sábado, 23 de julio de 2016

Comentarios a las lecturas de la Solemnidad de Santiago Apóstol 25 de julio de 2016 .

Hoy, celebramos con gozo la fiesta del apóstol Santiago y le consideramos como nuestro patrón y nuestro modelo de fe, hagamos el propósito de imitar su valor y su tesón en la defensa de la fe cristiana. Apóstol es el que trasmite la doctrina que ha recibido, el que vive la vida de aquel a quien se ha adherido, el que cree sin límites en aquel al que ha seguido, Santiago lo hizo hasta entregar su vida.
La tradición cuenta que Santiago predicó en España, al principio nadie le hacía caso. Eso le hacía sufrir, pero siguió según cuentan la Virgen, a orillas del Ebro, se le apareció... Santiago Apóstol se vio alentado por la aparición de Santa María Virgen en aquellos momentos malos en que Santiago no veía el fruto de su trabajo. Al cabo de los siglos aquella siempre floreció llenando de esplendor las páginas de la Historia.
La  historia narra el enterramiento en tierras de Galicia del Apóstol Santiago. No hay referencias claras a las tumbas de los Apóstoles. Es obvio que bajo la Basílica de Roma, junto a la sede del Vicario de Cristo, reposa el primer Papa: San Pedro. Y luego Santiago en tierras de Galicia. El año 830, Teodomiro, obispo de Iria, descubrió en Compostela el sepulcro del apóstol, dando comienzo desde entonces a las peregrinaciones (Camino de Santiago), que tanto auge tendrán entre los siglos X al XV.
Es cierto que no está acreditada históricamente, pero no es difícil pensar, sin gran margen de error, que el Apóstol estuviese en el actual territorio español, entonces llamado Hispania y provincia importante del Imperio romano. Como se sabe, se ha especulado mucho también sobre un viaje --o viajes-- de Apóstol Pablo a la península ibérica. El mismo anuncia en sus cartas la cercanía de tal visita. No hay constancia del viaje, pero eso no quiere decir que no se hubiera producido. Las referencias a la actividad apostólica son muy escasas. Solo están los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo. De ellas se sabe que solo han llegado a nosotros unas pocas y no enteras. La secuencia histórica de tal actividad está más que incompleta. Y en ese sentido lo mismo puede ocurrir con Santiago. Poco importa. que hay muchos detractores respecto a la veracidad del trabajo pastoral de Santiago en España. Desde el punto de vista documental ninguna de las dos posiciones puede ser confirmada, pero la herencia de muchos años y los frutos de fe ahí están. La importancia de esa presencia da un contenido permanente a la Historia de España y no por exclusivas razones políticas o civiles. Santiago es origen de la fe católica en España.
El llamado Camino (o caminos) de Santiago supuso, durante toda la Edad Media y no poco de la Moderna, el segundo punto obligado de peregrinación en Europa. El primero era Roma. Al amparo de ese recorrido se fue consolidando la realidad europea y bien puede decirse que la corriente espiritual cristiana –espacio permanente de conversión a la Palabra del Señor Jesús-- más densa, laica y culturalmente más fuerte salió de dicho camino y de sus caminantes: los peregrinos. El Apóstol Santiago se iba a convertir en el auténtico faro, en la luz guiadora de Europa y de su pujante primer cristianismo.
Esta fiesta litúrgica conoce varias fechas; la más antigua en occidente seb celebraba el 27 de diciembre. La iglesia copta la celebra el 12 de abril y la griega el 30 de mismo mes, sin duda por su proximidad a la Pascua. El Martiriologio Romano señala el 25 de julio como el día de la traslación de las reliquias de Santiago desde Jerusalén a España.

La primera lectura es del libro de los Hechos de los apóstoles, (Hch 4,33; 5,12.27b-33; 12,2 ). «Con gran fortaleza los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y abundante gracia había en todos ellos.» Con estas palabras se indica lo que interiormente los movía a entregar lo que poseían y vender tierras y casas. De nuevo las palabras referentes a la resurrección de Jesús están en el texto como tema fundamental de la proclamación apostólica. Los Hechos de los apóstoles nunca se cansan de hablar de ella. Realmente tiene que haber sido una impresión emotiva que los apóstoles como testigos de la resurrección comparecieran ante los hombres y su testimonio fuera corroborado por Dios con señales y prodigios. Los hombres tuvieron la experiencia de una nueva mañana de la creación. Entonces los valores externos palidecieron, y del conocimiento de la actualidad del Señor creció el amor dispuesto a la renuncia para dedicarse al servicio del prójimo.
El testimonio no es sólo un convencimiento humano, si bien ello es necesario, sino algo que tiene su origen en Dios por muchos caminos: "testigos de ello somos nosotros y el Espíritu Santo",  lo cual, literalmente se refiere a los primeros apóstoles no separados del Espíritu, sino juntos aunque no en el mismo plano. Todo el libro de Hechos es una crónica de la acción del Espíritu en los primeros tiempos de la iglesia mediante la actividad de los discípulos. Y tal testimonio tiene como contenido fundamental la resurrección concebida como salvadora "para otorgar a Israel la conversión".
Lo destacable en la lectura son las dificultades con que tropieza este testimonio. Entre ellas la principal es la muerte del primero de los Doce, Santiago, el hermano de Juan a quien solemos llamar "el Mayor". Está mencionada brevemente, en un estilo muy neotestamentario, lejos de cualquier ponderación sentimental. Pero no por eso es menos importante. Es el primero del grupo que convivió con Jesús durante su vida que muere por su Maestro. Resuena en el texto una exhortación: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Y es que el ministerio apostólico vive su vida en comunión con la de Jesús, su destino es ser servidor, y su vivir con humildad, riesgo, sufrimiento y entrega.

