sábado, 18 de julio de 2015

Comentarios a lecturas del XVI Domingo del Tiempo Ordinario 19 de julio de 2015

 
Ovejas sin pastor fue el panorama que vio Jesús en Palestina y peor aún en el mundo restante. Cristo se compadece. El es verdadero Pastor que Dios había prometido a su pueblo. Todos los hombres, judíos y gentiles, se unen en Cristo, que ha sellado con su sangre nuestro pacto con Dios, de donde brota la paz verdadera.
La Iglesia entera es siempre el resultado de una acción pastoral evangélica, que hace de cada comunidad creyente un solo rebaño, bajo el cayado del Único y Eterno Príncipe de Pastores (Jn 10; 1 Pe 2,25), elegidos por Él para continuar su obra de santificación.
 
La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 23,1-6)comienza hablando de los malos pastores. Dios clama con voz fuerte y con acento amenazador contra los malos pastores, los que dividen, los que alejan a las ovejas del buen camino, los que son ocasión de pecado para otros, los que se comen la carne o roban la lana del rebaño. ¡Ay de vosotros, malos pastores!, ¡día llegará en que rindáis cuenta de vuestro egoísmo, de vuestra ambición, de vuestra sensualidad, de vuestra soberbia, de vuestras mentiras!
También nos habla del cuidado amoroso de Dios " Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores". La más entrañable semblanza del Mesías Salvador fue delineada desde siglos atrás, a través de los profetas, como el Buen Pastor de toda la humanidad y como Maestro de pastores elegidos por Él para continuar su obra bajo sus cuidados especiales.
San Jerónimo dice: «Los apóstoles, con toda confianza y sin temor alguno, apacentarán el rebaño de la Iglesia y las reliquias del pueblo de Israel se salvarán de todas las tierras; y volverán a sus campos, a sus pastos, y crecerán y se multiplicarán. Sobre los malos pastores, escribas y fariseos, el Señor manifestará la malicia de su doctrina. Con todo, podemos entenderlo también, conforme a la tipología, de los príncipes de la Iglesia que no apacientan dignamente las ovejas del Señor. Dejadlas, y castigados ellos, se salve el pueblo. Entregadlas a otros que sean dignos, y así se salve el resto. Pierden las ovejas los que enseñan la herejía; laceran y dispersan los que hacen cismas» (Comentario sobre el profeta Jeremías 2,4).
 
En el Salmo de hoy (Salmo 22), expresamos nuestra confianza en el Señor  «el Señor es mi Pastor, nada me puede faltar». Es uno de los salmos más hermosos. Nos muestra un camino cercano a Dios lleno de belleza y quietud.
 
La segunda lectura de Efesios (Ef 2,13-18), se nos proclama la unidad hecha por Jesucristo: " Él es nuestra paz y ha hecho de dos una sola cosa". En el Corazón de Jesucristo se nos revela Jesús como el Buen Pastor que realiza la paz y la unidad entre los hombres por su propio sacrificio. La salvación es paz, es reconciliación, es acercamiento a Dios; en otros términos, la salvación es liberación de todos los males que nos oprimen y que nos impiden ser lo que Dios quiere que seamos. Sólo si se une a Cristo, puede el hombre conseguir su salvación.
Con mucha frecuencia ha comentado San Agustín este pasaje paulino:
«A ambos, judíos y gentiles, les nació la piedra angular, para, como dice el Apóstol, hacer en Sí mismo un solo hombre nuevo, estableciendo la paz y transformar a los dos en un solo cuerpo para Dios por la cruz. ¿Qué otra cosa es un ángulo sino la unión de dos paredes que traen direcciones distintas y, por decirlo así, encuentran allí el beso de la paz? Los judíos y los gentiles fueron enemigos entre sí, por ser dos pueblos diversos y contrarios: allí encontramos el culto del único Dios verdadero y aquí el de muchos y falsos dioses. Aunque los primeros estaban cerca y los segundos lejos, a unos y a otros los ha conducido hacia Sí (Ef 2,11-22)... Quienes escucharon y se mostraron obedientes, viniendo de aquí y de allí, encontraron la paz y pusieron fin a la enemistad. Los pastores y los magos fueron las primicias de los unos y de los otros» (Sermón 204).
 
El evangelio de hoy (Mc 6,30-34), describe espléndidamente la percepción que Jesús tiene de la gente, de sus contemporáneos y por extensión de nosotros. "Andaban como ovejas sin pastor". La pastoral es la expresión más profundamente bíblica de la caridad salvadora de Cristo ante las necesidades del género humano. Esto no es un gesto aislado o coyuntural en Jesucristo, sino la razón de toda su vida. Por eso hemos de acudir a Él como al Pastor Bueno de nuestras almas.
San Gregorio de Nisa se dirige a Cristo:

