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sábado, 30 de diciembre de 2017

Lecturas de Santa María, Madre de Dios 1 de Enero de 2018


PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS NÚMEROS 6,22-27
El Señor habló a Moisés:
-- Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 66
R.- EL SEÑOR TENGA PIEDAD Y NOS BENDIGA.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
Todos los pueblos tu salvación. R.-

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
Y gobiernas las naciones de la tierra. R.-

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
Que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga, que te teman
Hasta los confines del orbe. R

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GALATAS 4, 4-7
Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abba!" (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios

ALELUYA Heb 1,1-2
En distintas ocasiones hablo Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas: ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado
en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que había visto y oído; todo como les había dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor

lunes, 25 de diciembre de 2017

Comentario de las Lecturas de La Natividad del Señor, Misa del Día. 25 de diciembre 2017

La Palabra se ha hecho carne, y ha puesto su casa entre nosotros”

 En este día de Navidad celebramos la  manifestación  del amor de Dios a toda la humanidad. Es Dios quien toma la iniciativa, quien da el primer paso para acercarse a los hombres. Queremos preparar nuestro interior de manera que el Niño Dios encuentre en nosotros un pesebre cálido para su nacimiento.
Hoy y durante todo el tiempo de Navidad, celebramos en primer lugar un hecho histórico: el nacimiento de Jesús, el hijo de María, la esposa de José. El mismo que después de unos treinta años de vida oculta, pasó haciendo el bien y anunciando la buena nueva del evangelio del Reino, y que fue crucificado y sepultado y después resucitó. Nació en un sitio determinado, en Belén, y en un tiempo concreto, bajo el imperio del César Augusto y siendo Quirino gobernador de Siria.
Anoche resaltábamos las palabras que eran el hilo conductor de las lecturas. Hoy son las mismas y si se podía con más claridad.
  Ya desde la primera lectura la alegría es la palabra clave. La alegría que iba unida  al anunció al pueblo cuando era proclamado un nuevo rey en Sión, la usa ahora el Profeta para anunciar la inauguración de un nuevo reinado de Dios.  La inminencia del retorno de los exiliados, y el anuncio de paz subsiguiente, serán los signos perceptibles de la acción divina.
Alegría por la manifestación del proyecto de Dios. La Palabra de Dios, que había hecho surgir el mundo y el hombre, acampa en el mundo y se hace hombre para dar a los hombres el poder ser y llamarse “hijos de Dios”. Percibida “en otro tiempo” (2.a Lect.) como una revelación del proyecto de Dios sobre el mundo y el hombre, acontece ahora entre nosotros como salvación.

La primera lectura de Isaia  (Is 52,7-10) 1,pertenece al Segundo Isaías. El pueblo de Israel lleva ya 50 años de exilio en Babilonia, pero el rey Ciro va a ser el instrumento de esperanza que Dios Yahvé va a ofrecer al Pueblo escogido.  El profeta consuela al pueblo triste exiliado y narra un canto a la esperanza. Es un sueño pero un sueño que se hará realidad. El mensajero canta la  " Buena Noticia ", de la paz y de la salvación.
 El Profeta mensajero de la Buena Nueva describe de una manera imaginaria todo este movimiento interior que suponen los nuevos acontecimientos. Al final de este movimiento, que usa los valles que se llenan y las montañas que se allanan, como acceso hacia la ciudad deseada de Jerusalén, al final de todo esta Yahvéh, que les espera como centro de culto en el Templo. El profeta invita al pueblo de Dios a que descubra el rostro de Yahvé, que consuela y rescata de la esclavitud. Este reinado de Dios que salva y rescata es una acción personal "de su santo brazo". Esta victoria y "salvación " se extenderá hasta los últimos límites de la tierra. Toda la tierra verá la salvación de Dios.   Navidad es la Profecía hecha realidad hoy en Jesús que nace.
Este pasaje del Segundo Isaías es uno de los más antiguos donde expresamente se hace una reflexión sobre "la buena noticia", "la buena nueva ", conectando con su procedencia de la Palabra de Dios.   Podemos distinguir varias acepciones de la palabra. Tenemos la palabra de vanguardia que anuncia la liberación, de los centinelas que anuncian estas palabras a otros y las convierten en palabras oficiales y la palabra que es comentario de la ciudad al hablar del hecho de la liberación.


 El responsorial de hoy es el salmo 97 (Sal 97,1.2-6), es un himno al Señor rey del universo y de la historia (cf. v. 6).
El salmo comienza con la proclamación de la intervención divina según la fórmula clásica invitando a la alabanza y enunciando el motivo,  dentro de la historia de Israel (cf. vv. 1-3). Se define como «cántico nuevo» (v. 1), que en el lenguaje bíblico significa un canto perfecto, pleno, solemne, acompañado con música de fiesta. Las imágenes de la «diestra» y del «santo brazo» remiten al éxodo, a la liberación de la esclavitud de Egipto (cf. v. 1).
Las victorias de Dios son acciones salvadoras en la historia: el brazo de Dios se manifiesta con poder irresistible. Y la victoria, ganada para salvar a un pueblo escogido, es revelación para todas las naciones; porque es una victoria justa, es decir, salvadora del oprimido y desvalido (V.2).
Esta victoria histórica no es un hecho particular, sino un punto en una línea coherente de amor: el Señor es fiel a sí mismo, se acuerda de su fidelidad. Su amor por Israel es revelación para todo el mundo.la alianza con el pueblo elegido se recuerda mediante dos grandes perfecciones divinas: «misericordia» y «fidelidad» ( v. 3). Resuena repetidamente el nombre del «Señor» (seis veces), invocado como «nuestro Dios» (v. 3). Estos signos de salvación se revelan «a las naciones», hasta «los confines de la tierra» (vv. 2 y 3), para que la humanidad entera sea atraída hacia Dios salvador y se abra a su palabra y a su obra salvífica.
En la segunda estrofa: intermedio orquestal con aclamaciones del pueblo al Señor Rey (vV. 4-6). En efecto, además del canto coral, se evocan «el son melodioso» de la cítara (cf. v. 5), los clarines y las trompetas (cf. v. 6).La acogida dispensada al Señor que interviene en la historia está marcada por una alabanza coral: además de la orquesta y de los cantos del templo de Sión (cf. vv. 5-6), participa también el universo, que constituye una especie de templo cósmico.