El responsorial es el salmo 66 (Sal 66,2-8). La Biblia de Jerusalén da a este salmo el título de Oración pública después de la recolección anual. Era recitado probablemente durante la fiesta con que se daba por terminada la cosecha.
Se trata de un salmo para cantarlo en la procesión de acceso al Templo. También lo cantaban los peregrinos que marchaban hacia Jerusalén. Y refleja el deseo ardiente de que todos los hombres –sean del país que sean—alaben a Dios. Repite todo el salmo una gran alegría y enorme esperanza. Esos aspectos ya vistos por los judíos contemporáneos de Jesús son perfectamente válidos para nosotros.
El salmista inicia su poema comentando la bendición sacerdotal de Núm. 6,24-27, dando una proyección universalista. La benevolencia divina se manifiesta en el resplandor de la faz de Yahvé sobre los suyos; se dice de Dios que «aparta su faz» cuando priva a alguno de su protección; y, al contrario, cuando dispensa a alguno su ayuda y protección se dice que su faz brilla sobre él. El salmista aquí considera al pueblo elegido como vehículo para dar a conocer los caminos o modos de proceder de Dios para con los pueblos. La protección dispensada a Israel será como una lámpara que atraerá la atención de todas las gentes hacia Dios. La glorificación del pueblo elegido será una prueba de que Dios protege a los que le son fieles, y en ese sentido es un reclamo para dar a conocer sus caminos.
El v. 4 es un estribillo que señala la división de las estrofas, sin duda cantando con alternancia de coros; y en él se invita a los pueblos a alabar a Yahvé. La perspectiva del salmista es netamente universalista; como en las profecías mesiánicas de Isaías, se considera a Israel el centro de todos los pueblos: la protección de Dios y elevación religiosa y moral de su Ley será una invitación a las gentes para acercarse al pueblo que ha sido objeto de las predilecciones divinas.
El reconocimiento del gobierno equitativo de Dios (vv. 5-6). Todas las gentes deben sentirse felices y exultantes, porque es el propio Dios quien lleva las riendas del gobierno en el mundo, y, en consecuencia, sus decisiones tienen que llevar el sello de la equidad y de la justicia. Ello debe dar seguridad a sus fieles que se conforman a las exigencias de su Ley. Esto que se manifiesta en la historia de Israel, debe ser reconocido por todas las naciones, vinculadas al pueblo elegido en virtud de la bendición de Dios a Abraham sobre todas las gentes (Gn 12,2). Por eso se invita a todos los pueblos a unirse en alabanza del Dios omnipotente y justo, que gobierna el mundo conforme a sus designios salvadores.
Acción de gracias por la cosecha (vv. 7-8). La benevolencia divina se ha manifestado concretamente en la abundancia de los frutos de la tierra. El salmista, agradecido por los beneficios recibidos, vuelve a implorar la bendición divina para su pueblo. Todos los habitantes de la tierra, desde sus más remotos confines, deben reconocer reverencialmente este poder superior de Dios, que gobierna el mundo con equidad (v. 8). (Maximiliano García Cordero, en la Biblia comentada de la BAC).

La segunda lectura es de la segunda carta a los corintios, (2 Cor 4,7-15).  
En esta sección de la carta Pablo expone algunos de los rasgos de los servidores de la nueva alianza.
Hay dos principales: la debilidad humana del predicador pone más de manifiesto que los buenos resultados producidos tienen su auténtica causa en Dios y no en la habilidad humana: "este ministerio lo llevamos en vasijas de barro", para que se vea que todo es gracia, todo obra de Dios, y desde esta fragilidad tenemos que anunciar la Palabra; teniendo en cuenta que no podremos hacerlo si antes no lo hemos asumido, creído y vivido.
El tesoro es esta experiencia vital de la resurrección de Jesús cuya fuerza comunicamos y no la llevamos envuelta y adobada en ricas doctrinas, en atractivos envoltorios culturales, en eficientes medios propagandísticos, en omnipotentes medios de poder. Más bien llevamos este tesoro del evangelio envuelto en debilidad, porque es un mensaje de amor. Y el amor siempre es débil, no se defiende, no organiza la ira, no devuelve mal por mal, pone la otra mejilla, no avasalla, todo lo comprende, todo lo perdona, respeta siempre, ama la libertad del otro.
Es tema del que Pablo es muy consciente como muestra también 1 Cor 3,5-12 y 2 Cor 12,7-10. Es importante caer en la cuenta de ese enfoque para que no se crea, a la vista de la segunda parte de la perícopa (vv. 11-13) se piense que el fruto del anuncio está en proporción con el esfuerzo del predicador.
En estas líneas más que insistir en los defectos personales del predicador, Pablo se centra en las tribulaciones y persecuciones de todo tipo. No sólo lo que solemos entender con esa palabra, sino también las incomprensiones, faltas de estima, soledades...
 Dicho esto, hay que pensar también en la entrega absoluta de los que anuncian. Pablo habla de una "muerte" y la relaciona indirectamente con la de Jesús. Es un enfoque que cualquiera que se dedique a esta predicación no puede olvidar, porque tal fue el destino del Maestro y de su seguidores cercanos como Santiago.
Pero aun en este párrafo no faltan las alusiones al Espíritu y a Dios como verdaderos protagonistas del anuncio. Se trata,. una .vez más, de combinar el "hacerlo todo como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que todo depende de Dios".


