culto. La persona declarada impura era alejada de la comunidad. El pueblo, propiedad de Dios, es santo y la impureza atenta contra esa santidad. El grito de "impuro" sirve de aviso para que los otros miembros de la comunidad no se le acerquen. Se les consideraba personas "apestadas", eran separados de la comunidad y del culto y tenían que vivir alejados de todos, como "excomulgados". La lepra, decían, era consecuencia de su pecado, el castigo por su mala conducta. No cabe duda de que la actitud ante ellos era sumamente humillante y vejatoria. El leproso vivirá solo hasta que sea declarado puro por el sacerdote.
Jesús se acerca al leproso y le toca con su mano. Dos actitudes, acercarse y tocar. Frente a la legislación rigurosa y discriminatoria que excluía a los leprosos, Jesús actúa con misericordia --poniendo el corazón en la miseria--. El cura y, sobre todo, pone sus ojos de amor en aquel hombre. Hemos de aprender a mirar no con nuestros ojos, sino desde los ojos y sentimientos de Jesús, que se fija en el necesitado y sale a su encuentro. Sólo pide fe, la confianza del leproso, que le dice: "Si quieres, puedes curarme". Y Jesús....le devolvió la salud y la dignidad. ¿Qué actitud tomamos ante esas personas que están tiradas al borde del camino? Comencemos ya ahora a tener actitudes de amor hacia el necesitado. La compasión, el consuelo, el cuidado de la persona herida, el ejercicio de la misericordia con el prójimo es lo que hoy día llamamos solidaridad. Es la participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro. No se trata de dar, sino de "darse", es manifestar al hermano sufriente que "lo que a ti te pasa, a mí me importa y me conmueve".

Resumamos las reflexiones de las lecturas de este domingo.
De la segunda lectura nos queda un claro mensaje: nadie puede dar gloria a Dios si desprecia olímpicamente la conciencia de los demás. Por eso es preciso no escandalizar a nadie, ni a los judíos ni a los gentiles, ni a los de fuera ni a los hermanos en la fe. Esto significa para los fuertes que no deben herir la susceptibilidad de los débiles, aunque no deben renunciar tampoco a confesar la libertad de los hijos de Dios ante los gentiles. Se nos invita a actuar teniendo en cuenta la situaciones concretas personales. Una actitud necesaria para nosotros creyentes hoy es buscar, por encima de todo, el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se nos dará por añadidura. El ejemplo de Pablo puede evitar hoy muchas tensiones inútiles dentro de la iglesia.
Del evangelio queda un ejemplo para nosotros y una llamada de atención: tenemos que acercarnos al necesitado, acogerle con cariño y estar dispuestos a tenderle nuestra mano. Las manos sirven a veces para golpear, para rechazar, para desplazar al otro. Jesús emplea su mano para perdonar, para acoger, para ayudar, para apoyar al que se tambalea, para guiar al que no encuentra el camino. Dios nos ama personalmente y apasionadamente. Lo ha demostrado en Jesús de Nazaret y lo podemos comprobar en la curación del leproso. Su amor está por encima de la justicia humana.
Para nuestra vida también nos presenta como ejemplar la actitud del leproso. El leproso del Evangelio viene hasta Jesús, se acerca a él. En nuestra vida, esto es lo primero que hemos de hacer, si queremos ser curados de la lepra de nuestra alma, acercarnos a Cristo, llegar hasta donde está él, oculto, pero presente en el Sagrario. Venir también hasta el sacramento de la Penitencia para confesar nuestros pecados con humildad, para que él nos perdone y nos dé fuerzas para no ofenderle nunca más.
Somos los hombres y mujeres de todos los tiempos quienes marcamos fronteras y divisiones innecesarias. Los que decretamos la bondad o la maldad de algunos de nuestros semejantes. Pero eso Dios no lo hace ni lo dice. Y es que el fondo de lo que dice Pablo hay una invitación a la unidad de todos, dentro del amor y en comunión con Dios. Y Pablo de Tarso no hace otra cosa que imitar a Jesús. Así es el Señor Jesús quien nos lo enseña mediante la palabra inspirada de Pablo.
Una perfecta vida burguesa, pasar de todo lo que se salga de los caminos trillados ya por la especie humana, conservaréis la calma, la paz. Y la tranquilidad de conciencia, se atreven a añadir. Sí, la paz de los perezosos, de los injustos políticamente correctos, como se dice hoy en día. Sin querer reconocer que se arrastra una vida injusta a la luz del mensaje evangélico. Como, bebo, visto, compro y miro, haciéndolo todo para la gloria de Dios, así lo afirmo, estoy convencido y basta, repiten. San Pablo en nombre de Dios nos dice: no seas motivo, con tu comportamiento, de que otros prescindan de Dios y crean que Él es injusto, caprichoso. Que te da a ti lo que a otros niega. Pensará así, al verte, al conocer la vida que llevas y reclamen a Dios justicia, para conseguir ellos, lo que tienes tú. Su reflexión será, tal vez, impropia, pero sumida en la tristeza de la que serás culpable.
Nuestro comportamiento en todo debe ser de tal manera, que nuestras decisiones las tomemos de acuerdo con las apetencias justas de los demás, no por lo que nos marque nuestro egoísmo. Ser indiferentes a los otros, sentir lástima por las víctimas de desgracias naturales, por las crisis económicas inesperadas, sin hacer nada por ellos, sin tener siempre presente que ser cristiano es compartir, es olvidar errónea e injustamente, el mensaje de Jesús.
Dediquemos esta semana que empieza (el miércoles comienza la Cuaresma -tiempo de conversión-) a meditar sobre esos caminos de amor a Dios y a los hermanos. !Ojala nos concienciemos profundamente sobre que barreras que nos separan del prójimo y no inventar –o favorecer-- leyes que nos separan de él o que traigan desigualdad y odio entre nosotros ¡. El leproso tuvo un acto de valentía y se acercó, contra todos y todo, a Jesús. ¿Qué actos de valentía evangélica estamos dispuestos a tener y adoptar en nuestra vida.

Lea el mensaje completo del Papa Francisco para la Cuaresma 2015 en: https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2015-44676/