La segunda lectura inicio de Hebreos (Hb 1,1-6) se  presenta como  visión sintética de toda la revelación divina, contraponiendo la del Antiguo Testamento, en que Dios habló repetidas veces y en varios modos por los profetas, y la del Nuevo Testamento, en que nos habló por su Hijo, cuyas prerrogativas se cantan.
Son, pues, dos las ideas fundamentales: la de contraste entre las dos revelaciones, Antigua y Nueva Alianza (v.1-2a), y la de canto a las excelencias del Mediador de la Nueva (v.2b-4). Esa idea de contraste, diversamente matizada, aparece con frecuencia en los escritos del Apóstol (cf. 1 Cor 10:11; 2 Cor 3:6; Gal 4:3-4); siempre, sin embargo, en línea de continuidad, pues es uno y mismo Dios el autor de ambas revelaciones. En el presente caso, el contraste parece estar en que para la antigua revelación, que se fue haciendo fragmentariamente (ττολυμερώς) y de muy variados modos (ττολυτρόπωβ), Dios se valiσ de los profetas, simples siervos suyos; mientras que para la nueva se valió de su mismo Hijo en persona (cf. Mc 12:2-6).
En cuanto a la segunda idea, se trata, en realidad, de una cristología abreviada, con enumeración de los principales títulos o excelencias de Jesucristo, formando todo un período armónico, cuyos miembros van enlazándose rítmicamente. Algunos de esos títulos miran directamente a su divinidad, tales como "esplendor de la gloria" del Padre , “impronta de su sustancia” ; otros miran mαs bien a sus relaciones con el mundo creado, tales como “heredero de todo” , “por quien hizo el mundo” “sustentando todas las cosas con su poderosa palabra”, “habiendo realizado la purificación de los pecados”, “se sentó a la diestra., hecho tanto mayor que los ángeles, cuanto heredó un nombre más excelente que ellos".
De estos títulos, fijémonos en algunos de ellos . Primeramente, los dos relativos a su divinidad: esplendor., impronta. (v.3). Se trata de dos metáforas inspiradas sin duda alguna en Sab 7:25-26, hablando de la Sabiduría de Dios. Con ellas, aplicadas a Jesucristo, se expresa, en lo que es posible hacerlo al lenguaje humano, la relación de origen o procedencia del Hijo respecto del Padre y su consustancialidad con El, del cual, sin embargo, se distingue. El término "gloria" designa aquí la majestad radiante de la divinidad y objetivamente es lo mismo que naturaleza divina; de esta "gloria," con que brilla el Padre, es el Hijo una irradiación, un destello, luz de luz, como decimos en el Credo. Dicho bajo otra imagen, es "impronta" o marca de la sustancia divina, algo así como la impronta o marca producida por el sello en la cera blanda. Aunque con términos distintos, la idea es la misma expresada ya por el Apóstol en 2 Cor 4:4 y Col 1:15.
En cuanto a los títulos que competen a Jesucristo en su relación con el mundo, son ideas expresadas ya también por el Apóstol en otros lugares. Se comienza diciendo que Dios le constituyó "heredero de todo," es decir, dueño soberano de todas las cosas (v.a). No que el Padre haya de abdicar de su patrimonio, sino que el Hijo tiene sobre el patrimonio del Padre, el universo entero, pleno y absoluto dominio, igual que el Padre, que, como eterno, no se muere. Este dominio le compete desde siempre a Jesucristo, en razón de su naturaleza divina, pero, en razón de su naturaleza humana, le ha sido concedido en el tiempo; en realidad, desde el momento mismo de la encarnación, aunque su plena manifestación sólo comienza a partir de su exaltación gloriosa, entronizado como rey universal, sentándose a la derecha del Padre (cf. Rom 1:4; Ef i,20; Flp 2:9-11). Es lo que también se deja entrever poco después, hablando de que, "después de haber realizado la purificación de los pecados," es decir, de haber llevado a cabo la obra redentora, "se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (v.3). El término "Majestad" sustituye aquí a Dios, modo de hablar que parece era entonces frecuente entre los judíos (cf. 8:1), como lo es también hoy para designar al Rey, al igual que lo es el término "Santidad" para designar al Papa. Con esa expresión se indica que Jesucristo entra a participar de la soberanía real del Padre y de su misma gloria.
Otro título manifestativo también de la grandeza de Jesucristo es: "por quien Dios hizo el mundo” (v.2), indicando la totalidad de las cosas creadas (cf. 11:3; Sab 13, 9; 18:4), equivaliendo prácticamente al "cielo y tierra" de Gen 1:1. Pues bien, sabemos que la creación, como toda operación divina ad extra, es común a las tres divinas personas, y conviene tanto al Padre como al Hijo, como al Espíritu Santo, si bien cada una interviene conforme a su propiedad personal. En qué sentido haya de entenderse ese "por (δια) quien,” que es como interviene el Hijo, ya lo explicamos al comentar Col 1:16, donde recurre la misma expresiσn. Igualmente explicamos entonces en qué sentido las cosas "subsistan en El" (Col 1:17), expresión que equivale a la aquí empleada de "sustentar todas las cosas con su poderosa palabra" (v.3).
El término "palabra" indica aquí expresión de voluntad y manifestación de poder (cf. 11:3; Gen 1:3; Sal 33:6), dando a entender que puede hacerlo sólo con decirlo, en contraposición a quienes no podrían hacerlo sino trabajosamente.
Como conclusión de esta especie de prólogo, en que se cantan las grandezas de Jesucristo, el autor de la carta hace notar su inmensa superioridad sobre los ángeles (v.4), los ministros de la antigua revelación (cf. Gal 3:19; Act 7:53), con lo que hábilmente prepara la transición a lo que sigue, sin solución literaria de continuidad. La superioridad sobre los ángeles, aunque bajo otra terminología, está también expresada en Ef 1:21 y Col 2,io403. El "nombre" que Cristo hereda es el "nombre sobre todo nombre," de que se habla en Flp 2:9-11, y equivale prácticamente, según el modo de hablar semítico, a dignidad o rango sobre todos los demás: es la dignidad o rango de señor y soberano universal, cual corresponde al heredero del Padre. La única diferencia con Filipenses es que allí ese "nombre sobre todo nombre" se concreta en "Señor," mientras que aquí en Hebreos se concreta en "Hijo de Dios" (ν.5), con lo que se insinϊa, además del aspecto de elevación y grandeza, el aspecto de relación al Padre (cf. 1:5-14) y de relación a los hombres (cf. 2:10-18).
El texto trata de hacer ver, a base de textos de la Sagrada Escritura, la inmensa superioridad de Jesucristo sobre los ángeles, tesis que quedó ya enunciada en el último versículo del prólogo (cf. v.4). Se pretende ilustrar esta superioridad con palabras del texto bíblico; tanto más que, como es normal en los autores sagrados del Nuevo Testamento, todo en la antigua obra lo ven ordenado por Dios para que sirviera de preparación al cristianismo, la época de "plenitud," a la que Dios apuntaba ya desde un principio en todas sus realizaciones (cf. 1 Cor 10:11; Gal 4:24; Col 2:17).
Fijémonos en algunas de estas citas en apoyo de la superioridad de Cristo sobre los ángeles. Las dos primeras (v.5) están tomadas de Sal 2:8 y 2 Sam 7:14, respectivamente. Ambas son aplicadas a Jesucristo, a quien Dios llama "Hijo," cosa que jamás hizo con los ángeles. El texto es mesiánico, pero en su sentido literal histórico no se refiere exclusivamente al Mesías, sino a la providencia "paternal" que Dios promete tener con la dinastía davídica en general, a la que castigará si fuese culpable, pero no apartará de ella su misericordia, como hizo con Saúl. Sin embargo, la cita está perfectamente justificada, pues es en el Mesías, mirando al cual promete Dios esa especial predilección a la dinastía davídica, donde tendrán pleno cumplimiento esas palabras.
La cita siguiente (v.6), para indicar que los ángeles están sometidos a Cristo, está tomada de Sal 97:7. La cita se hace con perspectiva mesiánica.