Hoy leemos un fragmento del capítulo 20 del evangelio de Mateo (Mt 20,20-28) .
El texto proclamado nos plantea algo lejano y cercano en la historia de los seguidores de Jesús. Los seguidores no siempre entendemos bien el camino y el destino. Nuestra principal incomprensión puede que guarde relación con la cruz. Incomprensión del misterio de la cruz.
Sigamos el texto: "Prosternándose y en actitud de pedirle algo". La escena recuerda el protocolo áulico con que la madre de Salomón se presentó a David para asegurar el trono a su hijo Salomón (1Rey.1,15-21).
Los vs.20-24 presentan la disonancia de la petición de la madre con el recién trazado programa de Jesús para la ida a Jerusalén (Lc.20,17-19). Disonancia expresamente resaltada por Jesús: No sabéis lo que estáis pidiendo. Un domingo más, en esta ocasión de la pluma de Mateo, el texto recoge una situación real en un lenguaje de conversación real.  
¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber? Jesús apunta a una comunión de destino entre él y sus seguidores. Comunión de camino hacia una misma gloria pasando por una misma cruz (cáliz). Gloria con cruz.
Pero ni la madre y sus dos hijos ni los diez  entendían correctamente esa comunión de camino y de destino.
V.21 A derecha y a izquierda. Los dos puestos inmediatos al Rey son los primeros en honor y en autoridad.
V.22 Beber el cáliz. Metáfora: afrontar y asimilar el sufrimiento.
V.24 Y al enterarse los diez, se indignaron contra los dos hermanos. Instantánea psicológica, ajena a la idealización y al mito, que avala la reciedumbre histórica de los evangelios. No es de suponer que el enojo colectivo contra los dos hermanos naciese de razones desinteresadas.
Los vs.25-28 presentan la enseñanza de Jesús a los doce corrigiendo y rectificando un ejercicio autoritario y opresor de la autoridad por uno de servicio. A una situación habitual y sobradamente conocida por todos (sabéis que…), Jesús contrapone otra, nada habitual y poco conocida (no será así entre vosotros). Al estilo autoritario y opresor,  Jesús contrapone el estilo de servicio. La contraposición  la formula vaciando de sus connotaciones habituales a los términos grande-primero para conferirles las connotaciones de los términos servidor-esclavo. Aspiras a ser grande, sé servidor; aspiras a ser primero, sé esclavo. Sólo siendo servidor serás grande; sólo siendo esclavo serás primero. Grafismo y paradoja en el lenguaje de Jesús.
Pero Jesús no era sólo maestro del lenguaje; era también, y sobre todo, maestro de coherencia con lo que tras el lenguaje se escondía: servidor hasta el extremo de dar la vida para liberar a todos de la muerte. Hablando de lo que el Hijo del Hombre había venido a hacer, Jesús estaba en realidad autodefiniéndose a sí mismo. Él, en efecto,  ha venido a servir y a dar la vida por todos. Jesús era maestro de expresividad gráfica no sólo por lo que decía sino por cómo lo decía. Hablaba de sí mismo sin hacer de sí mismo el centro de atención de los oyentes.
V.25 Los jefes de las naciones, los grandes. Los gobernantes no judíos. Las naciones, las gentes, los gentiles: términos con que los judíos designaban a los no judíos. Gentes era para los judíos el equivalente de Bárbaros para los griegos.
Vs.26-27 Antónimos: grande-servidor; primero-esclavo. Sinónimos: grande-primero; servidor-esclavo.
V.28 Hijo del Hombre. Expresión tomada del libro de Daniel; denota un personaje misterioso que supera la condición humana y que  encarna el poder y la justicia  que duran por siempre. En los cuatro evangelios la expresión es de uso exclusivo de Jesús sobre sí mismo. A servir y a dar la vida. La conjunción y tiene valor explicativo: es decir, es a saber. El servicio se realiza en el dar la vida. Rescate: liberación. Por muchos: Expresión hebraizante contraponiendo la unicidad del agente con la multitud de los receptores. La expresión no sólo no excluye, sino que sugiere el concepto de totalidad.
Así comenta San Juan Crisóstomo, este fragmento del evangelio de San Mateo
"Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís». Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros».
Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.
¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.
Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero –como ya dije en otro lugar– si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio (San Juan Crisóstomo. Homilía 65, 2-4: PG 58, 619-622).

Para nuestra vida
En la primera lectura nos sitúa ante la realidad evangelizadora propia de la condición de discípulos: "En aquellos días, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo… y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan". Ya sabemos la razón por la que el rey Herodes mandó decapitar al apóstol Santiago: porque se negó, junto a los demás apóstoles, a obedecer al Sumo Sacerdote, que les había prohibido formalmente enseñar en nombre de Jesús. Podemos preguntarnos: ¿por qué eligió Herodes a Santiago para ser decapitado, antes que a Pedro, a Juan, o a otro de los apóstoles que también habían desobedecido al Sumo Sacerdote? Es razonable pensar que la causa de lo elección de rey Herodes se debió a que veía al apóstol Santiago como el principal y más decidido opositor a su mandato. Este dato nos confirma, sin duda, el valor y la audacia con la que nuestro apóstol predicaba el evangelio

Importantes las palabras de San Pablo hoy en la segunda lectura , nos recuerdan algo evidente: nuestra fragilidad : " Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros". El tesoro al que se refiere san Pablo es el ministerio de la fe y de la predicación del evangelio de Jesús. Esta verdad la conocieron y la experimentaron en su vida todos los apóstoles y la han conocido a lo largo de sus vidas todos los santos y todos los cristianos fieles al evangelio. Los apóstoles, antes de Pentecostés, se comportaron muchas veces con miedo y cobardía. La fuerza y el valor les vinieron de lo alto, del Espíritu Santo que recibieron. Todos nosotros somos débiles y frágiles, nuestro cuerpo es una vasija de barro; pero si nuestro cuerpo se llena del Espíritu de Dios, somos fuertes, porque es el Espíritu el que nos conforta. El valor cristiano siempre es un valor humilde, que atribuye a Dios la fuerza y el poder. Al admirar y alabar la fuerza y el valor del apóstol Santiago, lo que de verdad estamos alabando y celebrando es el Espíritu de Jesús, con el que actuó el valeroso apóstol Santiago.