«¿Dónde pastoreas, Pastor Bueno, Tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey? (toda la humanidad, que cargaste sobre tus hombros, es, en efecto, como una sola oveja). Muéstrame el lugar de tu reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre, para que yo, oveja tuya, escuche tu voz, y tu voz me dé la vida eterna. Avísame, amor de mi alma, dónde pastoreas. Te nombro de este modo, porque tu nombre supera cualquier otro nombre y cualquier inteligencia, de tal manera que ningún ser racional es capaz de pronunciarlo o de comprenderlo. Este nombre, expresión de tu bondad, expresa el amor de mi alma hacia Ti. ¿Cómo puedo dejar de amarte, a Ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación.
«Enséñame, pues, dónde pastoreas, para que pueda hallar los pastos saludables y saciarme del alimento celestial, que es necesario comer para entrar en la vida eterna; para que pueda asimismo acudir a la fuente y aplicar mis labios a la bebida divina que Tú, como de una fuente, proporcionas a los sedientos con el agua que brota de tu costado, venero de agua abierto por la lanza, que se convierte para todos los que de ella beben en un surtidor que salta hasta la vida eterna» (Comentario al Cantar de los Cantares,2).
También hay una invitación al descanso "Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco". Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer.
Tiene el relato de San Marcos un panorama íntimo, de comienzo de encuentros entre amigos. Jesús sabe que el periplo de los Apóstoles ha sido difícil y fatigoso y quieres proporcionarles un cierto descanso. Además es lógico que entre ellos cambiaran impresiones. Los discípulos deberían llegar fascinados por el poder que se les ha dado. Han podido someter a los espíritus inmundos y han conseguido sanar a la gente, contribuir a su felicidad. Han de tener esos enviados especiales que su Maestro es algo muy especial, “que no es de este mundo”. Pero la realidad se impone. No es posible el descanso. Hay muchos hermanos que los necesitan. El sentido entrañable que Jesús comienza a manifestar a sus amigos, a sus discípulos más cercanos, es superado por las necesidades reales de toda una multitud. Y así hemos de darnos cuenta que este fragmento de Marcos es uno de los más interesantes de todo el relato evangélico. Marca la verdadera dimensión del trabajo apostólico.
 
 
Para nuestra vida.
El profeta Jeremías, en nombre de Dios, les reprocha a los dirigentes de su pueblo que no hayan sabido gobernar a su rebaño, sino que han dispersado a las ovejas y, por su mal gobierno, las han conducido al destierro. El mismo profeta Jeremías, como sabemos, sufrió las consecuencias del mal gobierno de los dirigentes de su pueblo y terminó sus días, también él, desterrado en Egipto. Ahora, dice el profeta, será el mismo Señor el que “suscite un vástago legítimo de David, que reinará como rey prudente e impondrá el derecho y la justicia en la tierra”. Se refiere, evidentemente, al futuro Mesías, que reinstaurará el reino de David, su padre. Para nosotros, los cristianos, este Mesías ha sido Jesús de Nazaret, del que nos declaramos sus discípulos. Lo importante para nosotros, seamos dirigentes de la Iglesia o simples fieles, es, por tanto, seguir a nuestro Maestro, practicando la justicia evangélica que él vino a imponer sobre la tierra. Debemos hacer esto cada uno de nosotros individualmente y predicando con nuestras palabras y con nuestras obras el evangelio de Jesús.
Teniendo en cuenta el salmo no viene mal, cuando estamos inquietos, preocupados o agobiados, recitar los versos de este Salmo 22 en buscada de paz.
El autor de la carta a los Efesios se refiere a la tradicional separación y enemistad que habían sentido siempre los judíos hacia los gentiles. Pensaban que el Mesías vendría únicamente a reinstaurar el antiguo reino de David, no al mundo gentil. El autor de esta carta les dice que Jesús, con su muerte y resurrección, ha roto el muro que había entre judíos y gentiles –el odio- y que desde ahora los dos pueblos pueden vivir en paz y acercarse al Padre con un mismo Espíritu, el Espíritu de Jesús. Nosotros, los cristianos de este siglo XXI, profesamos con fe la catolicidad de la Iglesia de Cristo y consideramos hermanos nuestros en la fe a todas las personas que crean en Cristo Jesús, sean de la nación que sea. Esta catolicidad de la Iglesia cristiana debemos sentirla y vivirla todos los cristianos, considerándonos hermanos de todos los hombres.
En el evangelio de este domingo vemos que Jesús quiere darse a sí mismo y a sus discípulos unas cortas y merecidas vacaciones. Porque ve que están demasiado atareados, sin tiempo físico para el descanso y sin tiempo para una convivencia tranquila y reconfortante. No tienen tiempo ni para comer juntos.
El descanso que nos ofrece Jesús es desde dentro hacia fuera. No es un descanso de hamaca sino de corazón. No es un relax de playa sino de alma. No es un silencio sin ruido sino ausencia del “yo” que es problema de muchas de nuestras dificultades, distanciamientos, malos entendidos y soledades.
-Descansar con Dios es saber que su Palabra siempre tiene una respuesta para cada momento
-Apoyarnos en el Señor es caer en la cuenta de que, muchas de nuestras infelicidades, es porque seguimos a líderes que nos llevan por donde quieren pero no por dónde nos conviene
-Fiarnos de Jesús es no entender la fe como simple ocio. Como una escala de sacramentos que vamos quemando a nuestro antojo según, cómo y cuándo. Es vivir la fe con una convicción: vivir como Cristo, pensar como Cristo y actuar como Cristo.

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