El evangelio de hoy (Jn 1,1-18), es el prólogo del evangelio de Juan en el que se identifica a Jesús con la Palabra, "el Logos" griego La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.  La enseñanza de Juan el Bautista, el hombre enviado por Dios y testigo de la luz, nos conduce al encuentro con Jesús, "luz verdadera que alumbra a todo hombre".
La Palabra de Dios recorrió un largo proceso en su acercamiento a los hombres. La hemos contemplado presente en la Creación. La vemos, como señala la Carta a los Hebreos, a lo largo de la historia del pueblo de Dios, al cual Dios ha hablado en distintas ocasiones por medio de los profetas. En la etapa final de la historia nos ha hablado por el Hijo, la luz verdadera. Pero lo más grave es que los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Rechazaron la claridad para vivir en la oscuridad.
"Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros..." (Jn 1, 14). El “Logos” dice el texto original griego, que traduce el término hebreo “Menrah” y que la versión latina traduce por “Verbum”. En castellano siempre se dijo el Verbo. Ahora se traduce por Palabra en un afán de hacer más comprensible ese concepto joánico que intenta dar un nombre al Inefable, que precisamente por serlo escapa a nuestras posibilidades de comprensión y por tanto de nominación. De todas maneras el misterio sigue envolviendo a este Dios que nos nace en Belén como un niño...
Él se hizo carne en el seno virginal de Santa María. Sí, carne, “sarx” en griego, “bashar” en hebreo. Un niño de carne, como cualquier otro niño, pequeño y torpe, inerme y blando, casi ciego, el pelo raído y escaso, desvalido y hambriento...
Dice San Agustín, "la Palabra de Dios se ofrece a todos; cómprenla quienes puedan. Pueden todos los que piadosamente lo quieren. En esa Palabra se encuentra la paz; y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Por tanto, quien quiera comprarla, que se dé a sí mismo. Él es como el precio de la Palabra, si es posible expresarse así; quien lo da no se pierde a sí mismo, a la vez que adquiere la Palabra por la que se da, y se adquiere a sí mismo en la Palabra por la que se da. ¿Qué da la Palabra? Nada que no pertenezca ya a aquella por quien se da; antes bien, se devuelve a la Palabra para que ella rehaga lo que por ella fue hecho" (Sermón 117, 1-5).