El evangelio nos muestra la madre de los hijos de Zebedeo no había entendido nada. Creía también que el mesianismo de Jesús iba por el camino de los honores y de la autoridad. Tampoco habían entendido los demás discípulos, que se indignaron contra los dos hermanos porque les iban a quitar dos buenas "colocaciones". Hoy demasiadas veces vemos cómo en la Iglesia - nosotros mismos- no entendemos el mensaje de Jesús. Ni antes, ni ahora en la Iglesia, puede haber rivalidades por obtener los primeros puestos. La Iglesia de Jesucristo, es una Iglesia abierta a todos; donde todos son iguales, donde se acoge al pobre, se perdona al pecador.
Juan y Santiago entendieron muy bien la pregunta de Jesús. Sabían que no se trataba de beber un cáliz dulce y agradable, sino un cáliz de esfuerzo y dolor, de martirio.
Pero, en nuestro caso, Santiago era un hombre valiente, al que no le iban las medias tintas. Aspiraba siempre a lo mejor, a ser el primero en el seguimiento del Maestro, a seguirle hasta donde él llegara, aunque fuera hasta el martirio. No hay duda de que el carácter valiente y decidido del apóstol Santiago le ayudó a ser lo que fue: el protomártir del cristianismo. En este siglo XXI, en Europa, vivimos un cristianismo relativamente cómodo, sin graves riesgos, ni materiales, ni sociales, ni políticos. Esto, en lugar de ser un privilegio para nosotros, puede convertirse en todo lo contrario: en que nos acostumbremos a vivir y a practicar un cristianismo anodino, de medias tintas, que no fue, ciertamente, el cristianismo que predicó Jesús, porque no exige beber ningún cáliz martirial. Por esto mismo, el ejemplo hoy del apóstol Santiago, su valor y hasta su osadía, deben hacernos reflexionar sobre nuestra propia manera de vivir el Cristianismo. Los cristianos no debemos ser nunca locos, ni temerarios, ni intransigentes, pero sí debemos ser siempre valientes y decididos en la predicación de nuestra fe cristiana, tanto de palabra como de obra. Sólo así podremos celebrar con dignidad esta festividad del apóstol Santiago.
"No sabéis lo que pedís". "Sabéis que los que son jefes en este mundo gobiernan como dictadores y opresores, pero no ha de ser así entre vosotros, sino al revés". Todavía entonces los apóstoles no lo habían entendido. Todavía hoy nosotros quizá no lo hayamos entendido. Ser cristiano es amar. Y amar es servir. Y la autoridad en la Iglesia es para servir. Y cualquier otra autoridad no tiene la misión sino de servir. Pero es más fácil servirse, servirnos a nosotros mismos, poner a los demás a nuestro servicio. El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir. ¿Será tan difícil seguirle?

Rafael Pla Calatayud.
rafael@sacravirginitas.org

viernes, 22 de julio de 2016

Comentarios a las lecturas del Domingo XVII del Tiempo Ordinario 24 de julio de 2016.

En este domingo XVII del Tiempo Ordinario, Jesús nos va a enseñar que somos comunidad y no individualidades. Nos enseña a orar llamando al Padre “Nuestro” y no “Mío”.
 Presencia de Cristo en la vida del cristiano, oración, intercesión, confianza del orante, estas serán ideas de las lecturas de este domingo.

En la primera lectura  tomada del libro del Génesis ( Gn 18,20-32)  Se nos muestra un relato entrañable: cuando Abrahán, de manera insistente, negocia con Dios la salvación de Sodoma y Gomorra. Y esa negociación se lleva acabo en proximidad total, en diálogo de amistad. Abrahán fue un gran amigo de Dios.
  "Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?" (Gn 18, 23). Abrahán intercede ante Dios. Le asusta la idea del castigo divino. Él cree en el poder infinito del Señor, él sabe que no hay quien le resista. Tiembla al pensar que
la ira de Yahveh pueda desencadenarse. Y Abrahán, llevado de la gran confianza que Dios le inspira, se acerca para pedir misericordia. Un diálogo sencillo. Abrahán es audaz en su oración, atrevido hasta la osadía: si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás a la ciudad por los cincuenta inocentes que hay en ella? ¡Lejos de ti tal cosa...! Dios accede a la proposición. Entonces Abrahán se crece, regatea al Señor el número mínimo de justos que es necesario para obtener el perdón divino. Así, en una última proposición, llega hasta diez justos. Y el Señor concede que si hay esos diez inocentes no destruirá la ciudad. Diez justos. Diez hombres que sean fieles a los planes de Dios. Hombres que vivan en santidad y justicia ante los ojos del Altísimo. Hombres que sean como pararrayos de la justicia divina. Amigos de Dios que le hablen con la misma confianza de Abrahán, que obtengan del Señor, a fuerza de humilde y confiada súplica, el perdón y la misericordia.

