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lunes, 17 de marzo de 2014

Comentario de San San Agustín, SERMÓN 136..

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
Juan 9,1-41. Curación del ciego de nacimiento.
1. El Señor Jesús vino a este mundo para salvar a los pecadores1. Encontró, pues, a un hombre ciego de nacimiento. De hecho, ¿hay algún hombre que no nazca ciego? Me refiero a la ceguera espiritual, no a la física. Mas, para que vea, se le untan los ojos con saliva y barro; pero no con cualquier saliva, ni con la de cualquiera, sino con la de Cristo. La saliva de Cristo es la profecía; el barro, los hombres. Recordad de qué fue hecho el hombre2. Luego cuando los hombres profetizaban, la saliva estaba en el barro. ¿Qué diré de los profetas antiguos? El mismo Apóstol dice: Tenemos este tesoro en recipientes de barro3. Mira: tu tesoro consiste en tener saliva, con la que primeramente fue untado este ciego —con ella es untado también todo ciego de nacimiento— y enviado a la piscina de Siloé. ¿No podía Cristo abrirle los ojos con su saliva? En última instancia, podía mandarle que viera sin recurrir a la saliva ni al barro, y habría visto. Podía, pero los hechos milagrosos se equiparan a palabras que ocultan realidades sagradas. Así, pues, es enviado a la piscina de Siloé. ¿Por qué esa tardanza? Conocemos tu poder; tú, ¡oh Cristo!, lo que quieres lo haces; vea de una vez este ciego. «No —dice—; vaya primero a la piscina de Siloé y lávese la cara». Gracias al santo evangelio, sabemos el significado de la piscina de Siloé. Siloé —dice— que significa «enviado»4. ¿Quién es este enviado? Conoced al enviado; él grita: El Padre me ha enviado5. Luego él mismo envió al ciego a sí mismo, envió al creyente al bautismo. Lavó su cara, y vio; fueron borrados sus pecados, y brilló la luz. Por otra parte, el hecho de que, al ser interrogado y acosado por los judíos, respondió como respondió indica que ya estaba ungido en el corazón. A su vez, la lectura atestigua cuándo se lavó la cara en la piscina de Siloé. Por tanto, cuando decía: Sabemos que Dios no escucha a los pecadores6, aún estaba untado, aún no veía.
2. ¿Qué esperanza queda a los hombres, si Dios no escucha a los pecadores?7 ¿Por ventura no subieron dos a orar al templo, un fariseo y un publicano? ¿Acaso no decía el fariseo: Gracias te doy porque no soy como los demás hombres: injustos, rapaces, ni como ese publicano?8 No pedía nada; había subido como saciado y eructaba su hartura. No dijo: «Ven en mi ayuda»; no dijo: «Compadécete de mí», porque mi padre y mi madre me han abandonado»9; no dijo: «Sé mi auxilio, no me abandones»10. En cambio, el publicano se mantenía de pie a distancia. Cosa extraña: en el templo se mantenía de pie a distancia, pero se acercaba al Dios del templo. Así, pues, se mantenía de pie a distancia, y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho, diciendo: «Señor, ten compasión de mí, que soy pecador»11. Hemos oído las dos actitudes opuestas; pronuncie Cristo la sentencia. Ved que la pronuncia; escuchémosla: En verdad os digo que el publicano bajó del templo hecho justo, y no el fariseo12. Ciertamente Dios no escucha a los pecadores. Cuando el publicano golpeaba su pecho, castigaba sus propios pecados; cuando castigaba sus propios pecados, se acercaba a Dios Juez. Efectivamente, Dios odia los pecados; si los odias también tú, comienzas a unirte a Dios para decirle: Aparta tu rostro de mis pecados13. Aparta tu rostro, ¿de qué cosa? De mis pecados; no apartes tu rostro de mí14. Ahora bien, ¿qué significa: Aparta tu rostro de mis pecados? No pongas tus ojos en ellos, no los tomes en cuenta, para que puedas perdonarme. Luego también para el pecador hay esperanza; ruegue niegue a Dios, no desespere, golpee su pecho, vénguese de sí mismo por medio del arrepentimiento, para que se vengue Dios por medio del juicio. El que se abaja se acerca al Excelso.
3. Mas ¿por qué dijo el Señor: el publicano bajó del templo hecho justo, y no el fariseo?15 No te defraudó; adujo la razón inmediatamente. Como si le preguntásemos la causa de ello, dice: Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado16. Has oído la causa; si la has oído y entendido, haz lo que has oído: humíllate, ruega a Dios, di a tu Señor que eres pecador, algo que él ve aunque tú no lo digas. Tal vez dices tú: «Si lo ve antes de que yo lo diga, ¿qué necesidad hay de decirlo?» ¡Oh hombre! ¿Has olvidado: es bueno confesar al Señor?17 ¿Has olvidado: Confesad al Señor, porque es bueno?18 Aunque no confieses al juez humano que eres malo, confiésalo al Señor, porque es bueno; confiésalo, gime, arrepiéntete, golpea el pecho. Al Señor le agrada este tipo de espectáculos en el que ve al pecador vengar su propio pecado. Reconócelo tú, y él hace la vista gorda; castígalo tú, y él lo perdona. Mas, para que él te perdone, no debes ser condescendiente con tus pecados. Responde: «Que no condescienda con mi maldad; que no condescienda con ella, sino que la elimine».