Para nuestra vida
En este día de Navidad celebramos un hecho histórico y cargado de muchos sentimientos y contenido: ¡Dios nos hace partícipes de su naturaleza divina!. Sin vivir en el cielo, ya desde ahora, podemos besar, adorar, embelesarnos y tocar la humanidad de Dios y, por lo tanto, también su divinidad. En la Navidad celebramos que Dios, se aproxima tanto, que derrumba fronteras, abaja orgullos y recompone este mundo nuestro. Otra cosa, muy distinta, el que ese mundo esté dispuesto a reconstruirse o quedarse en el “todo va bien”.
Hoy expresamos nuestra comunión y amistad con Jesús. Y, al entrar en contacto con El sentimos que Dios forma parte de nuestra historia, no nos abandona, comparte nuestra condición nos hace dioses. ¿Misterio? ¿Imposible de comprender y abarcar todo esto? Hoy, la fe, entra por la vista, por el gusto, por el oído, por el tacto y hasta por el olfato. ¡Has venido, Señor, y nos basta!
Hemos venido, como los pastores, derechos a Belén. ¿Y qué hemos descubierto? Ni más ni menos el gigantesco y colosal amor que Dios nos tiene. Dios se ha hecho fiador. Dios rompe moldes. Dios deja su comodidad y en Belén se nos da. Y lo hace por amor.
¡Dios nos ama! Y, esa afirmación, no es poesía, no es frase que se escribe tímidamente en una pared. Significa mucho más: ¡Dios se compromete con nuestra causa! ¡Dios viene a salvarnos! ¿Cómo? Lo hace metiéndose en nuestra piel.
La Navidad no es un disfraz con el que, Dios, llega a la humanidad para hacerse el simpático. La Navidad, el Nacimiento de Jesús, es la apuesta más arriesgada de un Dios (Omnipotente y Excelso) que desciende al encuentro y al rescate de la humanidad.
La Navidad es el momento en el que conmemoramos los cristianos el hecho inaudito y asombroso: la encarnación de Dios en el hombre Jesús de Nazaret. Cristo no vino, ni principal, ni preferentemente, para echarnos en cara nuestra equivocación y nuestro pecado, sino para mostrarnos con su vida, muerte y resurrección el único y verdadero camino que puede reconducirnos hacia nuestro Padre Dios.
En estos tiempos, recios y contradictorios, de luchas y de crisis, de preocupaciones y falta de motivaciones para vivir un Niño nos ha nacido para que recuperemos las ansias de vida, de salvación, de eternidad, de Dios. Y, ese Niño, tiene un nombre: ¡Jesús!
La Palabra –además de escucharse- se ve, toma forma, se hacer carne. Sin grandes campañas de presentación ni grandes medios a su alcance.
Hoy, en la humildad, en silencio pero con muchísimo amor….nos ha nacido el Salvador.
En este día, se trata del Niño, del único Niño. Del Hijo de Dios que se hizo hombre, de su  nacimiento. Todo lo demás o vive de ello o bien muere y se convierte en ilusión. Navidad  quiere decir: Él ha llegado, ha hecho clara la noche. Ha hecho de la noche de nuestra  oscuridad, de nuestra ignorancia, de la noche de nuestra angustia y desesperación una  noche de Dios, una santa noche. Eso quiere decir Navidad. El momento en que esto  sucedió, realmente y por todos los tiempos, debe seguir siendo realidad, a través de esta  fiesta, en nuestro corazón y en nuestro espíritu.

La primera lectura es  uno de los pasajes más entusiastas y exultantes que se han escritoQué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva...!" (Is 52, 7). Al mismo tiempo tienen sus palabras un sabor de tiempos antiguos y de paisajes bíblicos, se enmarcan perfectamente en aquellos escenarios de colinas y de montañas, en aquel ambiente de guerras interminables y crueles... La paz era tan deseada que la gente, cuando llega su anuncio por boca de los mensajeros, se llena de alegría y canta gozosa a los que la hicieron posible.  Isaías con su sentido plástico se fija en los pies de quien trae la Buena Nueva, resumida en Palabras de Dios que proclaman e interpretan los acontecimientos históricos del tiempo desde una perspectiva de Dios que está presente en la liberación de su pueblo, de la que Él mismo es la causa. Lo esencial es el hecho, el evento mismo visto y proclamado desde una perspectiva divina. Es así cuando se convierte esta palabra en Buena Nueva, en "Evangelio". Es la misma labor de la Iglesia con relación a la palabra de Dios.   Lo importante no es la Palabra de la Iglesia, sino el hecho, el evento, el acontecimiento histórico de la vida, muerte y resurrección de Jesús, Palabra de Dios. La Iglesia no proclama solo su Palabra.   La Iglesia proclama la palabra básica y esencial de una persona: Jesús que ha venido a salvarnos.
La insistencia de Isaías nos sirve también a nosotros : "Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión." Ver cara a cara al Señor es participar en su llegada, o en su vuelta. Es la presencia inmediata, absolutamente, cercana del Dios que acaba de llegar. “Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios”. Esta realidad la celebramos ahora en Navidad. El nacimiento del “Enmanuel” Dios con nosotros.
 Como cristianos estamos llamados a ser receptores y anunciadores de la “Buena Noticia”.

Desde el salmo responsorial surgen unas preguntas. ¿en qué momentos y con qué gestos demostramos que adoramos a Dios?. ¿en algún momento expresamos, nos sentimos y queremos ser simplemente adoradores?