El responsorial de hoy es el salmo de hoy es el 137 (Sal 137,1-8) . Es un canto de acción de gracias, que a su vez dispone el corazón del orante para terminar en súplica confiada.- La Biblia de Jerusalén da a este salmo el título de Himno de acción de gracias Nos recuerda el acto de agradecimiento de David a Dios por haberle dado el Trono de Israel y por la promesa de estabilidad para su dinastía.
Atribuido por la tradición judía al rey David, aunque probablemente fue compuesto en una época posterior, comienza con un canto personal del orante. Alza su voz en el marco de la asamblea del templo o, por lo menos, teniendo como referencia el santuario de Sión, sede de la presencia del Señor y de su encuentro con el pueblo de los fieles.
A nosotros nos sirve este salmo como acción de gracias por los bienes recibidos y en espera que Dios nos proteja siempre.
El salmista está a la escucha en el espacio terreno del templo ( v. 1), afirma que «se postrará hacia el santuario» de Jerusalén (cf. v. 2): en él canta ante Dios, que está en los cielos con su corte de ángeles.
La mirada se dirige por un instante al pasado, al día del sufrimiento: la voz divina había respondido entonces al clamor del fiel angustiado. Dios había infundido valor al alma turbada (v. 3).
Después de esta premisa, aparentemente personal, el salmista ensancha su mirada al mundo e imagina que su testimonio abarca todo el horizonte: «todos los reyes de la tierra», en una especie de adhesión universal, se asocian al orante en una alabanza común en honor de la grandeza y el poder soberanos del Señor ( vv. 4-6).
En esta alabanza destacan la «gloria» y los «caminos del Señor» ( v. 5), es decir, sus proyectos de salvación y su revelación. Así se descubre que Dios, ciertamente, es «sublime» y trascendente, pero «se fija en el humilde» con afecto, mientras que aleja de su rostro al soberbio como señal de rechazo y de juicio (v. 6).
Como proclama Isaías, «así dice el Excelso y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo: "En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados"» (Is 57,15). Por consiguiente, Dios opta por defender a los débiles, a las víctimas, a los humildes. Esto se da a conocer a todos los reyes, para que sepan cuál debe ser su opción en el gobierno de las naciones. Naturalmente, no sólo se dice a los reyes y a todos los gobiernos, sino también a todos nosotros, porque también nosotros debemos saber qué opción hemos de tomar: ponernos del lado de los humildes, de los últimos, de los pobres y los débiles.
Se habla, de modo sintético, de la «ira del enemigo» (v. 7), una especie de símbolo de todas las hostilidades que puede afrontar el justo durante su camino en la historia. Pero él sabe, como sabemos también nosotros, que el Señor no lo abandonará nunca y que extenderá su mano para sostenerlo y guiarlo. Las palabras conclusivas del Salmo son, por tanto, una última y apasionada profesión de confianza en Dios porque su misericordia es eterna. «No abandonará la obra de sus manos», es decir, su criatura (v. 8).
Resumiendo vemos como en el salmo rezuma la historia misericordiosa de Dios, tanto del pasado como del presente. Dios vio la aflicción de su pueblo. Bajó para liberarlo del poder de los egipcios. Así se explica la confianza que respira este salmo: la diestra divina salva a su pueblo, aunque camine entre peligros. Israel puede mirar confiadamente el futuro. Dios completará sus favores. El salmista puede suplicar con esperanza que Dios concluya lo que ha comenzado. Ha iniciado una historia de amor incomparable: Su presencia en nuestra carne, en el hombre. Los discípulos podrán experimentar el amor del Padre y responder a él como Jesús, gracias al Espíritu recibido. El discípulo sabe que la historia del amor de Dios para con él pide un desprendimiento, una heroicidad hasta el extremo. Por eso suplica: «No abandones, oh Dios, la obra de tus manos. Lleva a feliz término lo que has comenzado en nosotros». Una confianza desde una actitud humilde de orante

En la segunda lectura de hoy  Carta a los Colosenses, (Col 2,12-14) San Pablo señala que el misterio pascual de Cristo está presente en el bautismo y su poder regenerador alcanza a todos por la fe. Nos dice, además, que Dios nos dio la vida en Cristo, perdonándonos todos los pecados.
Ya indicamos la semana pasada que la característica de esta carta es su cristología. Intenta aclarar la doctrina acerca de una serie de especulaciones sobre el mundo angélico, al que se le atribuía mucha  importancia, entrañando un grave peligro: de que sufriese mengua la posición de Cristo, único mediador entre Dios y los hombres. La intención de Pablo, desde el principio al fin de la carta, es dejar bien sentada la absoluta suficiencia de Cristo en su función con respecto al Universo. No que ponga en duda la existencia y función de otros intermediarios, pero será siempre en relación y dependencia de Cristo (cf. 1:1 6; 2:10), único en quien habita todo el "pleroma" de la divinidad (cf. 1:19; 2:9). Es ésta una carta en que Cristo aparece en su plena función de Kyrios del Universo.
El bloque Col 2:4-23, es una puesta en guardia contra las falsas doctrinas que ofenden la fe debida a Cristo, de el es parte el texto de hoy.
Afirmada ya la primacía de Cristo y nuestra incorporación a El, el Apóstol describe con más detalle cómo se ha realizado esa incorporación (v.11-14). Dice primeramente, pensando quizás en que los judaizantes de Colosas exigían la circuncisión, que los cristianos no necesitamos el rito de la circuncisión material, pues tenemos otra más perfecta: "eliminación del cuerpo carnal, circuncisión de Cristo" (v.11).
Cuál sea esta circuncisión de Cristo lo explica en el v.12, con evidente alusión al rito del bautismo. Es en el bautismo donde resucitamos a nueva vida, despojándonos  de un pequeño trozo de piel, como en la circuncisión mosaica, sino del "cuerpo carnal" o "cuerpo del pecado" u "hombre viejo," que de todas estas maneras llama San Pablo al hombre viciado por el pecado y esclavo de la concupiscencia (cf. 3:9; Rom 6:3-11; Ef 4:22).
Luego, en los v.13-14, sigue insistiendo en la misma idea de cómo se efectuó nuestra incorporación a Cristo; pero lo hace en forma más dramática. Dice que la condonación de nuestros delitos y resurrección a nueva vida (v.13), la hizo Dios "borrando el acta (χειρό-γραφον) que nos era contraria y clavándola en la cruz" (v.14).
           