4. Después de muchas vicisitudes, el ciego que había recuperado la vista fue excluido de la sinagoga judía. Se enfurecieron con él, y le excluyeron de su sinagoga. Ved qué temían sus padres; nos lo expuso el evangelista; no lo silenció: Pues sus padres —dice— temían confesar a Cristo y ser excluido de la sinagoga. Por eso dijeron: «Edad tiene; preguntádselo a él»19. Temieron, pues, que los excluyeran de la sinagoga; él no lo temió, y fue excluido; sus padres quedaron en ella. A él le queda Cristo que lo acoge, para que pueda decirle: Pues mi padre y mi madre me han abandonado20. Pero ¿qué añadió? Pero el Señor me ha acogido21. «Ven, ¡oh Cristo!, y acógeme; ellos me excluyeron, acógeme tú; tú, el enviado, acoge al rechazado». Ved que lo acoge: se mostró a los ojos que él se dignó abrir. ¿Crees —le dice— en el Hijo de Dios? A lo que él, aún untado, responde: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Y el Señor: Lo has visto; el que está hablando contigo, ese es22: le lavó la cara. En consecuencia, viendo ya con el corazón, adoró a su Salvador23. Cristo Jesús hace eso mismo con el género humano equiparable a un ciego de nacimiento, aún untado en su cuerpo, con la intención puesta en realizar el milagro; pero el milagro lo hizo para encarecer la fe. Con este milagro de abrir los ojos del ciego de nacimiento, encareció la fe que, día a día abre los ojos del género humano, también él ciego de nacimiento. (San Agustín, SERMÓN 136 A (=Mai 130)).

Domingo IV de Cuaresma. Ciclo A.


DOMINGO IV DE CUARESMA

 
PRIMERA LECTURA

David es ungido rey de Israel Lectura del primer libro de Samuel 16, lb. 6-7. 10-13a
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
-«Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Elías y pensó:
-«Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo:
-«No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo:
-«Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé:
-«¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió:
-«Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.» Samuel dijo:
-«Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue. »
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel:
_«Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Palabra de Dios.



Salmo responsorial
Sal 22, lJa. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R'.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.



SEGUNDA LECTURA

Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14
Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.
Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.
Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz.
Por eso dice:
«Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»
Palabra de Dios.



Aleluya Jn 8, 12b

Yo soy, la luz del mundo Dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
EVANGELIO Fue, se lavó, y, volvió con vista
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1-41
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
-«Soy yo.»
Y le preguntaban:
-«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
-«¿Dónde está él?»
Contestó:
-«No sé.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
-«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »
Contestó él:
-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo:
-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
-«¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»
Palabra de Dios