La segunda lectura nos recuerda que los cristianos somos herederos de una tradición de proclamación de la Palabra revelada. "En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios..." (Hb 1,1).Es cierto. A lo largo de toda la Historia Dios no ha dejado de hablar a los hombres. Y es lógico que así haya sido, si tenemos en cuenta que Dios es nuestro Padre y nos ama. Cuando una persona ama a otra, le gusta comunicarse con ella, le transmite sus deseos y le descubre sus sentimientos, le expresa sus temores y sus esperanzas, le manifiesta sus quejas y sus satisfacciones... Dios nos sigue hablando, de otra manera quizás, pero nos sigue amando y, por consiguiente, sigue comunicándose con nosotros.
En los tiempos remotos eran los profetas, los voceros del Señor, quienes hablaban a los hombres de parte de Dios. Luego vino el Hijo de Dios y se hizo hombre. Así pudo el Señor hablar con nuestras mismas palabras, usar nuestro lenguaje, comunicarse directamente con los que convivieron con él... Luego él se marchó, pero dejó a sus apóstoles para que trasmitieran sus palabras, de tal modo que quienes les escuchan, es igual que si escucharan al mismo Jesús, según aseguró el Señor en más de una ocasión.

El evangelio ( Juan 1: 1-18) nos presenta un prólogo que es una especie de Evangelio o Buena Nueva hecha en un resumen teológico desde la mente de Juan y de su comunidad primitiva. Hay un progreso de Revelación desde el principio hasta el fin. Se nos dice explícitamente que esta Palabra es el Hijo de Dios (vv.14 y 18) y que el Dios del que se ha venido hablando desde el principio es el Padre.
Es todo un misterio desvelado y revelado para una mayor comprensión nuestra, hecha por Juan:
            a. Es una Palabra Divina: No solo está junto a Dios sino que ella misma es Dios pues existía desde el principio. Esta Cristología de Juan en el Prólogo es la misma que Pablo usa en sus cartas y es la más desarrollada de todo el Nuevo Testamento. No se remonta hasta la infancia de Jesús, como hacen Mateo y Lucas, sino que se remonta hasta su preexistencia.
            b. Es Palabra creadora: Todo existe gracias a ella y por ella.  Y parte de esta creatividad es que no solo transmite la vida, sino que ella misma es la vida que se identifica con la luz. En el Evangelio Jesús dirá:  "Yo soy la Luz del mundo" y también "Yo soy la vida". Y lo manifestará con signos y señales abundantes, con portentosos milagros.
            c. Es Palabra rechazada: El mismo Prólogo lo hace constar. Ha sido una Palabra que no han podido apagar las mismas tinieblas. Ha habido rechazo, ya que los suyos, que "no la recibieron", como la de tantos otros que en acto de autosuficiencia se han negado a abrazar este signo vital.
            d. Es Palabra recibida: Los que oyen esta palabra serán sus discípulos, y a estos les dará el honor de ser Hijos de la Luz, Hijos de Dios.
            e. Es Palabra testimoniada: Jesús va a ser el testigo principal de esta palabra y otros le seguirán como discípulos. El testigo reconoce perfectamente bien su función subordinada. Su vida es un continuo contraste con esta palabra que hace de espejo donde se refleja la propia vida con todos sus actos. (v.15).
            f. Es Palabra iluminadora: (v. 9) De este mundo al que Dios ha enviado su Palabra.   Un mundo individual y colectivo, que acepta o rechaza este don de Dios. Hay en este mismo Prólogo símbolos que han sido preferidos por Juan para manifestar más claramente el contraste de las dos realidades.  Es un dualismo claro: luz y tinieblas, bien y mal, vida y muerte, arriba y abajo.  Pero aunque hay contraste, los términos y los resultados no son iguales: Al final la luz vence a las tinieblas, la vida vence a la muerte, la gracia al pecado.
¿Cómo recibimos nosotros la Palabra? Ella acampa entre nosotros, toma nuestra condición, "se hace hombre para divinizarnos a nosotros". Ahora Jesús viene a nosotros y podemos descubrirle en los pobres y necesitados. Muchas veces no le queremos ver cuando llama a nuestra puerta, le rechazamos como fueron también rechazados José y María. Este el gran drama del hombre: el rechazo de Dios y del hermano. Es significativo ver cómo tuvieron que ir fuera de los muros de la ciudad, cómo los primeros que se dieron cuenta del nacimiento de su hijo fueron los excluidos de aquella época, los pastores, quienes, eran mal vistos porque nunca participaban del culto como los demás y vivían al margen de los demás. O más bien eran ellos marginados por los poderosos. Su trono fue un pesebre, su palacio un establo, su compañía un buey y una mula… ¡Por algo quiso Dios que fuera así!
¿Qué le podemos traer nosotros hoy a este Jesús que nace de nuevo?:
            a. Un amor sencillo como el de un niño: Quizá todos nosotros nos sintamos en el día de hoy como niños. Hemos pasado tantas horas alrededor de ellos, como padres, abuelos, tíos, muchos de nosotros, que este pudiera ser uno de los sentimientos que estuvieran presentes en nuestro corazón. También recordamos que el Reino de los cielos es de los que tienen esta actitud sencilla, de abandono ante un Dios, que es Padre y Madre de todos, y que nos ha hecho sus hijos por plena gracia.
            b. Una promesa de mayor fidelidad: La meta de nuestra vida es ser FIEL a Dios, para agradarle a Él que por ser Dios merece nuestra alabanza y nuestro servicio. En las alegrías y en las tristezas de la vida.  Que cuando la vida cambie, y las tempestades lleguen,. y los sufrimientos y enfermedades vengan, o las pruebas de todas clases nos acechen por el camino de la vida, o la misma muerte… que en medio de tales pruebas, hayamos aprendido a ser FIELES.   Como Jesús.
            c.   Una promesa de SERVIR: Bien puede ser esta un regalo a Dios, en humildad. El más grande entre nosotros ante los ojos de Dios, es el que se convierte en siervo de los demás. Un servicio sobre todo al pobre, al marginado, al refugiado, al que busca la vida dejando atrás a sus familias.   Que puedan encontrar en nosotros HOSPITALIDAD. Que en su cara de hambrientos y pobres, podamos ver el rostro quebrantado de Jesús.   Ahí se realiza su Reino.
Hoy, día de Navidad, más conectados con la realidad de Dios que sigue viviendo e inspirando al establecimiento de su Reino final, escatológico, podemos ver el contraste entre lo que es pura realidad y lo que es pura fantasía o simple decoración.