 El evangelio de hoy de San  Lucas (Lc 11,1-13) , nos muestra como es el mismo Jesús, quien nos enseña a orar.
            Lucas dedica muchos pasajes de su evangelio al tema de la oración, y en ellos nos transmite varios momentos de oración de Jesús. En Lucas es común encontrar a Jesús orando (a la madrugada, en el monte, antes de tomar decisiones), también nos transmite varias oraciones propias de Jesús, y finalmente nos ofrece varias enseñanzas de Jesús a los discípulos, referidas a la oración.
            Este conocido texto es una excelente catequesis sobre la oración. En él encontramos tres partes: el contenido de la oración de Jesús (qué rezar), las características de la oración (cómo rezar) y el sentido de la oración (para qué rezar).
            Enseña a sus apóstoles –y a nosotros-- el Padrenuestro, que es una oración
fundamental y modélica. Pero además nos revela la constante disposición del Padre a escuchar a sus hijos.
            Muchas son las veces que Jesús aparece en los Evangelios sumido en oración. El evangelista san Lucas es el que más se fija en esa faceta de la vida del Señor y nos la refiere en repetidas ocasiones. Esa costumbre, ese hábito de oración, llama la atención de sus discípulos, los anima a imitarle. Por eso le ruegan que les enseñe a rezar, lo mismo que el Bautista enseñó a sus discípulos.
            Jesús no se hace rogar y les enseña la oración más bella y profunda que jamás se haya pronunciado: el Padrenuestro. Lo primero que hay que destacar es que nos enseñe a dirigirnos a Dios llamándole Padre. La palabra original aramea es la de Abba, de tan difícil traducción, que lo mismo san Marcos que san Pablo la transmiten tal como suena. Es una palabra tan entrañable, tan llena de ternura filial y de confianza, tan familiar y sencilla, tan infantil casi, que los judíos nunca la emplearon para llamar a Dios. Le llamarán Padre; incluso Isaías lo compararán con una madre, o mejor dicho, con las madres del mundo, pero no lo llamarán nunca Abba. En ella nos enseña a reconocer su santidad y pidiendo por su Reino.
            Las tres primeras peticiones del Padrenuestro centran la mirada en Dios, mientras las tres segundas la centran en la vida y en la experiencia humana. Pedimos el pan de cada día, el perdón mutuo que recompone las relaciones, y fuerza para no caer en la tentación, es decir las pruebas y conflictos de la vida.
            Jesús nos enseña a pedir con insistencia, pues el Padre Bueno escucha nuestras peticiones. Y nos muestra que a través de la oración recibimos el Espíritu Santo, que nos anima a vivir como discípulos, en la huella de Jesús.

Para nuestra vida

En la primera lectura, Dios revela a Abrahán los planes que tiene sobre la ciudad de Sodoma. Pero el conocimiento que tiene Abrahán de esa revelación le lleva a interceder por éstos delante de Dios. La conversación amistosa de Abrahán con el Señor muestra que Dios rige el mundo con soberana justicia y preocupado por la causa de los débiles y excluidos. Dios está dispuesto a perdonar si se arrepienten y va cediendo ante la insistente intercesión de su amigo Abrahán. Este regateo y esta condescendencia revela hasta qué punto la justicia divina está llena de misericordia. Dios sabe perdonar a los pecadores por amor a los justos y, de ningún modo, es su intención que paguen justos por pecadores.
El diálogo de Abrahán con Dios es un ejemplo de oración de intercesión. Abrahán habla con Dios, desde la humildad y la confianza. Es un modelo de oración de intercesión para todos nosotros. La intercesión de Abraham no será del todo inútil. Se salvará su familia. En la verdadera oración de intercesión no nos mueve el egoísmo, sino la misericordia. No nos fijemos tanto en las culpas y en las causas de la miseria de estas personas, sino en la realidad miserable y marginal en la que viven. Pensemos siempre en los más pobres, en los enfermos, en los marginados, en los refugiados, en los emigrantes en general. No son, en general, más pecadores que nosotros; entre ellos, como entre nosotros, los hay buenos y malos, mejores y peores. Son, en general, víctimas de las circunstancias familiares y sociales en las que han nacido y vivido las que les han llevado a vivir como viven. Todos queremos vivir bien, ellos y nosotros. Demos gracias a Dios por todas las personas que podemos vivir con dignidad e intercedamos ante Dios y ante los hombres por todos aquellos que, con culpa o sin culpa propia, se han visto forzados a vivir en la mayor miseria y fragilidad. Y hagamos siempre nuestra oración de intercesión con humildad, confianza y perseverancia.

Del salmo surge una oración al Señor, puestos nuestros ojos en Cristo, que «ora en nosotros como cabeza nuestra» (S. Agustín, Comentario al salmo 85,1). El Señor, en efecto, verdadero rey del nuevo pueblo de Dios, al emprender, en su pasión, la lucha contra el pecado y la muerte, invocó a Dios, su Padre, y Dios le escuchó, caminando entre peligros; a pesar de haber penetrado incluso en el sepulcro, le conservó la vida, y, por eso, ahora, delante de los ángeles, le da gracias de todo corazón.
"Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia, que, delante de los ángeles, tañe para ti; tú, que te fijas en el humilde y de lejos conoces al soberbio, extiende tu derecha sobre nosotros y sálvanos, completando con nosotros aquella obra de tus manos, que iniciaste al resucitar a tu Hijo de entre los muertos. Te lo pedimos, Padre, por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
En la Carta a los Colosenses, san Pablo insiste en la idea central de toda su predicación, desde el momento mismo de su conversión a Cristo Jesús: es Cristo el que nos salva, no es la circuncisión, ni el cumplimiento de las demás leyes mosaicas son el requisito necesario para salvarnos. Sepultados con el Bautismo vamos a resucitar sin pecados. Por el bautismo nos incorporamos a Cristo y por la fuerza de Cristo resucitamos con él. Los cristianos sabemos que Cristo es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Debemos vivir en comunión con Cristo, comulgar con él y dejarnos guiar por él.
Vivamos como personas bautizados en el espíritu de Cristo y así podremos resucitar con él. Y estemos seguros de que, si lo hacemos así, estaremos contribuyendo a que nuestro mundo sea un poco mejor, es decir, un poco más cristiano y por ello mas humano.

