viernes, 8 de julio de 2011

La Lectio divina tiene su origen en la lectura y meditación de las Escrituras en las sinagogas judias.

La Lectio divina tiene su origen en el pueblo de Israel

Para explicar el origen de la ‘lectio divina’ deberíamos remontarnos,tal vez, a la práctica de la lectura
y meditación de las Escrituras en las sinagogas judías.
Pero el poco espacio de que disponemos para este acercamiento así como el propósito del mismo nos impide ir tan lejos. En este terreno, nos conformamos con recordar el carácter central que tiene la Sagrada Escritura en el pueblo de Israel, y cómo el primer artículo de su profesión de fe comienza con una invitación a escuchar: “Escucha Israel…” (Dt 6, 4-9); la espiritualidad del encuentro y la unión con Dios através de su Palabra no se limita a la mera proclamación o a la escucha pasiva del texto sagrado, sino que supone además una invitación a ponerla en práctica, a cumplirla.
“La Palabra está muy cerca de ti, la tienes en los labios, la tienes en el corazón, para que la puedas cumplir” (Dt 30,14). En el libro de Nehemías 8-9 se describe una liturgia solemne, celebrada cuando el pueblo regresó del exilio de Babilonia: en ella se proclamó un nuevo comienzo para todo Israel marcado por la presencia de Dios en medio de su pueblo a través de la palabra de la Escritura.
La lectura del texto sagrado duró toda la jornada y a ella estuvieron convocados hombres, mujeres y niños, todo el pueblo de Israel, que, con lágrimas en los ojos, volvió a escuchar la palabra de Dios en la Tierra Santa, prometida a los padres. A dicha lectura siguieron la explicación y el comentario por parte de Esdras y los levitas en una especie de… gran ‘lectio divina’. Se trata prácticamente del mismo método de lectura que realizó Jesús en la sinagoga de Nazaret, cuando se levantó para leer en voz alta el libro del profeta Isaías y proclamó al finalizar la lectura: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” (cf. Lc 4, 16-21).

¿Cuál es su significado?
Recorreremos los momentos más importantes de la historia de esta práctica eclesial.
Se podría decir que la lectio divina, es una lectura orante, personal o comunitaria, de la Biblia, acogida como palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la inspiración del Espíritu Santo, en meditación, oración y compromiso cristiano; es una lectura de la Biblia en el Espíritu. O como dice S. Gregorio Magno: es el “arte de estudiar el corazón de Dios a través de las palabras de Dios”.
Más allá de referencias de Orígenes y S. Basilio a esta práctica, el nombre de lectio divina se encuentra por primera vez en los escritos de S. Ambrosio, quien afirma que Jesús nos enseña que “debemos nutrirnos del Verbo celeste con la ‘lectio divina’. En términos parecidos se expresarán,
entre otros muchos, S. Agustín, S. Jerónimo, S.Isidoro de Sevilla, S. Bernardo. He aquí lo que escribe S.Isidoro“Quien desea estar siempre con Dios, debe darse con frecuencia a la ‘oratio’ y asimismo a la ‘lectio’. Todo el aprovechamiento espiritual viene de la ‘lectio’ y de la ‘meditatio’, porque con la ‘lectio’ aprendemos las cosas que ignoramos y con la ‘meditatio’ conservamos las que hemos aprendido. Dos son los dones que proporciona la‘lectio’: la instrucción de la mente y la orientación hacia el amor de Dios. Nadie puede conocer el sentido de la Escritura sino familiarizándose con la ‘lectio’ de la misma”.
Esta lectura orante de la Escritura se extendió sobre todo entre los monjes y se puede afirmar que el verdadero organizador de la misma fue S. Benito, padre del monacato de Occidente, el verdadero organizador de la misma. Son muy hermosas estas palabras de S. Isidoro de Sevilla:
Llegados al S. XII, en una carta dirigida a un compañero cartujo llamado Gervasio, Guido el Cartujo recurrió al símil de la escala, tan bíblico y tan frecuente en la historia de la espiritualidad de la escala, para referirse al camino que permite subir desde la tierra hasta el cielo.

Redescubierta en las últimas décadas
En este contexto ofrece la primera presentación sistemática de la ‘lectio divina’: “Cierto día, durante el trabajo manual había comenzado yo a reflexionar sobre el ejercicio espiritual del hombre, cuando de pronto se presentó a mi mente la escala de los cuatro grados espirituales: la lectura, la meditación, la oración y la contemplación.
Es la escala de los monjes por la cual suben éstos de la tierra al cielo […] La lectura [‘lectio’] es la inspección cuidadosa de las Escrituras, realizada con espíritu atento. La meditación [‘meditatio’] es el trabajo de la mente estudiosa que, con ayuda de la propia razón, investiga la verdad oculta. La oración [‘oratio’] es el impulso devoto del corazón hacia Dios, pidiéndole que aleje los males y conceda los bienes. La contemplación [‘contemplatio’] es como una elevación sobre sí misma de la mente que, suspendida en Dios, saborea las alegrías de la eterna dulzura”.
A partir del S. XVI la práctica de la lectura de la Biblia según el método de la ‘lectio divina’ dejó de tener la importancia que había tenido incluso en los monasterios, habiendo sido redescubierta en las últimas décadas como una forma de concretar el reencuentro con la Palabra de Dios escrita a que ha animado a los fieles el Magisterio de la Iglesia. En la exhortación apostólica postsinodal ‘Verbum Domini’, además de hablar de la importancia de la ‘lectio divina’ en la vida de los aspirantes al sacerdocio ministerial y a la vida monástica (nn. 82 y 83), dedica dos largos números (86 y 87) al tema y ofrece en concreto una síntesis de cada uno de los momentos de la ‘lectio’.

1 comentario:

  1. CUADRO RESUMEN DE LOS PASOS DE LA LECTIO DIVINA:
    Sagrada Escritura es…
     
    Palabra de Dios escrita
    por inspiración del Espíritu Santo
    confiada a la Iglesia para la salvación
     
    1
    Leer
    2
    Meditar
    3
    Orar
    4
    Contemplar/practicar
     
    ¿Qué dice el texto bíblico?
    ¿Qué nos dice el Señor por su Palabra?
    ¿Qué le decimos al Señor motivados por su Palabra?
    ¿A qué conversión y acciones nos invita el Señor?
     
    Comprender
    la Palabra… 
    para descubrir lo que Dios nos enseña mediante el autor inspirado.

    Actualizar
    la Palabra… 
    para interpelar la vida, conocer su sentido, me-jorar nuestra misión y fortalecer la esperanza.

    Orar
    la Palabra… 
    para dialogar con Dios y celebrar nuestra fe en familia o comunidad.

    Practicar
    la Palabra…
    para conducir la vida (practicar) según los criterios de Dios (conversión).

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