Rafael Pla Calatayud.
rafael@sacravirginitas.org

jueves, 22 de diciembre de 2016

Lecturas Natividad del Señor/ Misa del Gallo 24-25 diciembre de 2016



PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 9, 1-3.5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaba en tierra y sombra de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madían.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre:"Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de Eternidad, Príncipe de la paz". Para dilatar el principado con una paz sin limites, sobre el Trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor del universo lo realizará.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
SALMO 95, 1-2a.2b- 3-11-12.13
R.- HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: EL MESÍAS, EL SEÑOR

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.-

Proclamad día tras día su victoria,
contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones R.-

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.-

Delante del Señor que ya llega,
ya llega a regir la tierra.
El juzgará el orbe con justicia
y a los pueblos con su verdad. R.-


SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TITO 2, 11-14
Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad, y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado entermente a las buenas obras.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 2, 10-11
Os traigo la buena noticia: nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 1- 14
En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este fue el primer empadronamiento que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.
Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
De repente, un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo: "No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombresde buena voluntad"
Palabra del Señor

Lecturas La Natividad del Señor, Misa del Día. 25 diciembre de 2016

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 52, 7-10
Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.
Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL
Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6
R. LOS CONFINES DE LA TIERRA HAN CONTEMPLADO LA SALVACIÓN DE NUESTRO DIOS
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 1, 1-6
En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: “Yo seré para él un padre, y el será para mí un hijo”? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.
Palabra de Dios



ALELUYA
Nos ha amanecido un día sagrado; venid, naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.



EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 1-18
En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor.

miércoles, 6 de enero de 2016

Comentarios a lecturas en la Fiesta de la Epifanía del Señor 6 de enero de 2016

Hoy celebramos la Epifanía. Epifanía es una palabra de origen griego que significaba manifestación poderosa, aparición con fuerza y majestad y que siempre hacía referencia a la llegada de un Rey a una ciudad. Luego, en el mundo clásico, se dio a la palabra un sentido divino y así significaba la aparición de Dios o un hecho portentoso –un milagro—relacionado con la divinidad. En las iglesias latinas se dio este nombre a la celebración de la llegada de los Reyes Magos porque era la presentación prodigiosa del Niño Dios a los Magos de Oriente, a unos gentiles ilustrados y sabios, era, en verdad, la manifestación de Dios a personas que no pertenecían al Pueblo Elegido de Israel. En ese acto se abría una nueva dimensión que era la
ampliación de esa pertenencia a Dios, como pueblo elegido a toda la humanidad. San Pablo en la Carta a los Efesios lo va a expresar con precisión. Dice: “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.”
La Epifanía significa pues esa manifestación de Dios –hecho Hombre, hecho Niño—a todos y se anuncia ya en la invitación a los Magos, guiados por la Estrella.
Recordamos la manifestación del Señor a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio. Aquellos hombres, que seguían la estrella, simbolizan la sed de felicidad de todos aquellos que todavía no conocen a Jesús.
La Epifanía, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos. Para la Iglesia la Epifanía constituye un reto misional, es el reto de trabajar generosa e inteligentemente para manifestar a Cristo al mundo.

La primera lectura es de Isaías ( Is 60,1-6)
Estamos en la tercera parte del libro de Isaías, la recopilación escrita después del retorno del exilio de Babilonia. Los capítulos 56 -65 de La profecía de Isaías forman un conjunto muy complejo. Probablemente son una colección de oráculos y sentencias, escritas a la vuelta del Destierro (sobre el año 500 aC.) la situación de Israel es difícil. Han vuelto a la tierra, pero la existencia es penosa. Han reedificado el templo, pero tan modestamente que produce añoranza y desánimo. En este momento, la fe de Israel se ve sometida a una prueba muy dura, y los ojos de los creyentes se dirigen al futuro. Se hace un acto de fe en el provenir glorioso de Jerusalén, cuando el Señor la restaure definitivamente, en un lenguaje poético maravilloso, lleno de símbolos y metáforas, parecido al anuncio de la Jerusalén Celestial que leemos en el Apocalipsis. En el texto de hoy predominan las ideas sobre "Jerusalén centro de la peregrinación de todos los pueblos", a donde vuelven sus ojos todas las naciones.
Los exiliados ya han vuelto, la ciudad aún está por reconstruir, pero el profeta ve y anuncia la gloria de esta reconstrucción. En el fondo, es una llamada a los que han vuelto para que vivan la tarea de reconstrucción como una labor gozosa, que Dios guiará y llevará a feliz término.
El oráculo tiene la forma de una llamada a la ciudad de Jerusalén para que se dé cuenta de todo lo que está pasando y lo viva como una gran alegría. La Jerusalén recobrada, dice el profeta, se ha convertido nuevamente en luz entre las tinieblas, porque en ella está el Señor.
Y, a partir de aquí, el profeta imagina como una nueva caravana que se acerca a la ciudad.
Esta nueva caravana está formada, por una parte, por los "hijos e hijas" que aún no están en Jerusalén: tanto los que se han quedado en el exilio como los que están dispersos por otros países. Y, por otra parte, está formada también por los pueblos extranjeros que, atraídos por la luz del Señor, se acercan con sus dones para ayudar en la reconstrucción de la ciudad.
Hermoso el oráculo de Isaías, lleno de gozo y alegría: “¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora.”
Este oráculo, es un texto de exaltación nacionalista (el país reconstruido, y los extranjeros ayudando a la reconstrucción). Pero apunta a otro sentido nuevo y universalista, entendiendo Jerusalén como símbolo de la presencia de Dios en el mundo: así es comprendido en la liturgia de hoy.