En el evangelio de hoy, Jesús nos enseña cómo debemos dirigirnos al Padre y qué es lo que tenemos que pedirle en nuestras oraciones. El cristiano no ora tan sólo porque sienta necesidad de hacerlo, sino porque Cristo le ha dicho que lo haga, porque está en comunión con él y con su Padre. La condición esencial de la oración, es pues, la obediencia y la fe que permiten estar unido al Padre; no es ya una cuestión de actitudes o de contenido sino de confianza íntima y desinteresada que no depende, en última instancia, ni de la calle ni de la habitación, ni de oraciones cortas o largas, ni del individuo ni de la comunidad, sino tan sólo de la convicción de tener un Padre y de la obediencia a Cristo que nos dice que le hablemos en su nombre. Santa Teresa escribe que le bastaban las dos palabras “Padre nuestro” para hacer una larga oración... un Dios Padre... un Dios que nos ama.
Es importante que cuando recitemos el Padrenuestro, lo hagamos meditando cada expresión pausadamente. Cuando decimos "que estás en los cielos" no nos referimos a un lugar. Quiere decir que Dios está por encima de todas las cosas terrenas, más allá de nuestro mundo visible. A este Dios santo, que es el totalmente Otro, cuya grandeza no podemos imaginar, le podemos llamar Padre y le alabamos diciendo “santificado sea tu nombre". El nombre se identifica con la persona. Este Dios inalcanzable se ha dado a conocer. Pedimos que se manifieste, se dé a conocer cada vez más y cumpla sus promesas. Las dos peticiones siguientes “venga a nosotros tu reino” y “hágase tu voluntad” insisten en la misma idea de colaborar con él en la instauración de un mundo nuevo. En el Padrenuestro también pedimos el pan cotidiano, que llegue a todos los hombre de una vez para siempre. Pedimos perdón, pues todos somos pecadores. Prometemos que va nuestro perdón por delante. La súplica final en el evangelio de Lucas es que no nos deje caer en la tentación. Ahí está amenazante el peligro de engañarnos a nosotros mismos buscando la felicidad por caminos equivocados. Mateo añadirá “líbranos del mal”, tal como decimos en el padrenuestro que rezamos hoy.
Al rezar el padrenuestro estamos poniéndonos en manos de Dios con confianza filial para que nos guíe por el camino adecuado
Rafael Pla Calatayud.
rafael@sacravirginitas.org

Lecturas de la Solemnidad de Santiago Apóstol 25 de julio de 2016 .



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 4, 35; 5, 12.27-33; 12,2
En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó:
-- ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de este hombre.
Pedro y los apóstoles replicaron:
-- Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndole jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos somos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Esta respuesta les exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.
Palabra de Dios.



SALMO RESPONSORIAL
SALMO 66
R.- OH DIOS, QUE TE ALABEN LOS PUEBLOS, QUE TODOS LOS PUEBLOS TE ALABEN
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.-

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.-

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R.-



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 4, 7-15
Hermanos:
El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no procede de nosotros. Nos aprietan por todos los lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban,


pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: "Creí, por eso hable", también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuando más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.
Palabra de Dios



ALELUYA
Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en paz, tu gloria pervive entre nosotros.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 20, 20- 28
En aquel tiempo se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó:
-- ¿Qué deseas?
Ella contestó:
-- Ordena que estos dos hijos míos se siente en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
-- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron:
-- Lo somos.
El les dijo:
-- Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús reuniéndolos les dijo:
-- Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Palabra del Señor.

Lecturas del Domingo XVII del Tiempo Ordinario 24 de julio de 2016.




PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS 18, 20-32
En aquellos días dijo el Señor:
-- La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:
-- ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?. Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los

destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?
El Señor contestó:
-- Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
-- Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor:
-- No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
-- Quizá no se encuentren más de cuarenta.
-- En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió hablando:
-- Que no se enfade mi Señor siguió hablando. ¿Y si se encuentran treinta?
-- No lo haré si encuentro allí treinta
Insistió Abrahán:
-- Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran veinte?
Respondió el Señor:
-- En atención a los veinte no la destruiré.
Abrahán continuó:
-- Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?
Contestó el Señor:
-- En atención a los diez no la destruiré.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 137
R.- CUANDO TE INVOQUÉ, SEÑOR, ME ESCUCHASTE.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.- R.

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor de mi alma.- R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo.- R.

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.- R.




SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS COLOSENSES 2, 12-14
Hermanos:
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.
Palabra de Dios

ALELUYA Rm 8,15
Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre!