El responsorial de hoy es el salmo 71 ( Sal 71,1-2.7-8.10-13). El salmo (71) probablemente corresponde a la liturgia de coronación de un nuevo rey en Jerusalén. Fundamentándose en las promesas a David, se proclama un doble deseo: una actuación en favor de los pobres y los débiles, y una ampliación de sus dominios. En Jesús se realiza el primer deseo y, en sentido espiritual, el segundo (simbolizado en los obsequios de los magos que leemos en el evangelio).
 Salmo en el que se pide a Dios que asista al rey para que en su gobierno reproduzca los valores que caracteriza, según el salmista, el gobierno divino.
El primero de esos valores es la justicia que se caracteriza por un comportamiento recto respecto a los humildes y por un compromiso activo en favor de los que, en cualquier otro orden social, se encuentran marginados y excluidos en el reparto de los beneficios sociales, hasta el punto de no tener segura ni siquiera la supervivencia (vv. 1-2.12-13).
Esta justicia dará, como fruto, la paz (v. 7) y será el fundamento de un gobierno universal hacia el que serán atraídos «todos los reyes» y al que se someterán «todos los pueblos de la tierra». Aunque se mantiene el papel central y privilegiado de Israel, también este salmo revela el significado de la elección de Israel: realizar el plan de Dios para servir de guía y de modelo al resto de las naciones.

La segunda lectura  es de la carta a los efesios ( Ef 3,2-3a.5-6 )
En este pasaje San Pablo proclama su vocación específica como apóstol, lo esencial de su ministerio: él siente que ha sido elegido por Dios para anunciar el Evangelio a los gentiles, a los que no son del pueblo de Israel. Pablo dice que esto no había sido revelado antes a Israel, sino que es Jesús el que rompe con el pasado y anuncia la salvación a todos los pueblos.
En esta segunda lectura vuelve la Palabra el profeta Isaías: "Vienen todos los de Sabá, trayendo incienso y oro..." (Is 60, 6). El profeta canta lleno de alegría y exhorta a Jerusalén que también se llene de gozo. Contempla como la luz hace retroceder a las tinieblas. Como el Bien vence al Mal y se inicia la salvación de los hombres que sólo Dios puede otorgarnos. Vislumbra extasiado como el Dios de los cielos nace en la tierra. El nuevo y definitivo Rey de Israel, el Hijo de David anunciado como redentor nace y con él la esperanza, la alegría y la paz. Y como a Salomón, el otro hijo de David, vienen desde las tierras del sur y de este, de Sabá y de Madián, a festejar su grandeza, a rendirle pleitesía. Para ello llegan cargados de dones: oro, incienso y mirra. Elementos valiosos y altamente significativos. Expresión de su amor y de su fe. Ratificación de sus sentimientos mediante la entrega de algo de sí mismos, de un don que pruebe la autenticidad de su reconocimiento y admiración.

El evangelio es de San Mateo ( Mt 2,1-12 )
El Evangelio de San Mateo referido al viaje y adoración de los Magos de Oriente al Niño Jesús contiene una de las páginas más bellas y enigmáticas de la Escritura.
Comienza describiendo el lugar del nacimiento de Jesús: la patria de David. Se trata de un dato teológico, no histórico (ya va siendo hora de que los cristianos tengamos claro que los evangelios no son libros históricos, en el sentido moderno de la expresión) y trata de afirmar que la monarquía tradicional de Israel (de nuevo en sentido teológico, en tanto que encarnación de la presencia y del gobierno de Dios en su pueblo) no está representada por Herodes, sino por el recién nacido.
El relato incluye el prodigio en forma de estrella que guía a unos peregrinos muy especiales. Junto a todo eso está el mensaje sencillo de –tras las vicisitudes—gran alegría por haber llegado a la meta. Pero ahí se produce otra de las grandes paradojas del relato evangélico: la adoración a un pequeño que se encuentra en un pesebre y que ni él ni sus padres parecen tener importancia alguna. Esa adoración la realizan personajes notables, que tienen potestad para ser recibidos de inmediato por el Rey Herodes y cuyo mensaje --y presencia—turba a toda la ciudad de Jerusalén.
Aunque a muchos les gusta especular con las circunstancias astronómicas y astrológicas de la estrella y, también, con la propia "magia" de los Magos, el relato tiene una precisión y belleza en su contenido cristológico que merece ser leído y releído para después meditarlo y sacar provecho. Podríamos apostar sobre que el Nacimiento del Hijo de Dios en Belén fue un gran acontecimiento y que, por ello, trascendió a quienes debía trascender.
Los magos (no se dice ni que fueran reyes ni que fueran tres) son sabios, astrólogos posiblemente, que afirman haber conocido el nacimiento de un rey de Israel al que ellos quieren rendir homenaje, considerándolo así rey universal. Que el nacimiento de Jesús haya podido ser conocido fuera de Israel significa que la misión de Jesús se abre a la humanidad entera.
Los magos, hombres privilegiados, fueron los representantes de los pueblos no judíos del mundo.
Por muchos siglos Dios había escogido a Abraham y sus descendientes para preparar, precisamente, el Advenimiento de aquel que tan pobremente había nacido en una cueva de Belén.
Preguntan “en Jerusalén” por un rey recién nacido. No van a palacio por lo que, en palacio se asustan; y el miedo del poder se trasmite al resto del pueblo: «Herodes se sobresaltó, y con él Jerusalén entera».
 La respuesta de los expertos (sumos sacerdotes y letrados) consultados por Herodes combina dos textos del A. T. (Miq 5,1-2; 2 Sm 5,2) mediante los cuales se identifica al niño nacido en Belén con el Mesías que esperaba Israel, se le incluye en la dinastía davídica y se describe su misión con la imagen del pastor (ver Sal 78,70s; Jr 23,5; 30,9; Ez 34,23s).
La respuesta de los letrados no provoca más reacción que la de Herodes, que empieza a planear la muerte del recién nacido; los demás, dirigentes religiosos y pueblo, parecen indiferentes ante la noticia: por eso en Jerusalén la estrella resulta invisible.
La escena en la casa en la que está el niño subraya el carácter real (homenaje, regalos) y la universalidad de la misión de éste (origen de los magos, que no son israelitas).
Dios se apresura a anunciar que la gran fiesta de la salvación es para todos. Como dice Pablo en la segunda lectura, “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”.
Ya lo había anunciado también, siglos antes, el profeta Isaías, como leemos hoy en la primera lectura.
Y se hizo realidad lo que, como un anuncio profético, canta el salmo 71: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra”.
Dios se muestra al lado de su enviado descubriendo y frustrando los perversos planes de Herodes.