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 11, 1- 13
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de los discípulos le dijo:
-- Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
-- Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que no debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.
Y les dijo:
-- Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle. Y, desde dentro el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos". Si el otro insiste llamando, yo os digo que si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues, así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; por que quien pide, recibe; quien busca, halla; y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?
Palabra del Señor

lunes, 18 de julio de 2016

EL JESÚS DE LA HISTORIA Y EL CRISTO DE LA FE



Esta distinción entre Jesús histórico y el Cristo de la fe es una distinción que surge dentro del mundo de la teología protestante. En síntesis el problema viene a ser el siguiente, según los teólogos protestantes del S. XVIII Y XIX: H. S. Reimarus (1700-1768), introduce en el campo de la exégesis bíblica un racionalismo exacerbado, destructor de principios fundamentales de la fe cristiana. Con él se establece una distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe proclamado por los Evangelios y la Iglesia primitiva cristiana.
Su actitud crítica y racionalista se hace de derecho público en el año 1778, precisamente 10 años después de su muerte, acaecida en la ciudad de Hamburgo en 1768. En efecto, un manuscrito de Reimarus es publicado por G. E. Lessing entre 1774 y 1778. Este manuscrito se publica en 7 apartados de los cuales el último se titula: "De la pretensión de Jesús y de sus discípulos". Reimarus distingue entre la finalidad pretendida por Jesús y la de sus discípulos. Jesús era un Mesías político ilusionado por implantar un reino terreno y librar a los judíos del yugo romano, pero Jesús fracasó en su obra, como se puede deducir de su grito en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, Mt. 27,46. Ante este fracaso de Jesús, la actitud de los discípulos es clara. Ellos no quieren volver a sus primitivas ocupaciones; para ello roban el cadáver de Jesús e inventan el mensaje de la resurrección y el anuncio de su futura venida. La predicación pública de los discípulos está sellada por un "auténtico fraude". Fueron los Apóstoles los que crearon la figura de Jesús que nosotros leemos y creemos en los escritos de los Evangelios.
Su sucesor F. Strauss (1770-1856), con la publicación de su obra: "Vida de Jesús", en 1835, inicia un nuevo camino en el proceso explicativo del Jesús histórico basándose en la teoría del mito. Según él, para explicar la vida de Jesús no hay que recurrir a lo sobrenatural, como hacen los teólogos dogmáticos, ni hay que recurrir al "fraude" de Reimarus. Toda la narración de los Evangelios es como la conclusión de una leyenda que se desenvuelve poco a poco. La vida de Jesús está arraigada en el mito, es decir, en la expresión de una idea o creación de la imaginación de un hecho que no ha ocurrido en sí. La figura de Jesús es una imagen poética formada a partir de los que se decía en el A.T. sobre el Mesías prometido, Jesús es un personaje idealizado, no es un Jesús realmente histórico.
Con estos argumentos de Reimarus (Jesús, es un fraude) y Strauss (Jesús, es un mito), del Jesús histórico, real, sabemos muy poco, casi nada o nada. Argumento que dan: Los evangelios no son libros históricos en el sentido científico de la palabra, más bien son libros escritos por una comunidad de creyentes que a la luz de los acontecimientos posteriores a la muerte de Cristo (Resurrección-Ascensión-Pentecostés), han idealizado al Jesús histórico del que se nos dicen muy pocas cosas. Los evangelios son escritos desde la fe y por lo tanto ya no nos narran lo que "realmente" ocurrió, sino lo que esa comunidad ha idealizado, mitificando la persona de Cristo y su obra de predicar el Reino de Dios. Por eso ellos hacen un distinción entre lo que ellos llaman el Jesús de la historia, o el Jesús histórico y el Cristo de la fe, el Kyrios, Señor. Para los protestantes, éste Cristo, es un Cristo idealizado, tiene muy poco que ver con el Jesús histórico.
Esta distinción del Jesús de la historia con el Cristo de la fe es propia de la teología protestante, antidogmática, racionalizante y que tiene poco aprecio de la sucesión apostólica y de la vivencia real de la primitiva comunidad cristiana. Desde el punto de vista de la teología protestante los evangelios hay que leerlos con mucha distancia ya que están muy lejos de contarnos la "vida real" de Jesús. El prejuicio ideológico que hay detrás de estas afirmaciones es la causa

determinante por la que ellos dicen que, para encontrar al Jesús de la historia sería necesario "recuperarlo" de esas mitificaciones e invenciones que realizó al comunidad primitiva cristiana. La investigación histórica sobre el verdadero Jesús consistirá, según estos autores protestantes, en sospechar de la mitificación exaltada en cada palabra y hecho del Nuevo Testamento que parezca contener "algo que se salga de lo normal", algo sobrenatural, pues esto sobrenatural es sospechoso y hay que atribuirlo a la exaltada idealización imaginativa de la comunidad primitiva cristiana. El problema de la historicidad de los Evangelios es el de hallar la continuidad existente entre "el Cristo de la fe" y  "el Jesús histórico". Sabemos, ciertamente, que los Evangelios nos dan una visión de Jesús iluminada por la fe pascual. Cada evangelista, con su labor de selección de datos recibidos, de la acomodación de los mismos a las necesidades y circunstancias concretas de su predicación apostólica, presenta a su manera la visión de la persona y de la obra de Cristo. La redacción última del Evangelio recoge, a su vez, toda una tradición oral, previa proclamada por los Apóstoles y vivida en la fe por la comunidad cristiana. Así tenemos tres elementos que configuran y garantizan la autenticidad de los Evangelios y por lo tanto de la persona de Jesucristo:
a. Predicación y tradición apostólica.
b. Vivencia en la fe de los seguidores de Jesucristo (primitiva comunidad cristiana).
c. Redacción final de los Evangelios.


Estos tres elementos nos describen la persona de Cristo, en quien creen y a quien confiesan como el Señor.
Quien comienza el estudio de la cristología debe de tener en cuenta este "prejuicio" surgido de las teorías de Reimarus y Strauss, que ejerce gran influencia en muchos trabajos de investigación histórica, restándole la objetividad imprescindible para que puedan llamarse justamente obra científica.
La Iglesia Católica enseña y dice que el Jesús de la historia es el mismo que Jesús de la fe, que hay un verdadero nexo entre el Jesús real y el Cristo resucitado y glorificado, este nexo lo realizaron los Apóstoles con su predicación y testimonio, su predicación desde el día de Pentecostés hasta nuestros días. Testimonio de vida de la primitiva comunidad cristiana. Los evangelios son producto de esta comunicación de esta Buena Nueva que Cristo ha traído al mundo.