Para nuestra vida.
La fiesta de la Epifanía del Señor es,  la fiesta de la manifestación del Señor, referida, en este caso, a los reyes Magos, es decir, a los pueblos no judíos, a los pueblos paganos. Referido a nosotros, debemos pensar y sentir que todos los días se nos está manifestando Dios, de un modo o de otro. Todos los días se nos manifiesta el Señor, todos los días Dios amanece sobre nuestras vidas. Lo importante es que seamos capaces de verlo, que lo veamos en el pobre que sufre y en el rico que comparte sus bienes, en nuestros éxitos y en nuestros fracasos, en los días grises del alma y en los días llenos de luz, en la salud y en la enfermedad, en el amor y en desamor. Muchas veces necesitamos que una estrella nos guíe, que la luz de Dios se haga más visible a través de signos especiales.
Discernir y seguir a la estrella es lo importante. Puede ser la lectura de la vida de un santo, o la lectura en el periódico del comportamiento heroico de una persona valiente y generosa, en defensa de los derechos humanos o de alguna víctima inocente, o en la oración, o en el recogimiento, o en la muerte de un ser querido, singularmente bueno. Dios siempre está se nos está manifestando, lo importante es que tengamos los ojos y el corazón limpios, para saber ver a Dios a través de los acontecimientos interiores y exteriores.
Dios quiere valerse, a veces, de cada uno de nosotros para que seamos luz y estrella que oriente el camino de los demás. Con mucha humildad y con mucha generosidad, ofreciendo, no imponiendo, viviendo, más que hablando. La luz de Dios, su estrella, cuando se hace presente, de verdad, en nuestras vidas, nos llena de una alegría interior y profunda. Saber que la luz de nuestra vida orienta por el buen camino a otras personas nos da confianza y alegría.

Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan  a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32).
Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».

Cuando San Pablo escribe esta carta a los Efesios, la Iglesia cristiana ya era católica, ya era universal, ya había roto las barreras judías que le impedían abrirse al mundo de los gentiles. También ahora, en nuestra sociedad actual, los cristianos debemos luchar contra todas las barreras que ponen los más fuertes y los más poderosos, para que los débiles y desprotegidos no se acerquen a ellos y les perturben su riqueza y su paz económica y social. La religión cristiana es una religión universal, de fraternidad y de amor para todos; nuestro compromiso cristiano no puede quedarse encerrado en nuestros templos y en nuestras sacristías. Debemos ser cristianos no sólo en el templo, sino también en la calle, en la cultura y en la sociedad. Ser cristiano debe ser sinónimo de hombre universal, fraterno y solidario, sobre todo con los más pobres y necesitados. Los cristianos debemos regalar en este momento nuestra ayuda a los pueblos y a las personas más pobres y necesitadas del mundo.
En resumen, estas son las principales enseñanzas de la fiesta y de las lecturas de hoy:
Dios no hace distinciones entre los hombres; aunque prefiere a los pobres, todos están invitados, en Jesús, a ser sus hijos: basta con que acepten vivir como buenos hermanos. El proyecto que él propone se dirige a toda la humanidad; tiene, por tanto, un carácter universalista.
Nosotros tenemos la suerte de haber conocido esta noticia. Conocemos el proyecto de Dios y sabemos que es para la humanidad entera. Y debemos poner nuestra sabiduría al servicio no del poder o de nuestros privilegios, sino de toda la humanidad y, en especial, de todos los que necesitan y buscan liberación.
Al menos para los cristianos, la religión no puede ya servir de pretexto para enfrentar a los hombres y a los pueblos.
Independientemente de nuestras creencias, podemos encontrarnos en estas dos ideas: lo importante es la persona y su necesidad de liberación, es decir, la persona y su dignidad, la persona y los derechos inherentes a su dignidad; y, para poder encontrarnos, hay que empezar siendo sinceros.
El evangelio nos facilita acoger esta propuesta diciéndonos expresamente que para Dios no hay valor mayor que el de la persona ni hay derecho superior al bien del hombre, en el mandamiento nuevo (Juan 13,34-35;15,12), la norma que supera y declara cumplidas todas las demás leyes y que caracteriza el modo de vida de los seguidores de Jesús, Dios se retira, no aparece. Ese mandamiento no nos exige amar a Dios -ni mucho menos matar por Él-, sino que acojamos el amor de Dios y, con él, amemos a nuestros hermanos.
Además de proclamar la esperanza que anuncian los Magos, debemos denunciar como blasfemos a todos aquellos, sean de la religión que sean, que pretendan apoyarse en Dios para justificar la opresión, el asesinato y la violencia.